XXX Jornada Diocesana de Enseñanza en Madrid
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XXX Jornada Diocesana de Enseñanza en Madrid

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XXX Jornada Diocesana de Enseñanza: “Creer y Educar. A los 50 años de la Gravissimum Educationis”

Este sábado, 7 de marzo, se celebra la XXX Jornada Diocesana de Enseñanza, con el tema “Creer y Educar. A los 50 años de la Gravissimum Educationis”. Con este motivo, el Arzobispo de Madrid, Monseñor Carlos Osoro, ha hecho pública una carta, cuyo texto adjuntamos a continuación:

“Queridos hermanos y hermanas:

Desde el momento en que Jesucristo, antes de volver al Padre, envió a los apóstoles a dar a conocer el evangelio a todos los pueblos, prometiéndoles estar con ellos hasta el final de los tiempos (Mt 28,20), la Iglesia ha sido consciente de que con esa misión evangelizadora estaba realizando una tarea educativa, pues la presentación de Jesús como la luz del mundo permite iluminar a la persona en todas sus dimensiones, tal como nos dice el mismo Concilio Vaticano II, “el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado” (Gaudium et spes, 22).

La Iglesia en su quehacer evangelizador cuenta con la familia y la parroquia. Pero no olvida que en esta acción evangelizadora debe mucho, también, a la escuela, pues en ella los educadores cristianos acompañan a niños y jóvenes a los que se les ofrece la luz del Evangelio. Y así, aunque la tarea educativa no se reduce solo al ámbito familiar, ya que a ella contribuyen también otros agentes educativos, el Concilio Vaticano II nos recordó “la bella, y ciertamente de gran trascendencia, vocación de todos aquellos que, ayudando a los padres en el cumplimiento de su deber y actuando en representación de la comunidad humana, asumen la tarea de educar en las escuelas” (Gravissimum educationis, 5). La importancia de esta labor docente ha hecho que la Iglesia esté presente, ya desde sus inicios, en la escuela para ofrecer a los niños y jóvenes la formación integral que ha de procurar todo proceso educativo, de forma que les ayude, al tiempo que se insertan en la sociedad, a dar un sentido a sus vidas.

Muchas cosas han cambiado en el panorama educativo desde la publicación de este documento conciliar hace ahora cincuenta años. Me gustaría fijarme en tres aspectos que ofrezco a vuestra atenta consideración.

En primer lugar, educar, como nos recordaba hace unos años Benedicto XVI alertándonos de la “emergencia educativa” en la que nos encontramos actualmente, nunca ha sido una tarea fácil, aunque quizás hoy la familia -inmersa en una acelerada dinámica de cambios a nivel social- se encuentra más desorientada que en otras épocas para educar a los hijos. Si a esto le unimos que también los profesores son conscientes de sus dificultades a la hora de educar a los alumnos, los principales ámbitos de socialización y de conocimiento de los niños y los jóvenes están siendo los medios de comunicación, las redes sociales, internet y los modelos de ocio, entre otros. La respuesta no puede ser la resignación y el dejarse llevar por lo que marca el pensamiento dominante, pues dicha actitud nos haría olvidar la auténtica finalidad de la educación, que no es otra que la formación de la persona para ayudarla a vivir en plenitud y que pueda hacer su aportación al bien común de la sociedad. Todo ello requiere, más que discursos grandilocuentes, ejemplos de vida y testimonios creíbles, pues la calidad del testimonio y la coherencia son el camino privilegiado de toda tarea educativa.

En segundo lugar, es cierto que vivimos en un mundo cada vez más globalizado con capacidad para satisfacer muchas de las demandas que hacen posible el bienestar de las personas, pero que, a su vez, olvida otras que son también necesarias para configurar la identidad de las mismas. Ante esta situación, la educación escolar ha de ayudar a entender la creciente complejidad de los fenómenos mundiales y a dominar el sentimiento de incertidumbre que suscita. De ahí que una de las tareas educativas básicas sea ayudar a los alumnos no solo a tomar conciencia de su identidad, sino también a que aprendan, en el encuentro con los otros, a respetar las distintas formas de insertarse en el mundo. En el momento actual, afirma el Papa Francisco, hay muchas escuelas católicas que son frecuentadas por alumnos no cristianos e incluso no creyentes a los que se les ofrece “una propuesta educativa que mira el desarrollo integral de la persona y responde al derecho de todos a tener acceso al saber y al conocimiento. Pero de igual modo están llamadas a ofrecer a todos, con pleno respeto de la libertad de cada uno y de los métodos propios del ambiente escolar, la propuesta cristiana, es decir, a Jesucristo como sentido de la vida, del cosmos y de la historia” (A los participantes en la Plenaria de la Congregación para la Educación Católica, 13.2.2014).

Por ultimo, y tal como ya afirmaba la Gravissimun Educationis, la educación escolar no puede reducirse a la mera transmisión de conocimientos, sino que apunta a la formación integral de la persona. Por ello hemos de tener en cuenta que a medida que aumentan en la escuela los saberes científicos y técnicos hemos de profundizar en los saberes que nos aportan el sentido y la finalidad de lo que hacemos. Reducir la enseñanza solo al aprendizaje de saberes técnicos va en detrimento de aquellas fuentes de sentido que nos han transmitido las generaciones pasadas y que procuran mostrarnos la verdad de la esperanza que habita en todo ser humano. La reflexión por la cuestión de sentido que nos presentan las tradiciones religiosas ayuda a no dejar caer en el olvido la pregunta por la realidad de Dios. En esta clave, la escuela católica, al tiempo que cultiva en los alumnos las facultades y capacidades de la persona que les permiten afrontar los interrogantes sobre el sentido de su vida, ayuda también al alumno a dar una respuesta de adhesión libre y razonada a la Palabra de Dios, con el consiguiente cambio de vida conforme al proyecto de persona que se le ofrece.

Espero y deseo que, con ocasión de esta Jornada Diocesana de Enseñanza, crezca en los educadores el interés y el esfuerzo por una verdadera formación integral de los niños y los jóvenes. A nuestra Madre María, Virgen de la Almudena, ponemos en sus manos esta Jornada Diocesana. Con gran afecto y mi bendición, Carlos, Arzobispo de Madrid”.

Programa XXX Jornada Diocesana de Enseñanza

“Creer y Educar. A los 50 años de la Gravissimum Educationis” es el tema de la XXX Jornada Diocesana de Enseñanza que se celebrará este sábado, 7 de marzo, en el Colegio Calasancio (c/Conde de Peñalver, 51).

Organizada por la Delegación Episcopal de Enseñanza, será inaugurada a las 11,45 horas por el Arzobispo de Madrid, Mons. Carlos Osoro Sierra. La primera ponencia, “A los 50 años de la Gravissimum Educationis. Aportaciones e historia”, será impartida por Pedro Chico González. A continuación, reflexión sobre “Actualidad y futuro”, a cargo de Francesc Riu Rovira de Villar, de la Fundación Edebé. A las 16,00 horas, mesa redonda, en la que se debatirá sobre “50 años de educación cristiana” con las aportaciones de Teófilo González Vila, Catedrático, Inspector de Educación, que hablará de “La presencia de los Educadores Cristianos”; la Hna. Concepción Vicente, Presidenta de Escuelas Católicas de Madrid, encargada de presentar “La presencia de la Escuela Católica”; y Carlos Esteban Garcés, de la Delegación Episcopal de Enseñanza, y “La presencia de la Enseñanza de la Religión”.

El encuentro concluirá con la celebración de la Eucaristía, a las 18,00 horas, presidida por Mons. Fidel Herráez, Obispo Auxiliar de Madrid.

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