Hans Zollner, director del Centro de Prevención de la Infancia, durante su intervención en el ITVR.
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Zollner: «Basta ya de palabras, tenemos que actuar»

«Han pasado al menos veinte años desde que en la Iglesia se empezó a hablar del tema de los abusos. Fue en Estados Unidos y Canadá. (…) En la Iglesia hablamos mucho. Basta ya de palabras, tenemos que actuar. Los tres últimos Papas, San Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco nos han hablado, han cambiado las leyes, han hablado claro, pero en muchas partes del mundo no hay la acción correspondiente». Con esta claridad y rotundidad ha comenzado Hans Zollner, director del Centre for Child Protection de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, su conferencia en la clausura del I Encuentro de protección de menores, celebrada en la mañana de este sábado, 26 de septiembre, en el Instituto Teológico de Vida Religiosa (ITVR) de los Claretianos.

«Mucha gente no confía más en las palabras de la Iglesia porque hemos perdido buena parte nuestra credibilidad. La credibilidad se adquiere como una consecuencia: cuando hago lo que digo. Punto. Por eso nuestras palabras están sometidas al juicio de nuestra acción correspondiente», ha dicho antes de añadir: «Hay que admitir los crímenes del pasado sin autodefenderse. Esto es fundamental. Podemos trabajar en la prevención, pero esta no será creíble —así se nos dirá— si no admitimos los crímenes».

En su exposición, de una hora de duración, Zollner (Ratisbona, 1966) ha ido repasando las distintas medidas adoptadas por la Santa Sede desde 2001 para luchar contra los abusos a menores cometidos en su seno, desde el motu propio Sacramentorum sanctitatis tutela (abril de 2001) hasta el Vademecum del pasado 16 de julio. En su recorrido ha recordado el documento de Benedicto XVI De delictis gravioribus (2001), que confiera la competencia de estos casos a la Congregación para la Doctrina de la Fe; la Carta de Benedicto XVI a los católicos de Irlanda (marzo de 2010); la creación de la Pontificia Comisión para la Protección de los Menores por parte de Francisco (marzo de 2014); el  encuentro de este Pontífice con las víctimas; la Carta a los presidentes de las Conferencias Episcopales y a los Superiores Mayores de febrero de 2015; el discurso sobre la dignidad del menor en el mundo digital de octubre de 2017; la Carta al Pueblo de Dios de agosto de 2018, tras el informe de Pensilvania; la cumbre de Presidentes de Episcopados de febrero de 2019, y el motu proprio Vos estis lux mundi, del 7 de mayo de ese mismo año; la abolición del secreto pontificio a los documentos y procesos canónicos relacionados con los abusos…

El jesuita alemán, que en una semana participa en una nueva reunión plenaria de la Comisión para la Protección de los Menores, de la que es miembro desde su creación, ha indicado que el tema de los abusos hay que enfrentarlo desde una clave «sistémica», y no individualizada. En este sentido ha enfatizado que en función de la respuesta que se dé en cuestiones como la formación o el liderazgo en la Iglesia se avanzará o retrocederá en la prevención de los abusos.

Legislación

Por primera vez, ha recordado también Zollner, la actual legislación eclesiástica contempla el tema del encubrimiento por parte del obispo o del superior de una congregación. «Cuando hay un obispo (no un arzobispo) al que se acusa de no seguir la ley canónica en este tipo de casos —ha recordado— este obispo puede ser denunciado por no cumplir con su responsabilidad, y el arzobispo del distrito eclesial al que pertenece la diócesis ha de investigar si ha cumplido o no con su obligación y, en caso de encontrar que ha habido falta, debe denunciarlo a la Congregación de Obispos. Si se trata del obispo de un territorio de misión, entonces la denuncia debe hacerse ante la Congregación para la Evangelización de los Pueblos». Es fundamental, ha dicho, que en la Iglesia, al igual que ocurre fuera de ella, haya igualmente «rendición de cuentas», aunque, ciertamente, «no tenemos una cultura en este sentido».

Zollner ha recordado que tras la Vos estis lux mundi las diócesis deben contar con una oficina para recibir posibles denuncias de abusos, pero ha reconocido que «lamentablemente y debido a la pandemia» en algunas partes del mundo no se ha podido implementar aún el documento papal. Con respecto al confinamiento, ha afirmado que en su departamento cuentan ya con algunas estadísticas que indican que en los meses de encierro en España e Italia ha habido un mayor número de casos de abusos de niños. Abusos cometidos en el seno de la familia por el propio padre y con la anuencia de la madre, que cierra los ojos a esa situación. «No ha habido un control social por parte de vecinos, profesores y personas que tratan habitualmente con los niños y pueden detectar una situación anómala, de ansiedad, etc. en los menores».

El director del Centro para la Protección de la Infancia, que ha intervenido desde Roma, vía telemática, ha insistido en la importancia de escuchar a las víctimas. «Escuchar a las víctimas no es simplemente oírlas», ha recordado. «Oír no basta. Escuchar significa entrar en su perspectiva, en su dolor, y aceptar que la persona que tengo frente a mí está enfadada, deprimida, y también ilusionada con respecto a la respuesta que pueda darle la Iglesia como institución. Escuchar con el corazón no es fácil cuando una persona te grita, está enfadada o se muestra agresiva. Pero es importante comprender su dolor. Es muy importante para la víctima, pero también para mí. Porque solo escuchando su experiencia puedo comprender algo más lo que ha sucedido: unos hechos que han destruido una vida, una fe, y confianza de una persona en Dios y en la Iglesia, etc.».

El cardenal Osoro y Carlos Martínez Oliveras

Osoro: Hay que educar en la verdad

La Jornada ha comenzado con una presentación a cargo del director del ITVR, Carlos Martínez Oliveras, y el saludo a los participantes del cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, quien en su alocución ha llamado reiteradamente a «vivir» y a «volver a educar» en la verdad. Ante el tema del abuso de menores, ha dicho, «los cristianos tenemos la posibilidad de regresar a la verdad». «No podemos vivir en este mundo con medias verdades, nos destruimos a nosotros mismos y destruimos a los demás». El Papa Francisco —ha rematado— es «muy sensible a esta problemática y está muy preocupado», aunque también «feliz porque la Iglesia está asumiendo este tema que es fundamental».

Compte, García Baró y Bermejo, moderados por Catalina.

Mesa de experiencias

La verdad y la escucha a las víctimas han centrado también las reflexiones de los participantes en la mesa de experiencia previa, moderada por el periodista de COPE Faustino Catalina. Han intervenido en ella Miguel García-Baró en representación del proyecto «Repara», de la archidiócesis de Madrid; María Teresa Compte, de la Asociación «Betania», de acogida y acompañamiento a las víctimas; y José Carlos Bermejo, del Centro «Humanizar», de los religiosos Camilos.

Compte, profesora de Doctrina Social de la Iglesia y coordinadora del Master de la Universidad Pontificia de Salamanca, ha dicho que no conocemos aún la dimensión real del fenómeno, y que «quizá no la conozcamos nunca». Y ha subrayado que todo los que sabemos sobre los abusos «lo sabemos por ellas, por las víctimas, a las que debemos escuchar más». «Para diseñar buenos procesos de prevención tenemos que escuchar la verdad narrada de las víctimas», ha dicho antes de recordar que «a las víctimas no hay que exponerlas nunca, jamás», y de pedir que a las personas adultas que han sufrido también abusos se les quite el calificativo de «vulnerables». «Yo conozco a muchas y ninguna de ellas es vulnerable, todas han sido vulneradas».

García-Baró, por su parte, laico, filósofo y miembro de la Academia de Ciencias Morales y Políticas, ha informado de que en los ocho meses que lleva al frente del proyecto de la archidiócesis han acudido a «Repara» entre 55 y 60 personas, casi siempre gracias al boca a boca, y que en torno a la mitad lo han hecho por abusos de conciencia, empezando por direcciones espirituales disparatadas… Sobre los procesos de encubrimiento ha afirmado que aquel que piense que con advertir o dar un toque al abusador está solucionado el problema, está demostrando una ignorancia absoluta.

Los factores de riesgo no son solo individuales. Hay factores de riesgo institucionales —relaciones de poder que se sexualizan— a los que hemos prestado muy poca atención, ha dicho.

José Carlos Bermejo, por último, ha puesto su mirada, además de en las víctimas, en los victimarios, en quienes cometen los abusos y en sus familias. Y ha dicho que no se debe minimizar el drama de las primeras, pero que «la compasión no tiene que tener límites». Vallisoletano de Tordesillas, el director del Centro Humanización de la Salud ha contado sus visitas a la cárcel para hablar con abusadores, y relatado cómo en una ocasión consiguió hacer participar a uno de ellos a un acto académico con víctimas y las distintas reacciones que hubo. «Otra vez —ha compartido con los asistentes— me llamó una madre para decirme: ayuda a ese sacerdote que ha abusado de mi hijo para que no abuse de ningún otro más. Esa madre no quería denunciar a nadie, solo que que ese cura no causara con sus abusos más dolor a otras personas».

 

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