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Zambrano: «El destino del hombre es vivir, y vivir felices; una felicidad que no acaba»

La Concatedral de Cáceres acogió ayer, solemnidad de los Santos Ana y Joaquín, el funeral en memoria de las víctimas de la pandemia del coronavirus presidido por el administrador diocesano de Coria-Cáceres, Diego Zambrano, y concelebrado por una veintena de sacerdotes.

Durante su homilía, Zambrano destacó que «con esta celebración se pretende recordar y honrar a los fallecidos, así como ofrecer consuelo a los familiares.» «Hoy nosotros queremos tener este gesto para con estos hermanos nuestros y lo hacemos celebrando esta Santa Misa en sufragio por ellos: para que el Señor acoja en su Reino a estos hijos suyos, les conceda el descanso de los justos y los haga gozar de las delicias del Cielo, donde no hay ni luto, ni dolor, ni tristeza… sino alegría sin fin porque veremos a Dios tal cual es. Nuestra presencia aquí esta tarde -dijo dirigiéndose a los familiares de las víctimas- no sólo quiere ser una muestra de solidaridad con vuestro sufrimiento, sino sobre todo un momento de oración y de fe a Dios que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, y que es capaz de dar la vida a los muertos. Zambrano.»

El administrador diocesano ha recordado que «no sabemos cuánto durará esta situación de incertidumbre, ni tampoco cuándo se normalizará totalmente la vida social y eclesial. Lo que hemos aprendido en estas circunstancias es lo que dice Jesús en el Evangelio: cada día tiene su propio afán».

Durante la celebración, el hermano de uno de los fallecidos durante la pandemia ha sido el encargado de proclamar una de las lecturas. Por otro lado, una de las religiosas que residen en el Seminario, de la Congregación de las Hijas de Santa María del Corazón de Jesús leyó la oración del papa Francisco ante la pandemia del COVID-19 para finalizar la Eucaristía.

 

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