Cartas de los obispos Última hora

¡Viva el Papa!

En la primera lectura se pone de relieve la grandeza de una familia que acoge al profeta Eliseo por ser el hombre de Dios. Este gesto de generosidad resalta la grandeza de esta familia, a la vez que se intuye el por qué: por la fe que estas personas tienen en Dios. La fe les ha ayudado a abrir las puertas del corazón y lo hace grande y generoso. Lo que llama poderosamente la atención es que la respuesta de Dios no se dejó esperar y salió a su encuentro sorprendiéndoles con el regalo de la felicidad, colmándoles de alegría. Así es Dios. En el Evangelio que corresponde a este domingo, Jesús hace suya la manera de actuar de Dios y dice: “El que os recibe a vosotros me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió” (cf. Mt 10, 40-42). Dios es lo más grande para un creyente y su voluntad es lo que define su estilo de vida. Desde la fe concreta se entiende la importancia del amor humilde, de la caridad y de la misericordia como la forma de ser de un cristiano. Acoger a otra persona es hacerle sitio en tu corazón con todas las consecuencias, como lo hace el Señor.

En este domingo he adelantado el día de san Pedro y san Pablo, cuya fiesta es el lunes, precisamente para que todos los cristianos de esta Diócesis tengamos la oportunidad de celebrarla con solemnidad. San Pedro y san Pablo son las columnas de la Iglesia. También celebramos el día del Papa, porque fue el mismo Jesús el que eligió a san Pedro para apacentar su rebaño, lo puso al cuidado de su Iglesia, dándole el poder de interpretar auténticamente la ley divina, es la cabeza de los Apóstoles, el Vicario de Cristo. Las palabras del Señor son graves, solemnes y contundentes: “Y yo te digo que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” (Mt 16,18). Desde los orígenes de la Iglesia se ha aceptado la decisión del Señor con toda normalidad y se ha mantenido siempre la voluntad de Jesús. En el Concilio Vaticano I se decía que “quienquiera que sea el que suceda a Pedro en esta Cátedra, ese, según la institución de Cristo mismo, obtiene el Primado de Pedro sobre la Iglesia universal” (Concilio Vaticano I, Pastor Aeternus, cap. 2). El Santo Padre hace las veces de Cristo y le acogemos como a Cristo, con la fuerza de la fe; al Papa le queremos, le respetamos y le escuchamos, porque en su voz estamos escuchando a Cristo. De una forma más bella llamaba santa Catalina de Siena al Papa: “El dulce Cristo en la tierra”.

Os pido a todos vosotros, queridos diocesanos, que elevéis hoy una oración especial por nuestro Papa Francisco, sucesor de Pedro y Vicario de Cristo; rogad al Señor que le siga dando la fortaleza para animarnos a mantener la unidad de la Iglesia, la sabiduría que nos enseñe a conocer y amar más al Señor, y la santidad para que aprendamos de su testimonio. Donde está Pedro, allí está la Iglesia y su misión fundamental es trabajar por mantener las notas que la caracterizan: una, santa, católica y apostólica. Los cristianos debemos valorar esto y unirnos con todas las fuerzas para que brille siempre la voluntad de Dios en su Iglesia.

¡El Papa Francisco es el dulce Cristo en la tierra! ¡Muchas felicidades, Santo Padre, la Iglesia de Cartagena está en comunión con el sucesor de Pedro, le queremos, le respetamos y le escuchamos!

+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena

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