Varios cientos de personas se han concentrado ante la basílica de Santa Sofía para festejar su futura conversión en mezquita / EFE
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Ya es oficial: Santa Sofía será mezquita

El presidente turco Recep Tayyib Erdogan ha firmado hoy, 10 de julio, un decreto por el que autoriza la conversión de la basílica bizantina de Santa Sofía de Constantinopla, del siglo VI, en una mezquita. Lo ha hecho minutos después de que el Consejo de Estado —el más alto organismo a nivel administrativo— haya anulado la decisión tomada en 1934 por Mustafa Kamal «Atatürk», el «padre» de la Turquía moderna (laica y democrática), de convertir la histórica construcción en un museo, que es la condición que ha tenido desde entonces y que ha permitido garantizar su accesibilidad a todos: cristianos y musulmanes. Varios cientos de personas se han acercado a las inmediaciones de la basílica —durante siglos, la mayor de las iglesias de la Cristiandad— para festejar in situ la decisión de su presidente.

La Iglesia ortodoxa rusa ha sido la primera en «lamentar» la medida adoptada, que —ha advertido— en lugar de «pacificar las disputas existentes, puede, por el contrario, conducir a divisiones aún mayores». A la hora de redactar esta información, ni el patriarca de Constantinopla, Bartolomé I, primus inter pares en la Ortodoxia, ni la Santa Sede se habían pronunciado sobre la decisión de Ankara.

Kirill II: «Una amenaza a la civilización cristiana»

A lo largo de la última semana, la Iglesia ortodoxa había multiplicado los llamamientos para que no se trastocara el estado actual del edificio, que fue visitado tanto por Benedicto XVI (en 2006) como por el Papa Francisco (en 2014) en sus respectivos viajes a Turquía con ocasión de la festividad de San Andrés.

Se habían multiplicado los llamamientos eclesiales… y también las presiones políticas. El Departamento de Estado de los Estados Unidos y la Duma (Parlamento) rusa habían instado a Erdogan a que reconsiderara sus planes. Evidentemente, sin éxito. «Santa Sofía es propiedad de Turquía, como todos nuestros bienes culturales ubicados en nuestra tierra», replicó el ministerio de Exteriores turco a Mike Pompeo, secretario de Estado norteamericano, tras unas declaraciones de este. Tampoco el llamamiento de ayer de la UNESCO (el templo está catalogado como patrimonio de la Humanidad) ha surtido efecto.

El pronunciamiento eclesial más rotundo sobre los planes de Ankara lo realizó el 6 de julio el patriarca de Moscú, Kirill II (Cirilo II), quien en una declaración oficial afirmó que «una amenaza para Santa Sofía es una amenaza para toda la civilización cristiana y, por tanto, para nuestra espiritualidad e historia». El patriarca ruso llamó a preservar la condición «neutral» del recinto argumentando que «todo Estado civilizado» tiene el «deber» de «reconciliar la sociedad y no agravar las discordias» que pueda haber en su seno. «Esta iglesia, uno de los mayores monumentos de la cultura cristiana, es de especial importancia para toda la Ortodoxia», dijo.

Unos días antes, el 30 de junio, Bartolomé I advirtió también que la conversión de Santa Sofía en mezquita decepcionaría a millones de cristianos de todo el mundo. El lugar, dijo, es «un centro vital donde Oriente se abraza con Occidente». Como museo, es «símbolo de encuentro, diálogo y coexistencia pacífica de pueblos y culturas, entendimiento mutuo y solidaridad entre el cristianismo y el islam». Ahora, todo esto se romperá.

El patriarca ortodoxo de Jerusalén, por su parte, Theophilos III, puso de manifiesto que tras la decisión de Atatürk el edificio se había convertido en un «símbolo de tolerancia». «La accesibilidad promueve la paz y el respeto mutuo, mientras que las actitudes de exclusividad promueven el conflicto y la amargura», subrayó en una declaración efectuada desde la ciudad tres veces santa.

Bartolomé I ya se había pronunciado sobre el tema al pasado 24 de junio. «¿Qué puedo decir como clérigo cristiano y patriarca griego en Constantinopla? En lugar de unirnos, un patrimonio de 1.500 años nos separa. Estoy triste y conmocionado», declaró entonces al Washington Post.

La Iglesia ortodoxa armenia no se ha opuesto al retorno del culto islámico en Santa Sofía, pero ha pedido que haya en el edificio también «un espacio» para los cristianos. Los obispos católicos turcos, por su parte, han preferido no pronunciarse sobre el particular. «Somos una Iglesia que carece de estatus legal, por lo que no podemos dar consejos sobre los asuntos internos de este país», dijeron el 18 de junio en una declaración. «Aunque nos gustaría que Santa Sofía mantenga su carácter de museo, no nos corresponde intervenir o incluso expresar nuestra opinión sobre una decisión que concierne exclusivamente a la República Turca».

Según la prensa próxima al Gobierno turco, la primera oración en la futura mezquita podría tener lugar el 15 de julio, cuarto aniversario del fallido golpe de Estado contra Erdogan. Todo parece indicar que pese a su nueva condición el edificio permanecerá abierto al turismo, al igual que sucede con la cercana Mezquita Azul.

En Santa Sofía, los fieles cristianos adoraron a Dios durante 900 años (hasta la conquista de la ciudad por el sultán Mehmed II, en 1453), y los otomanos a Ala, durante los siguientes 500, hasta la caída del Imperio Otomano en la Primera Guerra Mundial.

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