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Xosé Manuel Domínguez: «La asignatura de Religión puede acompañar al alumno como ninguna otra puede hacerlo»
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Xosé Manuel Domínguez: «La asignatura de Religión puede acompañar al alumno como ninguna otra puede hacerlo»

Xosé Manuel Domínguez Prieto, director del Instituto da Familia de Ourense ha abierto el panel de experiencias en esta última jornada del Foro de debate sobre la asignatura de Religión organizado por la Conferencia Episcopal Española.

El autor de El arte de acompañar ha expresado que la enseñanza de asignatura debe distinguirse de «transmitir contenidos» a presentarse como «el Camino, la Verdad y la Vida». Un acompañamiento que, menos que ninguna otra área educativa, puede reducirse a mera transmisión de información. Por eso, Domínguez ha expresado que el profesor de Religión «sale al encuentro de los alumnos, como Jesús en Emaús y camina a su paso. Está allí para hacer un acompañamiento, para acercarnos a los alumnos a través de las preguntas y de la escucha de las respuestas. Preguntas que apelen al corazón y que despierten “el hambre” del alumno». Una vez hecha la pregunta, es necesario abrir el espacio de escucha, «que les ayudará a detenerse y a descubrir una experiencia». Algo que, ha insistido, no se puede hacer desde otras asignaturas.

Escucha y respuesta

Además, Domínguez ha expresado la importancia de la «confrontación», para que una vez «que han descubierto y promovido lo que necesitan sean capaces de iluminar su narración, no solo históricas, sino que serán palabras vivas que conecten con la vida». De este modo, el texto, al religión «no será un elemento conceptual sino un iluminador de vida».
En todo esto, el papel testimonial de profesor es esencial. «Tiene una misión, la de humanizar, la del liderazgo de la envangelización a través del acompañamiento y a través de la experiencia remitir a la comunidad. Esto es un elemento esencial en la vida cristiana en el que nos tenemos que implicar. Nuestra tarea no es simplemente transmisora sino de acompañamiento».

La experiencia

Una vez que hemos conectado emocionalmente con ellos, matiza el director del Instituto orensano, «una vez que han descubierto que tienen grandes preguntas y que gracias a que esta asignatura promueve poder conectar con lo profundo, llega el momento del signo, de la experiencia».
Por eso, la idiosincrasia de la asignatura exige una pedagogía a la que subyazga una antropología integral y que implica una dimensión que hay que integrar en la enseñanza: el acompañamiento. «En la práctica esto supone que el docente, acogiendo incondicionalmente y tomando en cuenta la circunstancia biográfica de los alumnos, ejerce una diaconía a través de la escucha que dé respuestas a las inquietudes suscitadas y abre la puerta a las experiencias clave que le permitirán verificar lo que en la clase se transmita y proponga».

Crecimiento personal

Después de todo «viene esa toma de decisión que tiene que ver con el crecimiento personal del alumno, de su despertar, de descubrir como esas clases no son palabra muerta, sino mucho más que eso. Se convierten en acciones transformadoras que concluyen y repercuten en el bien de la comunidad», ha concluido.

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