Iglesia en España

XI Encuentro Diocesano de Catequistas en la diócesis de Cádiz y Ceuta

Los catequistas reclaman una mayor coordinación arciprestal y una puesta en valor de su misión en las parroquias

El pasado 21 de marzo se celebró en la localidad de Puerto Real el XI Encuentro Diocesano de Catequistas bajo el lema “Como vivir la Liturgia en la catequesis”. Esa cita de formación convocada por el obispo diocesano, Mons. Rafael Zornoza, fue secundada por medio millar de catequistas.

El lugar escogido fue el Colegio La Salle-Buen Consejo de Puerto Real. Tanto la comunidad educativa, como los hermanos lasalianos, no escatimaron en ofrecer lo mejor de sus instalaciones para acoger este encuentro.

Sobre las diez de la mañana comenzaba con el saludo inicial de Mons. Zornoza, en el salón de actos, motivado por la lluvia, que no dio un descanso en toda la mañana, pero que no impidió a todos los inscritos asistir y participar de forma activa.

En un segundo momento, el Salón de Actos se trasformó en un lugar de oración, en una acogedora capilla para adorar al Santísimo Sacramento. Como telón de fondo estaba una talla de un Cristo crucificado, que impresionaba por su belleza y majestad.

Acto seguido, y en el mismo ambiente familiar que caracterizaba al salón de actos, tuvo lugar la ponencia de D. Manuel González López-Corps, profesor de la Universidad Eclesiástica de San Dámaso (Madrid). De una manera sencilla, pero con autoridad, fue dando un repaso a los grandes temas para la catequesis y la celebración. Abordó cómo la celebración arranca desde el Misterio Pascual con una profunda dimensión eclesial y escatológica, donde tiene un protagonismo especial el Espíritu Santo.

Los ejemplos que fueron salpicando la ponencia provocaron en muchos momentos el sentir de unos catequistas entregados a un ponente que desde el primer momento conectó con todos. La importancia de una celebración bien cuidada con unos cantos apropiados, unas ofrendas que expresen lo que realmente significa: ofrenda, desprendimiento… unas oraciones que partan de la gran experiencia de fe… hicieron replantearse la importancia de una celebración que expresa y celebra la fe.

El trabajo en grupo que se tuvo posteriormente fue muy rico por las aportaciones y sugerencias que allí se hicieron. Existe una sensibilización creciente respecto a la necesidad de formación, y de dar testimonio de la fe, de Jesucristo muerto y resucitado.
Tras el almuerzo en comunidad, el clima distendido fue la tónica dominante del coloquio con D. Rafael Zornoza. Salieron a relucir las diversas situaciones, anhelos y alegrías con las que se encuentran los catequistas actualmente. No faltaron las preguntas por la implantación de los oratorios en la diócesis, la importancia del acompañamiento de los presbíteros a los catequistas, los nuevos itinerarios para la iniciación cristiana, la importancia de la catequesis de adultos…Entre las carencias más llamativas están la necesidad de coordinación arciprestal, así como una puesta en valor de la misión del catequista dentro de las comunidades parroquiales.

La Delegación de Juventud informó de los encuentros previstos, campamentos de verano y la gran peregrinación a Lourdes, pasando por diferentes lugares significativos, entre los que está Ávila, con motivo del aniversario de Santa Teresa.

El obispo de Cádiz y Ceuta informó de las acciones diocesanas llevadas a cabo con la Escuela de Evangelizadores, Escuela de Discipulados y la concreción de acciones en Chiclana y Cádiz con los equipos Alpha.

La Delegación de Familia animó a todos los presentes a participar en el proyecto de vacaciones en familia con el obispo en Roquetas de Mar del 7 al 13 de agosto.

La tarde culminó con una Eucaristía. La vivencia de la Misa, con sus cantos y silencios, la escucha atenta de la Palabra, y la comunión del Cuerpo de Cristo, inflamaron los corazones del amor de Dios. Un día muy completo que retoma con fuerza la vida cristiana, y devuelve el entusiasmo y la valentía para ser testigos de Cristo resucitado en medio de la sociedad.

Como “Los discípulos de Emaus” después de escuchar la Palabra y compartir el pan, unos a otros nos decíamos “¿no ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?”.  Y levantándonos al terminar el encuentro, volvimos a  nuestras comunidades de origen para contar lo que habíamos visto y oído.

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