Tiempo de caminar

… y resulta que ya éramos felices

Todo este tiempo buscando la tan ansiada felicidad … y resulta que ya éramos felices.

Buscábamos la satisfacción del dinero, los viajes, las compras, pero se desvanecía como el azucarillo del café de las mañanas antes de ir a trabajar. Buscábamos el éxito social, el reconocimiento público, la fama, para después caer del pedestal inestable de nuestro ego. Buscábamos ser felices en fiestas y salidas con amigos, y veíamos sin embargo como una obligación las comidas familiares de fin de semana.

Y, al no encontrar esa felicidad, nos frustrábamos a menudo. Y criticábamos nuestra vida, nuestra rutina, lo cansado que es madrugar, lo que nos agotaba llevar a los niños a extraescolares una y otra vez.

Pero ahora es la vida la que se ha revelado contra nosotros. Y nos ha puesto una señal de Stop de proporciones descomunales.Y ahora, sólo ahora, cuando el silencio sobrecoge, entendemos que éramos felices … y no supimos verlo.

Y empiezas a echar de menos los besos, los abrazos. Empiezas a añorar el compartir la paella del domingo con los abuelos, el café con tu padre, las risas en la cafetería de siempre. Y te descubres levantándote a la misma hora de siempre, deseando poder coger el coche y llegar a ese trabajo que tanto te falta ahora.

Y pasas horas tirado en una alfombra, jugando con esos hijos a los que no solías ver a diario más que unos minutos, en los que tenías que insistir hasta la saciedad que se encerraran en su cuarto para hacer los deberes. E inventas mil recetas, bailes, sesiones de peluquería improvisadas, carreras por el pasillo. Y lo mejor de todo es que disfrutas con ello.

Y se nos escapa una lagrimita furtiva cuando ese sordo silencio que te acompaña a lo largo de todo el día se rompe abruptamente a las ocho de la tarde. Y ves que en el bloque de enfrente, ese al que apenas mirabas, hay gente que te saluda y te anima.

Y notas una punzada dentro al recibir mensajes y llamadas de gente con la que apenas tenías contacto (algunos que ni conoces en persona) sólo para saber cómo te encuentras. Para que sepas que están ahí.

Es la gran lección que nos está dando esta crisis. Nuestra gran oportunidad. Hemos tenido toda la riqueza del mundo en la palma de la mano y jamás supimos valorarla. Hasta ahora.

Pero, ¿sabes qué? Que de ti depende que aquello que está siendo fundamental para tu día a día durante la cuarentena, siga siendo lo esencial para el resto de tu vida. Porque todo esto pasará, y tendremos que aprender a vivir de nuevo. Con la ventaja de que la vida nos ha dado el gran regalo de tener la oportunidad de que ese aprendizaje nos convierta en mejores personas.

Piensa en lo maravilloso que será el día en el que salgas de tu casa y notes el sol en la cara. O huelas a lluvia por primera vez. Ese nuevo primer beso. Y entonces sabrás que, por fin, has encontrado esa felicidad plena que sólo te dan las pequeñas cosas. Y así, sólo así, todo esto habrá tenido sentido.

Print Friendly, PDF & Email