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Y tú, ¿qué has hecho con tu hermano?, libro para la Cuaresma y Pascua de 2015

Y tú, ¿qué has hecho con tu hermano?, libro de Cáritas para la Cuaresma y Pascua de 2015

De nuevo, la publicación periódica de Cáritas ha puesto en nuestras manos -Francisco Maya, Ricardo Cabezas, Vicente Martín, Juan Juarégui y yo- poder servir de cara a los tiempos litúrgicos de Cuaresma y Pascua de 2015.
El tiempo litúrgico nos vuelve a regalar la Cuaresma y la Pascua a todos nosotros, y nos toca discernir en qué modo y con qué sentimientos queremos vivirlas. Intentemos entrar en nuestro momento histórico personal y comunitario, que es único y está llamado a ser kairós, tiempo de salvación y gracia para todos nosotros.

La voz de Dios y de los pobres

En este tiempo de conversión hacia Él, le preguntamos a Dios con la sencillez de los hijos: ¿Qué tenemos que hacer? Vivimos momentos históricos que están marcados por procesos de transformación y de inquietud. El siglo XXI está requiriendo de la humanidad respuestas nuevas a preguntas totalmente originales y no previstas. Los retos son apasionantes, tanto a nivel social y cultural, como en términos relativos a la economía y la política. Ante esta perspectiva, la humanidad necesita reinterpretarse y reorganizarse ante una realidad que presenta cánones nuevos y horizontes anónimos, que esperan ser discernidos y requieren opciones y decisiones de todo orden.

En medio de esta trama, está la dimensión trascendente y religiosa que se siente interpelada de un modo novedoso para responder y participar en este proceso transformador: un camino necesario que llamamos de conversión y esperanza. El Papa Francisco nos avisa de un peligro en este contexto que vivimos: “Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien. Los creyentes también corren ese riesgo, cierto y permanente” (EG, n. 2).

Tras las huellas de Jesús

La Iglesia católica está llamada a integrarse en el proceso desde las claves de la fe, y la urge, como ella misma la llama, la Nueva Evangelización. No cuestiona el contenido y la grandeza del Evangelio, pero se pregunta cómo ser evangelizadora para el hombre de hoy en estos momentos de cambios radicales que vienen acompañados de dificultades y de sufrimientos de personas y pueblos.

La cuestión de la fe necesita volver a ser contemplada y profundizada, la propia Iglesia quiere convertirse y purificarse para que su fe sea auténtica. Sabemos que el camino de la conversión no puede ser otro que el seguimiento de la persona de Jesús. En su despedida, Benedicto XVI nos recordaba algo fundamental sobre la misión de la Iglesia en medio del mundo, al decirnos que lo propio ha de ser “prolongar la encarnación de Jesús en medio de la historia”; o sea, hacer presente su humanidad, sus palabras y sus signos para que el mundo crea.

El camino de la misericordia

Se abre así el reto de una evangelización novedosa que habrá de caminar con la invitación de Pablo a los cristianos de Filipos: “Tened entre vosotros los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús” (Fil 2,5). Es urgente profundizar en las claves de la verdadera evangelización y volver a aquel elemento que Pablo VI subrayaba en la Evangelii Nutiandi, al hablarnos del testimonio de la fe y de la necesidad de testigos para el hombre de hoy. Hemos de testimoniar la fe, y el camino será el de los sentimientos cristianos centrados en la misericordia de Dios, que se ha manifestado en Cristo; es ahí donde se nos presenta la santidad y la perfección de Dios. Es, por tanto, el camino de la misericordia el que abre las puertas de la verificación de la fe y de la propuesta de ésta a los demás. En este sentido, creemos que la llamada permanente a la conversión -especial en estos momentos históricos- nos mueve a reencontrarnos con las obras de la misericordia, aquellas que nos abren los caminos para hacer de la humanidad fraternidad y que de alguna manera responde a ese interrogante profundo de nuestra conciencia, como voz divina, preguntándonos dónde está nuestro hermano.

Nos abrimos, pues, desde esta publicación –a través de Cáritas Española-, a profundizar en este sentido de la fe que nos acerca a la verdadera misericordia. Miramos nuestra realidad con los sentimientos de Cristo para dejarnos afectar por todos, en especial por los que sufren; señalamos los caminos por los que hoy puede andar la misericordia divina y que nos alumbran por dónde puede ir el seguimiento de Cristo. De esta manera, la humanidad puede encontrar en el sacramento de la Iglesia -en los cristianos- los sentimientos verdaderos de Dios y así, seducidos, pueden compartir nuestra fe en Él.

Cuando el crucificado resucita

La proclamación de la Resurrección de Cristo, animada en el próximo tiempo pascual, nos exige pasar del discurso y la palabra a la referencia significativa de que el crucificado resucita. Y, para ello, no tenemos oro ni plata, sino el poder mostrar, desde la propia vida y la historia, que la misericordia de Dios transforma la realidad, y que el Espíritu de Cristo resucitado, desde nuestra debilidad y desde nuestro hoy, sigue abriendo los ojos del ciego, curando a los cojos, dando buenas noticias a los pobres y sembrando esperanza, vida y resurrección donde hay muerte y dolor desesperanzado.

Nos acogemos a dos claves fundamentales para adentrarnos en el misterio litúrgico de estos tiempos fuertes de Cuaresma y Pascua: por una parte, la llamada a la fe, que exige la conversión de volver a la fuente primera y auténtica que es la persona de Jesucristo para más conocerle, amarle y seguirle; y, por otra, desde esta fe y como manifestación de la misma, la conversión del corazón, que está llamado a dejar de ser de piedra, duro, rutinario, indiferente e individualista, para ser de carne, contemplativo, sensible, compasivo, solidario, misericordioso y amante de la justicia.

Cáritas, el corazón de Dios

Un corazón que sepa ver, amar y transformar la realidad para que sea según Dios, como el corazón de Dios quiere que sea. Así se nos pide desde Cáritas Española en su campaña institucional 2014-15: “Los cristianos de todos los rincones de la Tierra estamos llamados a hacer posible la esperanza del Reino en medio del dolor de su Pueblo. Y la esperanza sólo puede ser posible cuando todas las personas nos miremos unos a otros vestidos de la misma dignidad que nos configura hombres y mujeres integrante de una familia humana común, por encima de creencias, ideologías, etnias, lenguas, culturas, y seamos capaces de restableces entre nosotros y con el mundo desde el amor y la justicia”.

Sólo así podremos volver a mirar a Dios y, revestidos de su misericordia, interpelarnos con su pregunta: Y yo, ¿qué he hecho con mi hermano?
José Moreno Losada. Sacerdote de Badajoz

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