Nacional Noticias

Voz y rostro para las personas sin hogar

Las personas sin hogar también tienen rostro. Y una historia que contar, aunque pocos quieran escucharla. Tres valientes mujeres, Mina, Ana Lucía e Inma, han comparecido este 24 de octubre ante los periodistas para dar su testimonio y tratar de sensibilizar a la opinión pública sobre la situación de vulnerabilidad en que se hallan las aproximadamente 40.000 personas sin hogar que hay en España. Lo han hecho en el marco de los actos preparatorios de la vigésima séptima Jornada de Personas Sin Hogar, que se celebra este domingo día 27 bajo el lema “¿Y tú, qué dices? Di basta. Nadie sin hogar”. El colectivo ha celebrado hoy actos reivindicativos en una treintena de ciudades: una concentración y una marcha hasta la Puerta del Sol, en el caso de Madrid.

 

“No tener hogar es más que no tener un techo, es una vulneración de los Derechos Humanos, es no poder tener intimidad, seguridad, relaciones… es vivir en la más absoluta inseguridad”. Así comienza el manifiesto que los propios afectados y las organización promotoras de la Campaña (entre ellas Cáritas y la Federación de Asociaciones y Centros de Ayuda a Marginados, FACIAM) han elaborado para la jornada de este año, la primera que, según ha explicado Rosalía Portela, presidenta de FACIAM, tiene a la mujer por protagonista. (Leer manifiesto completo). “El problema del sinhogarismo afecta doblemente a las mujeres, mucho más vulnerables a sufrir agresiones. El 50% de las mujeres en situación de calle sufren violencia”, denuncia antes de dejar claro que no hay un único perfil de persona sin hogar, habiendo estas cada vez más jóvenes e, igualmente, “familias completas: padre, madre e hijos”.

 

Mina es de Casablanca (Marruecos) y llegó a España hace diecinueve años. Trabajaba cuidando a personas mayores y como interna, pero tras una enfermedad perdió el empleo y se quedó en la calle. Hoy vive provisionalmente en un piso de Cáritas con otras personas en su misma situación. Está en el paro, pese a que habla francés, árabe clásico y español. Cuando se quedó en la calle se sintió “como un perro abandonado”, dice. Y asegura que si tiene que volver a pasar por esa experiencia “me muero”. Solo quiere un techo y un trabajo.

 

La misma petición hace Ana Lucía, guatemalteca, que salió de su país —donde llevaba veinte años trabajando en el comercio internacional, importando y exportando carne— huyendo de la violencia de las maras y de la falta de oportunidades. “Solo queremos un trabajo digno que nos permita salir adelante. (…) Porque si estás ganando 800 euros y por alquilar una habitación te piden 500 o 600 además de un contrato y el pago de dos o tres meses por adelantado, ¿de qué vives?”. Ana Lucía quiere dejar claro que entre los sin hogar, personas a las que “la gente ve como pordioseros y sin ninguna capacidad”, hay gente muy preparada que solo necesita una oportunidad. “No estamos aquí para que el Gobierno nos mantenga, como piensan algunos”, dice. Y resalta la solidaridad que existe entre quienes comparten problemas y sufrimiento. “En este ambiente nos volvemos familia. Resulta muy duro ver lo mal que lo está pasando tu familia adoptiva y no poder ayudarla. Eso te quiebra”.

 

Inma, andaluza y de origen humilde, cayó en una depresión a la muerte de sus padres. Ahora se le quiebra la voz al recordar cómo, al regreso de pasar las Navidades con unos amigos, encontró su casa ocupada, quedándose en la calle. “Habían cambiado la cerradura y tirado mis objetos personales”. Hoy vive temporalmente en una pensión que le ha buscado el Ayuntamiento. “Yo he estado en la calle. La calle es frío, es inseguridad, es miedo a que te hagan daño. Te sientes muy vulnerable”, afirma.

 

Cáritas Española quiere denunciar “este modelo económico que deja fuera” y, por boca de su responsable de Personas Sin Hogar, Enrique Domínguez, reclama un parque público de vivienda social que permita atender a estas personas y a otras que se hallan en riesgo.

 

Pero, ¿cuántos sin hogar hay en España? “El dato exacto —indica Portela— no lo tiene nadie. La referencia es el Instituto Nacional de Estadística (INE), que da la cifra de 40.000”. “De ellas, entre un 15% y un 16% son mujeres”, añade Domínguez. Ambos coinciden, no obstante, en la dificultad a la hora de hablar de cifras, dada la “ausencia de estudios oficiales”. Hablamos de personas que están en situación de calle o en centros de acogida, albergues y pisos, y su número —tanto en un caso como en otro— “está aumentando”. “Unas 18.000 personas están usando cada día los servicios de alojamiento y manutención, un incremento del 10% con respecto a 2016”, dice el representante de Cáritas Española.

 

Para conocer la situación en la Comunidad de Madrid —detalla la presidenta de FACIAM— hay que hacer “sumas varias: a los hombres y mujeres que están en la calle (unas 700-800 personas el año pasado, según recuento del Ayuntamiento) hay que añadir las personas que están en los albergues, en los centros de acogida de larga estancia, en pensiones, en alojamientos alternativos, etc. etc. El Ayuntamiento, en total, calcula unas 3.000 o 3.000 y pico. Las plazas, en cualquier caso, no son suficientes: hacen falta más. No se trata solo de las personas sin hogar, sino también de las personas a las que por una falta de respuesta administrativa convertimos en personas sin hogar”. Portela concluye citando el informe Foessa: “En la Comunidad de Madrid una de cada seis personas está en condición de exclusión”.

Print Friendly, PDF & Email