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Vidas para Dios y para los hermanos, por Lluís Martínez Sistach, cardenal arzobispo de Barcelona

Vidas para Dios y para los hermanos, por Lluís Martínez Sistach, cardenal arzobispo de Barcelona 

¿Hemos pensando en el servicio que hacen los religiosos y las religiosas en la Iglesia y en la sociedad? Hay muchísimas personas y muchas familias que tienen relación con estas personas consagradas a Dios. Pensemos en colegios, residencias de ancianos, hospitales, mundo de la marginación, etcétera. Y aunque el hecho de ser sacerdote ha perdido relevancia social y el de ser servidor de la fe y del Evangelio de Jesús no tiene mucho reconocimiento público en la sociedad actual, el trabajo de los sacerdotes y diáconos en las parroquias es socialmente muy valioso, como se demuestra especialmente en estos tiempos de crisis económica.

Este domingo celebramos la Jornada de Oración por las Vocaciones a la vida consagrada y al sacerdocio. Esto quiere decir que todos los cristianos somos responsables de pedir a Dios que hoy aumenten estas vocaciones, porque enriquecen la Iglesia y hacen un servicio magnífico a la sociedad. Pensemos en la tarea maravillosa que realizan tantos misioneros y misioneras en circunstancias muy difíciles.

“Toda vocación -dice el papa Francisco en el mensaje que ha hecho para esta Jornada-, a pesar de la pluralidad de los caminos, requiere siempre un éxodo de uno mismo para centrar la propia existencia en Cristo y en su Evangelio. Tanto en la vida conyugal como en las formas de consagración religiosa y en la vida sacerdotal, es necesario superar las formas de pensar y de actuar no concordes con la voluntad de Dios. Se trata de vivir un éxodo que nos conduce a vivir un camino de adoración al Señor y de servicio a él y a los hermanos y las hermanas”.

Los religiosos son hombres y mujeres que, dóciles a la llamada del Padre y a la moción del Espíritu, han elegido este camino de especial seguimiento de Jesucristo para dedicarse radicalmente al servicio a Dios y a los hermanos. Es magnífico el testimonio que dan los misioneros en los países más pobres del mundo.

Desde el inicio de la Iglesia, siempre ha habido cristianos que, movidos por el Espíritu, se han consagrado totalmente a Dios escuchando aquellas palabras de Jesús: “Ven y sígueme”. La vocación es un fruto que madura en el corazón de aquellos que están bien dispuestos a ponerse a la escucha de la voz de Cristo que resuena en la Iglesia para comprender cuál es su vocación. Haciendo mías las palabras del Papa, invito a los jóvenes cristianos a escuchar y seguir a Jesús y a dejarse transformar interiormente por sus palabras, que “son espíritu y son vida”. María, Madre de Jesús y nuestra, especialmente en este mes dedicado a ella, repite también a los jóvenes de hoy las palabras que pronunció en Caná de Galilea: “Haced lo que Jesús os diga”.

+ Lluís Martínez Sistach

Cardenal arzobispo de Barcelona



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