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Verano: tiempo para aprender, por Eusebio Hernández Sola, obispo de Tarazona

Verano: tiempo para aprender, por Eusebio Hernández Sola, obispo de Tarazona

Queridos hermanos y amigos: Con esta carta del último domingo de julio nos despedimos hasta el próximo mes de septiembre. El equipo que realiza semana tras semana nuestra publicación diocesana Iglesia en Tarazona se toma un merecido descanso en el próximo mes de agosto.

Quiero agradecer desde estas líneas el servicio de todos aquellos que colaboran con esta publicación y que facilitan la comunicación de la vida de nuestra diócesis y de las demás diócesis aragonesas. Cada semana recibimos información de la vida de nuestra diócesis y de las diócesis hermanas de Aragón. Es también importante que cada semana, a través de esta carta, me pueda comunicar con vosotros y presentaros mi pensamiento sobre diversas realidades. Durante el período que va de septiembre pasado a hoy creo que ningún domingo he faltado a la cita que cada semana tengo con vosotros.

Comenzamos una temporada del año en que muchos de vosotros gozaréis de unas merecidas vacaciones. Muchos pueblos de nuestra diócesis recobrarán la alegría de contar con la presencia de los que vivís en otros lugares. Os damos la bienvenida y queremos que vuestra presencia colaboré en mejorar nuestros pueblos.

Se abre también una época de fiestas populares que, a lo largo de los meses de agosto y septiembre, se celebran en tantos pueblos de nuestra geografía. Todas estas fiestas en honor de Nuestro Señor, de la Virgen María en sus diversas advocaciones o de santos y santas patronos de vuestros pueblos, son una llamada a revivir la fe. Celebramos a quienes son un testimonio de servicio, de amor y de entrega y nos impulsan a seguir sus huellas en nuestra vida de cada día.

No puedo olvidar a las personas y familias que pasan por dificultades, a los que viven momentos duros y a los que sufren la angustia del paro por la falta de trabajo. A todos os manifiesto mi solidaridad y mi cercanía. Ojala que entre todos sepamos buscar soluciones que mejoren todas estas situaciones.

El verano y este tiempo de descanso puede ser también un tiempo de aprendizaje. Me permito aportaros aquellas cosas en las que podemos aprender y, por lo tanto, crecer en este verano.

Aprendamos a gustar la vida. Por lo general, tendemos a acumular en nuestro interior las experiencias negativas, sin detenernos ante lo bueno y bello de la vida. ¿Por qué no dedicar unos días a vivir más despacio, gustando las cosas pequeñas y saboreando agradecidos tantos placeres sencillos que ofrece el vivir diario? Quedaremos sorprendidos de todo lo que nos regala de manera constante nuestro Padre Dios.

Aprendamos a mirar. Casi siempre corremos por el mundo sin captar apenas la vida que llena el Cosmos y sin abrirnos al misterio que nos envuelve. Es bueno tomarse tiempo para aprender a mirar el entorno más despacio y con más hondura. No se trata de afinar los sentidos, sino de captar la vida que palpita dentro de las personas, los seres y las cosas, y escuchar su eco en nosotros.

Aprendamos a sanar los recuerdos dolorosos. Para recuperar la paz es necesario curar las heridas que nos hacen sufrir interiormente. Liberarnos de los recuerdos dolorosos del pasado y de las amenazas del futuro. El verdadero arte es vivir plenamente el momento presente, aquí y ahora. El creyente lo aprende desde la fe: el pasado pertenece a la misericordia de Dios; el futuro queda confiado a su bondad.

Que este tiempo de verano nos ayude a acercarnos a Jesús con fe, el médico que nos cura y el maestro que nos enseña. Que la Virgen María que supo iluminar y transformar todo lo que fue e hizo nos ayude a contribuir y a mejorar la vida allí donde cada uno estamos.

Con todo afecto os saludo y bendigo.

+ Eusebio Hernández Sola, OAR

Obispo de Tarazona



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