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Vuelve el Camino de Santiago

El día 3 de julio reabrió el albergue de Roncesvalles, puerta de entrada del Camino Francés en España, la ruta más transitada para llegar a Santiago de Compostela. Hasta este pequeño pueblo navarro se llega desde Saint Jean de Pied de Port, al otro lado de la frontera pirenaica. Es el final de la primera etapa para buena parte de los peregrinos. Cuando llegan, descansan en un albergue antiguo y nuevo a la vez. En la oficina de esta ruta se encuentra Marisol Goikoa Iribarren recibiendo a los peregrinos. «Las motivaciones son similares en proporción: religiosas, culturales y deportivas. Aunque parece que hay bastante gente que busca evadirse de esta situación», apunta Goikoa.

Cuando un peregrino llega a Roncesvalles duerme cerca de la tumba de Sancho VII el Fuerte; él y sus caballeros, pocos pero valientes, fueron decisivos para lograr la victoria en las Navas de Tolosa el 16 de julio de 1212. Lo que hoy es el albergue tiene raíces incluso más antiguas: en 1127 se fundó la Institución Hospitalaria, con la que el Reino de Navarra se ocupaba de dar cobijo a quienes querían llegar hasta la tumba del Apóstol. Quien comienza el camino en esta etapa se prepara para una experiencia larga: casi un mes de peregrinaje, con algunas etapas de casi 30 kilómetros. Del Pirineo al Ebro, y desde ahí, a través de los ocres campos castellanos, hasta adentrarse en un paisaje cada vez más verde que culmina en Santiago de Compostela.

El albergue tiene la peculiaridad de mantener su atención gracias a unos hospitaleros holandeses voluntarios. «Precisamente no pudimos ponernos en marcha el día 1 porque entre que abrían las fronteras y llegaban los voluntarios fue necesario dejar algo de margen». En esta primera tanda, tres han sido los valientes y apenas dan abasto. Las medidas de precaución tomadas a raíz del COVID-19 son estrictas. El aforo se ha reducido a la mitad, y los peregrinos reciben sábanas desechables. Aun así, la afluencia es todavía moderada. «Tenemos algunos días con 50 ó 60 peregrinos, pero en otros años eran unos cien por estas fechas», comenta la responsable de este albergue que, por otro lado, destaca que la época con mayor presencia de peregrinos es agosto. Es fácil imaginar que muchos aprovechan el mes de vacaciones para completar una de las opciones más largas de peregrinaje.

El Camino se transita de nuevo, tras el parón obligado a raíz del confinamiento, por todas sus rutas, no solo la que entra por Roncesvalles. La Oficina del Peregrino abrió sus puertas de nuevo el 1 de julio, y desde entonces varios han sido los albergues que se han sumado. Sobre todo, aquellos que no tienen ánimo de lucro, debido a las condiciones necesarias para garantizar seguridad y evitar contagios.

Calzada sin peregrinos

El 13 de marzo se cerraron los albergues. Y, con ello, se cerraba el Camino. Tras abandonar Roncesvalles, los peregrinos llegan hasta Santo Domingo de la Calzada, un pueblo riojano de 6.000 habitantes que, en gran medida, vive en torno al Camino que lleva hasta en su nombre. De ello se muestra orgulloso José Luis Ollero, secretario de la Cofradía del Santo, desde la que administra un albergue centenario: «En ocho siglos no habíamos cerrado nunca, somos de los pocos que abrimos en invierno, incluso en Nochebuena y Nochevieja tenemos algún peregrino. Hasta que llegó la pandemia». Además, este municipio ha sido uno de los más golpeados, en proporción, por el coronavirus. Más de 40 calceatenses perdieron la vida en una población de unos 6.200 habitantes. «Amigos, conocidos y familiares han sido afectados. En la cofradía nos ha afectado bastante», explica Ollero.

Dada la situación, han querido ser incluso más severos de lo impuesto por las normas generales. «Una vez están dentro del albergue, la mascarilla es obligatoria siempre y solo se la pueden quitar para dormir. Los peregrinos nos agradecen ser tan estrictos, pues al final es por su seguridad. Además, no queremos tener un brote que nos obligue a cerrar», reflexiona Ollero. Son conscientes, además, de que muchos albergues miran de reojo a aquellos que ya se han atrevido a acoger para tomar una decisión sobre su apertura o no en el futuro próximo.

Otra de las consecuencias del coronavirus es que no se hayan podido renovar los cargos de la cofradía y el prior y la priora hayan sido renovados un año más. «Todos los años, el 13 de mayo, se renuevan los cargos pero dada la situación, nos llamaron desde el cabildo de la catedral para continuar un año más», explica la priora, Mila Luzuriaga. Ella y su marido el prior, Óscar San Román, seguirán hasta el 13 de mayo de 2021 al frente de la Cofradía del Santo, que también se ocupa de mantener vivas toda las tradiciones de este pueblo histórico.

Buena parte de los peregrinos realizan el Camino en tandas de tres o cuatro etapas, aprovechando sus días libres. Ese es el motivo de que, en los pocos días de apertura desde el inicio de julio, la mayor afluencia hasta este albergue haya sido en fin de semana. «De media, llegan unas 20 personas», explica Mila Luzuriaga. Hasta Santo Domingo, por ahora llegan casi todos españoles. «Son muy pocos extranjeros, y hasta aquí llegan sobre todo del País Vasco y de Navarra por ahora. Aunque todavía no es nada significativo», apunta Ollero.

Las esperanzas en este pueblo están puestas, eso sí, en 2021. «Hasta marzo habíamos tenido un 15% más de peregrinos, es normal cuando se trata de año anterior al año santo. Este año no esperamos mucha gente», remarca. Quienes sí entraron en el propio albergue de manera sorpresiva fueron los Reyes el 10 de julio, durante su visita a La Rioja. «El Rey hasta se animó a recorrer unos metros de Camino», añade el secretario de la cofradía.

Cuenta atrás en el Camino

Once días de caminar a pie separan Astorga de la plaza del Obradoiro por el Camino Francés. Llegar a esta ciudad, cuyo palacio episcopal diseñó Gaudí, permite, además, encontrar la hospitalidad del albergue «Siervas de María», que funciona en el edificio que ocupaba esta congregación. El 1 de julio de 2006 abrió como lugar de acogida para peregrinos, siempre desde una perspectiva cristiana. Forma parte de «Acogida Cristiana en los Caminos de Santiago» (ACC), una iniciativa que surgió con la idea de potenciar esta faceta del Camino. Alfredo Santos Costa, jubilado y con más de 20 años de experiencia como hospitalero, se encarga del albergue junto con su esposa y algunos voluntarios. Él ha hecho el Camino y, aunque las fuerzas ya no le den para colocarse el petate a la espalda, colabora ofreciendo un lugar de descanso a los peregrinos. Además, le ayudan voluntarios de otros países. «Muchas veces no han hecho antes la peregrinación, pero al estar aquí les llama y luego empiezan», comenta Santos. Es, al fin y al cabo, su manera de hacer pastoral.

Alfredo Santos cree que «a veces hay vergüenza de decir que uno hace el Camino por motivos religiosos». Lo intuye, sobre todo, en que el porcentaje de peregrinos con esta motivación suele aumentar en los meses de invierno. «Después, en julio y agosto, hay de todo», puntualiza. ¿Y en qué se diferencia la acogida cristiana de cualquier otro alojamiento para un peregrino? «Se le acoge como si fuera el mismo Cristo», explica Santos, parafraseando la regla de san Benito, muy presente en los principios de quienes pertenecen a ACC.

En Astorga, como en todo el Camino, han tenido que reducir sus plazas con vistas a la seguridad y prevención sanitarias. Su aforo máximo es ahora de 70, frente a las 154 plazas de las que disponían antes de la pandemia. El COVID-19 les ha afectado especialmente, puesto que el sacerdote redentorista que atendía espiritualmente el albergue, Antonio Danoz, falleció por coronavirus. Había vuelto a España hace cinco años después de ser misionero en Congo y Venezuela.

Aunque en los últimos años el Camino Francés ha sufrido un cierto declive en favor de otros como el Portugués, sigue siendo el más transitado con diferencia. Entre otros motivos, por la infraestructura a lo largo de sus kilómetros. Aunque, dada la realidad impuesta por el coronavirus, es previsible que las rutas vayan a diversificarse aún más en el futuro.

Uno de los caminos que está empezando a crecer en los últimos años es el Inglés, y ahí también se ha hecho presente ACC. El responsable del albergue de Betanzos desde 2011 es Jaume Alemany, párroco de la Mare de Deu de Montserrat en Palma de Mallorca. Él mismo ha perdido la cuenta de las veces que ha peregrinado hasta Santiago, pero son más de 80. «Me conocen como «el cura de la cárcel», porque todos los años hago el Camino con presos. Aunque esta vez no ha podido ser», se lamenta. En cuanto pueda, volverá.

En los 15 primeros días de julio apenas llegaron a Santiago de Compostela 175 personas por el Camino Inglés, y todavía ninguna de ellas había descansado en el albergue del padre Alemany. Pero desde el principio de julio estaban preparados para acoger. «Muy pocos han abierto en estas condiciones, porque no es rentable. Pero esa no es nuestra preocupación», apunta el sacerdote. También le preocupa, en cierta medida, cómo será 2021. «El último Año Santo fue en 2010, son 11 años de espera, con esto de los bisiestos, es el periodo más largo posible, otras veces son 5 ó 6 años», apunta.

Y al llegar…

Sea por la ruta que sea, se tarden los días que se tarden, y se utilice el medio de transporte que se utilice, el final es el mismo. Llegar a la plaza del Obradoiro, obtener el certificado de que se ha completado el Camino, y, quien quiera, rendir culto al Apóstol. Santiago también se ha reconvertido para acoger. La entrada a la misa del peregrino se hace con números que se reparten a partir de las 7 de la tarde, media hora antes de su comienzo. El foro máximo es de 75 personas. Debido al proceso de restauración del templo, ahora la Eucaristía no se celebra en el altar mayor, sino en un instalado ad hoc en el ala oeste, frente a un Cristo gótico y una escultura de Santiago, también de origen medieval.

Esta celebración no es la única posible para los peregrinos que hayan completado el Camino. También hay oportunidad de vivir la Eucaristía a las 12 horas y a las 21.30 horas en la capilla de la Oficina del peregrino; la de la noche se hace en Inglés, con las mirada puesta a los visitantes internacionales. El actual estado de restauración de la catedral de Santiago responde a poder terminar el grueso de los trabajos para el Año Santo 2021.

Mientras llega el esperado Jubileo todos, peregrinos, hospitaleros y Santiago, tienen unos meses en los que prepararse en medio de tanta novedad.

Álvaro, un regalo en el Camino

Álvaro Calvente tiene 15 años y «capacidades que tú ni imaginas». Así se presenta en Twitter, donde contó su experiencia desde la salida de su parroquia de Málaga hasta la ofrenda florar a la Virgen del Carmen, de vuelta en el tradicional barrio de pescadores de Huelin. Los seguidores llegaron por cientos y para cuando Álvaro terminó el Camino ya superaban los 3.000, apenas en una semana.

Durante el Camino recibieron, a través de Twitter, muchas peticiones. «No es lo mismo rezar por algo abstracto que personalizar. Nos hemos dado cuenta de que hay mucha necesidad de oración», explica Ildefonso, el padre de Álvaro. Recuerda con especial cariño un mensaje que les llegó sobre un joven: «Era un joven que se había tirado a un lago para salvar a un niño, pero quedó atrapado en el lodo del fondo y no podía salir. Se quedó 10 minutos bajo el agua hasta que lo pudieron sacar y nos pidieron rezar porque al día siguiente le quitaban las máquinas y ahí se vería si podía sobrevivir. Al día siguiente nos llamaron, había sobrevivido. Poder acompañarles desde la distancia en ese momento fue maravilloso». No estaban solos en sus rezos. Un grupo de peregrinas de Barcelona se les unía cada vez que sus pasos se cruzaban.

A padre e hijo les acompañaba un amigo de la familia, Francisco Millán. Los tres llegaron el lunes 12 de julio a la plaza del Obradoiro. Allí, dos eventos inesperados. El primero: mientras esperaban para recibir la Compostela, el guarda de seguridad se les acercó: «¿Es usted Álvaro? ¿Y usted Ildefonso? Vengan, que les estábamos esperando». Y allí les recibió Segundo Pérez, el deán de la catedral de Santiago. «Él mismo nos dio la Compostela».

El otro evento: quedarse fuera de la misa del peregrino por las limitaciones de aforo, de lo que Ildefonso saca una lectura positiva: «No poder entrar ha sido el colofón», comenta el padre de Álvaro, porque «Dios está en todas partes».

El Camino, sin embargo, no terminó en Santiago. el 15 de julio, ya de vuelta en Málaga, estos peregrinos realizaron una ofrenda floral a la Virgen del Carmen que hay en el barrio de Huelin, con gran tradición de pescadores y de gente del mar. «Aquí todavía se vive esa fraternidad de los pescadores», explica Ildefonso.
Como colofón, el Camino deparó a Álvaro una última sorpresa. El Papa, conmovido por esta aventura, le escribió una carta: «Gracias Álvaro por animarte a caminar e invitar a muchos a caminar contigo».

Santiago, sin peregrinos, se ve «rara»

«Ha sido raro ver vacía la plaza del Obradoiro. Santiago no parecía Santiago sin peregrinos, sin los gritos y saltos de alegría al terminar el Camino». Así lo siente María Neira, coordinadora de la Oficina del Peregrino, donde expiden los certificados de haber completado la peregrinación. Los primeros que se han atrevido a reemprender la ruta jacobea son, casi todos, españoles. Entre ellos, una mayoría de madrileños, andaluces, catalanes y valencianos. De los foráneos que se han atrevido destacan, sobre todo, italianos.

Aunque las puertas de la oficina han abierto, la escena es muy diferente a la de meses atrás. «Ahora hay un pantalla de metacrilato entre el peregrino y nosotros, y a veces no podemos ni dar un abrazo. Queremos hacer una acogida humana y la situación lo hace más difícil», subraya Neira. Al mismo tiempo, la pandemia ha acelerado procesos, como una mayor digitalización de la oficina. «Estamos probando un programa piloto para recoger las estadísticas de manera online, reduciendo papel. Lo teníamos previsto para el Año Santo, en 2021, pero hemos decidido empezar ahora», explica. Del 1 al 15 de julio completaron el Camino de Santiago unos 3.000 peregrinos, un número que fue creciendo hasta estabilizarse en torno a los 300 diarios. Estas cifras corresponden, más bien, a la afluencia que puede haber en el invierno durante un año normal. Sobre los números con los que se cerrará este año, aún es pronto. Desde la Oficina del Peregrino esperan al mes de agosto y a la evolución de posibles rebrotres para tener una visión más certera.

Por ello, una de las principales preocupaciones es llamar a la sensibilización. «Que entren con mascarilla, que usen gel… hay mucha gente muy concienciada pero también hay a quien hay que llamar un poco la atención. Ponemos todo de nuestra parte, pero apelamos a la responsabilidad individual», afirma Neira. Añade que el Camino «es seguro». «Si la gente lo ve así, se irá animando», opina. Precisamente, una de las claves, a juicio de la coordinadora de la oficina, es empezar con buen pie. «Durante el confinamiento, había gente que nos llamaba interesándos por el Camino. Ahora, los primeros peregrinos están haciendo una toma de contacto», aprecia.

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