Rincón Litúrgico

XV Domingo del Tiempo Ordinario “C”

XV Domingo del Tiempo Ordinario “C”

Texto evangélico

“«¿Y quién es mi prójimo?». Respondió Jesús diciendo: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje llegó adonde estaba él y, al verlo, se compadeció, y acercándose, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó” (Lc 10, 29-34).

Comentario

Hoy el Evangelio es muy duro para quienes se justifican con sus prácticas piadosas y desoyen el clamor de los necesitados. Tanto el sacerdote como el levita, al encontrar a una persona medio muerta, justificados en su limpieza ritual, no se acercaron al herido, no sucediera su muerte y quedaran impuros, con la imposibilidad de acudir a las oraciones del templo.

El samaritano, persona que no cumplía con los ritos judíos, en cambio se llamó a compasión y atendió al abandonado en la cuneta, y lo hizo de la manera más generosa y gratuita, sin ni siquiera dejar la tarjeta de su identidad, para que le pudieran agradecer un día el gesto magnánimo.

Sospecho que el verdadero samaritano es Jesucristo. “También hoy, como buen samaritano, se acerca a todo hombre que sufre en su cuerpo o en su espíritu, y cura sus heridas con el aceite del consuelo y el vino de la esperanza” (Prefacio). Él nos va a ofrecer en la Última Cena la copa de vino, y en la almazara de aceite de Getsemaní va a obtener el bálsamo del consuelo y de la solidaridad más grande, al asumir sobre él los pecados de la humanidad.

Un principio muy importante en el ejercicio del acompañamiento espiritual es no provocar dependencia. El samaritano realiza su acción misericordiosa, atiende la necesidad del prójimo, y no crea ningún vínculo esclavizante. El Maestro desaparece cuando lo reconocen en Emaús; y el diácono Felipe, cuando bautiza al ministro de la reina de Candace, desaparece.

¡Cuántas veces se convierten los pobres en bandera especulativa! Y se realizan los hechos sociales para propio provecho y por interés político.

Cuestión

¿Te dejas afectar por la necesidad de los que te encuentras en el camino?

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