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Rincón Litúrgico

Viernes Santo, por José Borja

Hoy conmemoramos el acto supremo de AMOR.
La crucifixión no fue un acto aislado, sino una culminación de una vida comprometida. Así como el Buen Pastor da la vida por sus ovejas. La Cruz no es un adorno, ni un objeto de culto, ni un amuleto. Es un signo. La cruz muestra hasta dónde llega el amor y la generosidad de Jesús, que no dudó en su entrega. El mismo Jesús que murió en la Cruz, es el mismo que Resucita. Es decir, el misterio de Cristo es que, muriendo, destruyó la muerte, y resucitando, restauró la VIDA, y nos hace participar de la Eucaristía.
Por tanto, el misterio de la cruz nos desvela que toda la entrega generosa no acaba en la muerte, sino en la Vida, y en vida que no se termina.

La lectura del profeta Isaías, nos describe la pasión salvadora y gloriosa del Siervo de Yahvé. Su exaltación está garantizada desde el principio, aunque su figura dolorida sobrecoja de espanto a cuantos la contemplan.
El siervo descubre que su dolor, será para redimir el pecado del pueblo. Sufre en lugar del pueblo. es despreciado y evitado por los hombres.  Acepta el plan de Dios, consciente que le llevará a la muerte, pero que no quedará ahí, sino que resucitará y constituirá su exaltación gloriosa.

Salmo: Padre a tus manos encomiendo mi espíritu. Este salmo, es recitado por Jesús en la cruz. Aquí se unen la confianza, el dolor, la soledad y la súplica. Un varón de dolores, que a pesar del sufrimiento, sigue adelante por amor.

En la segunda lectura, de la carta a los Hebreos, subraya la condición humana de Jesús, esencial para el sacrificio y el sacerdocio. Jesús, es el único Sumo Sacerdote, porque además de hombre es el Hijo. Aquí vemos, como desarrolla el sufrimiento de la Victima que se inmola en la Cruz. Muestra una perfecta obediencia al Padre.

El evangelista Juan, nos muestra el relato de la Pasión de Jesús y contempla a Cristo glorificado. En la propia pasión, lo hace Rey triunfador que ha vencido al mundo. Lo vemos también en el pretorio, cuando es coronado de espinas, y es proclamado. Siendo reo, es Rey y Juez. Es el Nuevo Cordero Pascual. Es la fuente de los Sacramentos de la Iglesia que manan de su corazón.
Es curioso cuando el Evangelio dice que Jesús, después de tomar vinagre dijo: “TODO ESTÁ CUMPLIDO”, porque en esta frase, encierra toda una vida que ha desgastado. No le queda nada más por dar. Ha derramado hasta la última gota de sangre. Él entrega el espíritu al Padre, para que después, ese espíritu que da la Vida, vuelva para quedarse con nosotros en Pentecostés. Jesús ha sido destrozado por el mal. Hoy, es un día para ponernos delante del Crucificado y reafirmemos nuestra fe. Gracias a él y a su amor hasta la muerte, se ha roto el pecado. Jesús muere por amor. Jesús ha muerto por ti y por mí. Solo el amor de Jesús y su entrega incondicionalmente hasta las últimas consecuencias nos salvan.
Adoremos hoy la Cruz de Cristo. Ese árbol donde fue y estuvo clavada la Salvación del mundo.

Pidamos a nuestra Madre, que nos ayude a ser sensibles ante tantos “Siervos de Yahvé” y sepamos concretizar en nuestra cotidianidad nuestras actuaciones frente al dolor que muchas veces estamos impasibles.

 

 

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