Al abrir la puerta

Virtud y Necesidad

¿Qué hace que la Semana Santa sea «Santa»?

No es una pregunta baladí en estos días de confinamiento, en esta situación de cuarentena, en la que encerrados en casa, poco del ambiente de solemnidad religiosa habitual –sin procesiones, sin cultos abiertos- tenemos.

Si a simple vista es fácil –y así lo vive mucha gente- señalar su categoría cultural y popular, la del folclore y la tradición, lo que hace especial y diferente a esta semana, en estos días de confinamiento es bueno preguntarnos qué hace santa a esta semana que no es la semana santa habitual.

Desde luego que es la semana de la memoria central de los misterios de la fe del cristianismo, con el corazón en el triduo Pascual que comenzamos mañana Jueves Santo, el centro de nuestra experiencia creyente. Rememorar la pasión, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret, el Cristo, significa vincularnos con el origen de nuestra fe.

Pero no es ni puede ser sin más una memoria de recuerdo. El origen de nuestra fe, aun cargado de símbolos y relecturas, no es mítico ni fuera del tiempo. Es un origen que siendo concreto e histórico continúa interpelándonos hoy. Rememoramos, actualizamos un momento y un tiempo histórico real, una presencia histórica real y concreta que vivió unos acontecimientos concretos y reales, evidentemente, pero son acontecimientos que se prolongan en la historia como ondas en un lago que nunca se agotan. Que continúan hoy mostrándonos quién era Jesús, y quién podemos ser nosotros.

Ahí hay una primera clave que puede hacer santa a esta semana santa. Que no sea solo memoria, que sea actualidad, que nos permita ahondar qué significa el misterio pascual hoy, aquí, encerrado en mi casa, para mí y los míos hoy.

Y de la mano de eso, nace una segunda clave que da sentido a la dimensión de santidad de esta semana.

Antropológicamente lo sagrado, lo santo, era lo apartado para la divinidad, lo consagrado a Dios. Y apartados vivimos los cristianos y no cristianos estos días por la crisis del Covid-19. Vivimos fuera de lo habitual, fuera de lo normal, fuera de como siempre celebramos estos días. Supongo que se trata, nunca mejor dicho, hacer de la necesidad virtud, pero también en esto, puede ser un regalo este tiempo. El regalo de apartarnos y separarnos para vivir esta semana de otro modo que la haga santa…

Multitud de recursos nos pone a disposición toda la Iglesia en sus carismas y familias para vivirla y hacer que sea santa de verdad –reservada, separada, consagrada- y quizás hasta sea la mejor ocasión para dejarnos empapar de la gracia del memorial, sin ambiente vacante y festivo que tantas veces nos distraía, y que puede precisamente ayudarnos a vivirla de un modo más personal y propio.

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