Cultura

Versos para despedir un curso, por Francisco Vaquerizo Moreno

patio

Versos para despedir un curso, por Francisco Vaquerizo Moreno

Porque alguien de nosotros ha de cerrar este acto,

heme aquí, esta mañana, haciendo de poeta,

intentando dejaros mis mejores palabras,

del modo más sencillo, de la forma más bella.

 

Palabras que le digan un adiós a este Curso,

que se nos ha marchado, casi sin darnos cuenta;

palabras que levanten su vuelo a las alturas

en una acción de gracias entrañable y sincera.

 

Decir adiós al Curso y dar gracias al cielo

es lo que yo pretendo con mi humilde poema.

Todas las despedidas – a mí me lo parece –

son un poquito tristes por alegres que sean;

decir adiós a un Curso, después de nueve meses,

aparte de alegrías, también tiene sus penas.

 

Que un Curso es un pedazo de tiempo compartido,

un montón de recuerdos, un ramo de experiencias,

un hondo aprendizaje de madurez humana,

un eco muy profundo de inefables cadencias.

 

Que un Curso es como un río camino de la vida,

que no detiene nunca su marcha en la ribera,

una gracia divina que pasa ante nosotros,

algo que se va siempre y algo que siempre queda.

 

¡Un Curso! ¡Un Curso! ¡Un Curso! ¿Quién puede definirlo,

si un curso es cada una y su propia conciencia

desplegada a diario sobre un cerro de libros,

de estuches, de cuadernos, de babis, de carteras?

¡Si un Curso es un inmenso salón, donde la tarde

reposa su silencio para la gran tarea

de ir enhebrando páginas y fórmulas

allá por los oscuros huecos de la cabeza!

¡Si un Curso es una larga familia, que se junta

a jugar en el patio, a rezar en la iglesia

o a esperar impacientes a quienes, cada día,

acudimos gozosos a impartir nuestra ciencia!

 

¡Decir adiós a un Curso! Una enorme alegría

por eso del verano y una nostalgia inmensa

por tantas otras cosas que no volverán nunca,

como las golondrinas de la canción aquella.

 

Decir adiós a un Curso también es darle gracias

a Dios por tantos dones a que hago referencia.

Ahora que está de moda quitar a Dios de en medio

y, en nombre del progreso, negar su Providencia;

ahora que estamos llenos, por uno y otro sitio,

de mentiras totales y verdades a medias;

ahora que se declinan tan irregularmente

palabras como amor, libertad o conciencia;

ahora que todo el mundo se siente por encima

de las moralidades y de las trascendencias,

yo levanto mi verso, como una acción de gracias,

al Señor Uno y Trino, que todo lo gobierna.

 

Entre los muchos sueños con que sueño a menudo, encarecidamente ver cumplido quisiera

el de que sigáis siendo las niñas admirables,

las muchachas creyentes, las jóvenes modestas,

las novias ejemplares, las mujeres cristianas

que tanto necesita la santa Madre Iglesia.

 

Y que todas vosotras, el día de mañana,

en cualquier circunstancia que la vida os ofrezca,

recordéis con orgullo, por encima de todo,

el nombre del Colegio y el nombre de Sigüenza.

 

…………………………………………………

 

Allá por los setenta del pasado siglo, recité este poema en el patio del Colegio San José se Sigüenza. Me ha emocionado volver a leerlo porque me ha recordado lo mayor que soy y me ha traído muchos y muy entrañables recuerdos. Ahora que llegan los finales de curso y se acercan las vacaciones de verano, quiero dedicaros estos viejos alejandrinos con mi saludo más cordial y mi súplica a Dios para que nos bendiga a todos. Francisco.

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