Carta del Obispo Iglesia en España

Ven Espíritu Divino, por Eusebio Hernández Sola, obispo de Tarazona

Ven Espíritu Divino, por Eusebio Hernández Sola, obispo de Tarazona

Queridos hermanos y amigos: Concluimos hoy el tiempo de Pascua con la celebración de la solemnidad de Pentecostés. Nuestra voz y nuestra mente elevan nuevamente esta súplica: Envía tu Espíritu Señor y renueva la faz de la tierra. Ruego que, cada día, debemos hacer con confianza y que en este día adquiere un sentido especial.

En su reciente peregrinación a Tierra Santa el papa Francisco quiso concluirla precisamente en un lugar especialmente significativo: el Cenáculo, allí Jesucristo instituyó la Eucaristía antes de su muerte en la Cruz, allí se apareció resucitado a sus discípulos y allí la primera comunidad en torno a María, la Virgen, imploró con fe la venida del Espíritu Santo que descendió sobre ellos e hizo nacer la Iglesia.

Como decía el Papa en aquel lugar, el Cenáculo, nació la Iglesia y “nació en salida. Desde aquí salió, con el Pan partido entre las manos, las llagas de Jesús en los ojos, y el Espíritu de amor en el corazón. En el Cenáculo, Jesús resucitado, enviado por el Padre, comunicó su mismo Espíritu a los Apóstoles y con esta fuerza los envió a renovar la faz de la tierra”

Esa misma fuerza es la que hoy nosotros imploramos al Señor: Volver al Espíritu que animó a la Iglesia naciente como nos decía el  Papa: El Cenáculo, finalmente, nos recuerda el nacimiento de la nueva familia, la Iglesia, nuestra Santa Madre Iglesia, constituida por Cristo resucitado. Una familia que tiene una Madre, la Virgen María. Las familias cristianas pertenecen a esta gran familia, y en ella encuentran luz y fuerza para caminar y renovarse, mediante las fatigas y las pruebas de la vida. A esta gran familia están invitados y llamados todos los hijos de Dios de cualquier pueblo y lengua, todos hermanos e hijos de un único Padre que está en los cielos.

Ojalá también nuestra Iglesia diocesana viviera siempre en este mismo espíritu. Necesitamos volver al Cenáculo y hacer renacer la nueva familia que es la Iglesia. En este día de Pentecostés cada uno de nosotros y todas nuestras comunidades debemos unirnos implorando esta renovación necesaria que nos impulse a partir hacia el mundo para anunciar la vida nueva que el Resucitado quiere ofrecer a todos los hombres.

Sintámonos hoy enviados a ofrecer esta Buena Noticia de Jesucristo a todos aquellos que nos rodean: Como el Padre me envió, os envió yo. Y para ello no sólo contamos con nuestras fuerzas, muchas veces débiles, el mismo Jesús que envía también da el Espíritu: Recibid el Espíritu Santo. Espíritu que nos abre a una comunicación nueva y más profunda con Dios, con nosotros mismos y con los demás.  Espíritu que nos libra del vacío interior y la difícil soledad, devolviéndonos la capacidad de dar y recibir, de amar y ser amados.

Solo hace falta que abramos nuestro corazón a este don y pongamos nuestra confianza en Él. En este día hacemos nuestra las palabras de la secuencia que después de la segunda lectura elevamos a Dios:

Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus Siete Dones según la fe de tus siervos. Por tu bondad y tu gracia dale al esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno.

Con todo afecto os saludo y bendigo.

 

+ Eusebio Hernández Sola, OAR

Obispo de Tarazona

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