Cartas de los obispos Última hora

Volvamos la mirada a María

Como todos los meses, deseo acercarme a vosotros por medio de esta carta. Os aseguro que en esta ocasión lo hago con cierta preocupación y desconcierto. Soy consciente de que estamos en las manos de Dios, que es bueno y providente, esta certeza me alienta a escribiros y a animaros. A pesar de los rebrotes insistentes que en la geografía diocesana son más frecuentes que en los momentos críticos del confinamiento, es necesario haceros llegar un mensaje de optimismo y esperanza.
Como miembros de esta gran familia en la fe, que peregrina por las tierras ourensanas, sabemos que para nosotros, Jesucristo, es siempre esa luz que nos ilumina y orienta, una luz que nunca se apaga aunque a veces nos parezca que caminamos por un túnel.
En estos momentos hemos tenido que recortar algunas actividades programadas, y lo hemos hecho dejándonos llevar por la caridad y la justicia. Estamos viviendo acontecimientos dolorosos que nunca antes hemos experimentado, un virus se hizo presente en nuestro mundo y se ha convertido en poco tiempo en una pandemia que nos afecta a todos.
Como Iglesia que camina en medio de estas tribulaciones, somos conscientes de que no nos faltarán los consuelos de Dios. Por medio de estas letras quisiera pedirle a los sacerdotes y demás agentes de pastoral que caminan con ellos que se esfuercen por convertir nuestros templos en lugares seguros y limpios, saneados contra cualquier presencia del virus.
No cerréis los templos, sobre todo los más significativos. Proponed a los fieles momentos de adoración a Jesús Sacramentado. Invitadlos a que supliquen con insistencia a los santos que como intercesores nuestros nos liberen pronto de estos males y podamos recuperar el ritmo cotidiano. En donde no podáis tener los templos abiertos, procurad estar atentos a las necesidades de los fieles, en especial de los ancianos. Llamadlos por teléfono y, si no podéis hacerlo, procurad que aquellos seglares más comprometidos traten de llamarlos y mostradle que en estos momentos no están solos, y si necesitan ayuda de la parroquia que no falte, por parte de los sacerdotes, una palabra de aliento, un momento para la escucha y una ocasión propicia para acercarles la ternura de Dios a través de los sacramentos de la sanación y del alimento de la Eucaristía.
Octubre ha sido, desde siempre, el mes del Rosario. Esta oración, «evangelio de los sencillos», es una ocasión para acercarnos a los misterios de la vida de Jesucristo y para contemplarlos a través de los ojos de la Virgen Madre.
Como nos recordaba san Juan Pablo II, después de agotar todos los recursos humanos, volvamos la mirada a Santa María para que nos auxilie en estos momentos de pandemia y nos conceda la paz interior y la esperanza para poder vivir una existencia más alegre.
Este es mi deseo para todos. Os ruego que recéis por mí.
+ José Leonardo Lemos Montanet,
Obispo de Ourense

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