Iglesia en España Nacional

Zaragoza celebra 40 años de sacerdocio y misionero de Antonio González-Mohino Espinosa

Antonio-González-Mohino-Espinosa

El padre Antonio González: misionero español en Togo y togolés de corazón en España

En el mes de mayo, la iglesia de Zaragoza ha celebrado los 40 años de vida sacerdotal de D. Antonio González-Mohino Espinosa.

Fue ordenado sacerdote diocesano en el año 1974 en Madrid tras cursar sus estudios filosóficos y teológicos.

Pertenece al Instituto Español de Misiones Extranjeras (IEME), por lo que pronto se marchó de su diócesis para llevar la Buena Nueva hasta tierras desconocidas de África en Togo.

De vuelta a España, después de ocho años, desempeñó varios cargos en distintas parroquias y en el Arzobispado fue secretario de D. Elías Yanes. Actualmente es delegado de Misiones desde el año 2006.

En enero de 1975 aterrizó, sobre las colinas de la ciudad de Atakpam con cinco compañeros sacerdotes.

Sus casi nueve años de estancia en el país le convirtieron en un togolés más.

Durante los 3 primeros meses realizó estudios de éwé – principal idioma de Togo- en el que se celebra la liturgia en la parte sur del país, en su segunda estancia aprendió el moba. Fue coadjutor de la parroquia de Tado compartiendo el día a día con los campesinos. Recuerda el padre Antonio: “Fue allí en Tado donde descubrí, por primera vez, la celebración auténtica de la eucaristía africana” y nombra particularmente al grupo de mujeres de Santa Isabel y el grupo del Sagrado Corazón que agrupaba a los hombres de la parroquia San Pablo de Notse. Trabajó en parroquias como la de Saint Paul de Notse con otros compañeros atendiendo a las diversas labores: espirituales, pastorales, humanas, materiales, dejando una parte de su gran corazón en poblados como Rodokpe, Wahala, Hahomégbé, Kpédome, Dapaong.

Con su marcha de Dapaong en 2006, y tras su nombramiento como Delegado de Misiones en el Arzobispado de Zaragoza, los togoleses pierden a su querido “Yovo father” (padre blanco) pidiéndole a Dios el “milagro” de su vuelta.

A pesar de haber abandonado los rincones remotos de Togo, el P. Antonio nunca dejó de amar a su gente. Más bien extendió su cariño hacia todo el continente, por lo que es de destacar que su entrega por África es igualada por su fidelidad a la Iglesia. En definitiva, entre el P. Antonio y Togo se enlaza una historia de amor mutuo, que todavía sigue escribiéndose.

¡Muchas felicidades!

Kossi Siméon ATCHAKPA

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