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Vicente Jiménez en su despedida de Zaragoza: «Entono un himno de alabanza y bendición»

Ser arzobispo de Zaragoza «ha sido para mí un honor inmerecido; un encargo, sorprendente e inesperado; un don inmenso y una grave y compleja tarea», así lo ha afirmado el arzobispo Vicente Jiménez Zamora en su misa de despedida de la archidiócesis.

Tal y como ha publicado Iglesia en Aragón, «la tarde del domingo 15 de noviembre de 2020 va a quedar en la memoria de los zaragozanos como la de la despedida de un arzobispo entregado, trabajador, cercano y afable». Vicente Jiménez Zamora, tras casi seis años de ministerio en la archidiócesis metropolitana de Zaragoza (del 21 de diciembre de 2014 al 21 de noviembre de 2020), celebraba su última misa en el altar mayor del Pilar como administrador apostólico de la sede cesaraugustana, a la espera de la llegada del nuevo arzobispo, Carlos Escribano Subías.

La celebración ha estado condicionada por las «medidas anticovid» adoptadas por el Gobierno de Aragón: un aforo reducido al 25% y la imposibilidad de que los participantes en la misa puedan cantar, además de la observancia de las distancias de seguridad y el uso de mascarillas y gel hidroalcohólico. Sin embargo, allí estaba representada toda la Iglesia: los obispos de las diócesis aragonesas, el clero de las catedrales y de las parroquias; el seminario y la vida consagrada; y los consejos diocesanos de pastoral y de asuntos económicos, formados eminentemente por laicos. También estaban los sobrinos de don Vicente: Rubén y Ana María.

A las personas que han participado presencialmente, se han unido las que han seguido la celebración a través del canal de YouTube y de las demás redes sociales de la Archidiócesis.

A todos y a todo

Al comienzo de la celebración de esta misa de acción de gracias por el pontificado de don Vicente, el vicario general, Manuel Almor, ha tenido palabras de consideración y homenaje para quien ha regido la Archidiócesis desde el 21 de diciembre de 2014: «Don Vicente se ha esforzado por llegar a todos y a todo», afirmaba. Almor, tras describir con breves y emocionadas palabras la actividad pastoral del arzobispo emérito, concluía diciendo: «Ha vivido su ministerio con entereza en los momentos de dolor y con la satisfacción del deber cumplido», al mismo tiempo que le pedía que «nos tenga presente en su oración reposada del sereno atardecer, para que nuestra Iglesia de Zaragoza, caminante, haga el camino hacia Dios».

En su homilía, el arzobispo Vicente ha tenido palabras de agradecimiento a todos los que forman parte de la Iglesia diocesana, con un especial acento en la curia diocesana, pero sin olvidar a «las familias, a los niños, a los adolescentes, a los jóvenes, a los adultos, a los ancianos, a los enfermos, a los pobres, a los inmigrantes, a los que no tienen trabajo y no pueden vivir con dignidad de personas». Acción de gracias, también, «por esa gran oleada de solidaridad que ha tenido y sigue teniendo toda la Diócesis de Zaragoza en estos momentos duros de la pandemia causada por el coronavirus, Covid-19».

El arzobispo, tras pedir perdón «porque os he podido ofender a algunos de vosotros con mis palabras, decisiones y omisiones; y sin duda habré defraudado a otros por mi tibieza y negligencias», también ha realizado tres recomendaciones finales: «Orad confiadamente al Señor para que D. Carlos sea un arzobispo bueno»; «Os exhorto a todos a que permanezcáis unidos a Cristo y entre vosotros en la comunión de la Iglesia»; «Acordados de mí en vuestras oraciones, para que viva con paz, plenitud y alegría esta etapa nueva de mi vida». Tres peticiones a las que la asamblea reaccionó con una gran ovación.

La misa, que se desarrolló como de costumbre, concluyó con la entrega de algunos obsequios a don Vicente como correspondencia al «servicio de amor» (como reza su lema episcopal) que ha desarrollado en Zaragoza, entre los que destaca un facsímil de la obra Miracula Beatae Mariae Virginis, una colección latina medieval de milagros marianos en un Codex Pilarensis de la Biblioteca Capitular de Zaragoza.

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