Valleruela de Sepúlveda cuida su patrimonio religioso (Segovia)
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Valleruela de Sepúlveda cuida su patrimonio religioso (Segovia)

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Valleruela de Sepúlveda cuida su patrimonio religioso (Segovia)

El sábado 5 de septiembre se inaugura el retablo mayor de la iglesia de San Cristóbal de Valleruela de Sepúlveda recientemente restaurado gracias a las suscripciones populares.

Hace dos años un grupo de feligreses de Valleruela de Sepúlveda se propusieron comenzar una campaña para recaudar fondos y restaurar el retablo mayor de la iglesia de la localidad. Dicho proyecto, gracias a la generosidad de muchos hijos del pueblo, se ha podido llevar a cabo. Este sábado, 5 de septiembre, las once de la mañana la restauradora ofrecerá una explicación de los trabajos realizados y posteriormente se celebrará la Eucaristía de la fiesta patronal de Valleruela en honor de la Virgen del Barrio cuya imagen ocupa el centro del retablo.

Los trabajos de restauración, que han durado tres meses, finalizaron el pasado mes de junio. Los vecinos y numerosos hijos del pueblo que regresan en verano hasta Valleruela ya han podido contemplar la belleza del retablo barroco restaurado, así como el lienzo de San Cristóbal situado en el ático y la talla de San Roque colocada en la hornacina lateral derecha, sobre los cuales también se ha intervenido. La responsable de la restauración ha sido María del Carmen Fernández Bermejo, ayudada por Taito García Bosch y Ángel Sánchez quienes han actuado bajo la supervisión de la Delegación Diocesana de Patrimonio.

El esfuerzo de la comisión de restauración —formada por Juan Barrio Barrio, Lucio Barrio de Antonio, María Teresa Barrio de Antonio, Julián Barrio Matesanz, Justo Berzal Miguel, Domingo Huerta Barrio y Pedro Moreno Barrio— y el de todos los que han querido colaborar económicamente posibilitó recaudar los 32.000 euros que cuesta el proyecto. Se han contabilizado 131 aportaciones de individuos y familias.

Escrito de los restauradores para la publicación “Jota y Enebro” de Valleruela de Sepulveda.

Comenzaré diciendo que la restauración del retablo de la iglesia de Valleruela ha sido uno de los trabajos más gratificantes que he llevado a cabo en mis años como restauradora, y ya son más de 20. No sólo por acometer un trabajo de restauración que podía ser uno más, sino porque hemos podido disfrutar durante 3 meses de la tranquilidad del pueblo, de la belleza de los parajes de la zona y sobre todo de la amabilidad Y colaboración de sus vecinos. Por tanto antes que nada nos gustaría agradecer la ayuda de Luisa y Justo, Pedro, Lorenzo, M. Tere, Lucio, Domingo, Gonzalo…y todos aquellos que en momentos puntuales nos han hecho una visita siempre con una palabra de aliento porque también tengo que decir que ha sido un trabajo duro, constante, de muchas horas pero sobre todo emocionante y abordado en todo momento con gran respeto hacia la obra.

Cuando en Semana Santa del año 2012 acudí a la iglesia y desde atrás observé el gran retablo, pensé que esta iglesia había sufrido un incendio por el aspecto tan negruzco que presentaba el conjunto. Contemplé también el lienzo y apenas se intuía que era un cuadro de S. Cristóbal que portaba al Niño en hombros. Estaba totalmente destensado y desprendido del borde izquierdo pero enseguida y desde mi experiencia lo visualicé restaurado y así se lo comenté a M. Tere. Pero si se restauraba sólo el lienzo, el retablo no podía quedar así porque el estado del soporte era alarmante debido a ataque de la carcoma, que en un principio era lo que más me asustó. Por tanto después de presentar el proyecto con la propuesta de restauración y ser aprobado, formé un equipo compuesto por Taito García Bosch, compañera de carrera y Ángel Sánchez.

EL 15 de abril y Después de montar un andamiaje modular y demás medios auxiliares el trabajo comenzó y se abordó desde el ático hacia la parte inferior retirando la suciedad superficial y polvo acumulado con aspirador y brochas de pelo suave, a la vez se iban retirando los clavos de forja, puntas oxidadas, tachuelas así como escombros, restos orgánicos de animales…

Posteriormente dado que las grietas y levantamientos de la capa de dorado eran numerosos se iban fijando puntualmente introduciendo un adhesivo en cada una de ellas con un pincel fino, combinando esta operación con la eliminación de la gruesa capa de grasa que habían dejado las numerosísimas velas que se han encendido cerca del retablo, así como las gotas de cera que las retiramos de forma mecánica con bisturí. La limpieza se realizó con mezclas de disolventes, una vez comprobado que los panes de oro no sufrían ninguna agresión, y con hisopos, que son palitos de naranjo a los cuales poníamos algodón en la punta. (Como anécdota diré que han sido necesarios 6 kg. De algodón). La operación de limpieza en el trabajo de restauración es la más delicada y larga en el tiempo, hay que respetar absolutamente el original y sólo eliminar los barnices oxidados y suciedad superficial acumulada. En este caso al retirar la gruesa capa de grasa que aportó el humo de las velas nos dejaba ver el brillo propio de unos panes de oro de gran calidad. El trabajo de dorado comenzaba poniendo una capa blanca de estuco sobre la madera tallada, sobre ésta una capa rojiza denominada bol y por último se colocaban los panes de oro. Durante el proceso de limpieza, en distintas zonas fuimos descubriendo como la capa de dorado había desaparecido de forma desigual dejando a la vista la capa rojiza de bol. Esto es más patente en la columna izquierda que enmarca la calle central pero se manifiesta en casi la totalidad del retablo. A medida que la limpieza avanzaba los vecinos nos fueron explicando que en los años 90 se realizó una limpieza desafortunada, por personas que desconocían este tipo de trabajo. Al terminar el proceso de limpieza se observa con más claridad cómo aquella intervención perjudicó al retablo en su totalidad. Ante el estado de conservación de la columna donde la capa rojiza ocupa más superficie que la capa de dorado consideramos, siguiendo las bases teóricas de la restauración actual, no reponer el oro que falta debido a que no dificulta su lectura. Si se hiciera caeríamos en falsificación estética e histórica y desde que comenzamos la intervención ha primado el respeto a la obra sin añadir elementos nuevos innecesarios. De todas formas esta columna se integra perfectamente en el conjunto y queda como ejemplo de lo que no se debe hacer ante una obra de arte.

La visión global a medida que avanzaba la limpieza iba cambiando considerablemente pero esto se acentuó al llegar al nivel de las hornacinas de las calles laterales. Estaban empapeladas en tonos verdosos, grises…aportando mucha oscuridad al retablo. Sin embargo la realidad era que bajo ese papel existía una capa de pintura al óleo roja con estofado dorado de la época del retablo. Con lo cual se retiró el empapelado de forma mecánica y se eliminó la cola utilizada para colocar el papel. Esta decisión fue consultada con el delegado de patrimonio de Segovia. El resultado es una luminosidad que enriquece el brillo de oro del retablo.

En cuanto a la hornacina central que acoge a la Virgen del Barrio, presentaba en el fondo unas cortinas de color rosa que ocultaban a su vez otras en tonos grises. Fueron descolgadas y sustituidas por un panel adaptado perfectamente al perfil del hueco y forrado con una tela en tonos rojos y ocres de motivos vegetales y geométricos. (labor que agradecemos a una vecina de Valleruela).

En el banco del retablo nos encontramos con las ménsulas que soportan el peso de las columnas salomónicas así como en las calles laterales unas tablas policromadas con sendas leyendas. Estas tablas estaban muy oscurecidas e ilegibles. Se compones cada una de 2 fragmentos de madera que estaban separados horizontalmente por una grieta y sujetas al retablo con una cuerda fuera de su marco. Tras su limpieza se puede leer con claridad inscripciones en plata que ayudan a datar el dorado del retablo. “ A HONRA Y GLORIA DE DIOS Y DE MARIA SANTISIMA SEÑORA NUESTRA DEL BARRIO SE DORO ESTE RETABLO Y SOMBRERO DEL PULPITO” siguiendo en la otra tabla “SIENDO CURA DON MARTIN DIEGO LASSO DE LA VEGA AÑO DE 1735”. En el hueco que deja el remate de la ménsula derecha de la calle central nos encontramos escondidos con unas anotaciones en trocitos de papel, caligrafía antigua y tinta oxidada (muy similar la caligrafía a la de los libros que se conservan en la sacristía del S. XVIII). En ellos se leen encargos de misas de cabo de año de vecinos de Valleruela.

A este nivel el estado del soporte es alarmante debido al ataque de insectos xilófagos (carcoma), debido a que en esta zona inferior el aporte de humedad que recibe la madera es mayor facilitando la proliferación de   estos insectos. Mención especial hay que hacer a las basas de las columnas y al templete central colocado en la calle central sobre el altar. Esto se subsanó inyectando una resina acrílica en baja proporción con el fin de consolidar y endurecer la madera.

Posteriormente se realizó reposición volumétrica en diversas zonas, basas de columnas, perfiles de molduras, remates de decoración vegetal, cornisas…Esto se realizó con distintos materiales, resina epoxy bicomponente así como madera de…

Estas zonas con pérdidas de preparación y capa de dorado fueron estucadas y reintegradas cromáticamente con un método empleado en la restauración, con el fin de discernir el retoque del original. El tono del oro , ya que no se vuelve a dorar ,se consigue empleando el color verde, amarillo y tierras trazando verticalmente rayitas con un pincel muy fino denominado este método como “técnica del rigattino” en italiano. Esta reintegración estética es visible a corta distancia e invisible de lejos.

A todo el retablo se le aplicó una resina acrílica, a modo de barniz, con el fin de proteger el oro de posibles agresiones como polvo, humedad y agentes externos.

Tengo que decir que también se restauró el cuadro de S. Cristóbal, situado en el ático y la talla en madera de S. Roque colocada en la hornacina lateral derecha.

El lienzo lo descolgamos y se restauró en la casita del consultorio, que muy amablemente nos cedió Domingo, el alcalde. Esto nos facilitó la tarea y aunque en un principio se consideró el traslado al taller de restauración de Salamanca al final se realizó en Valleruela. EL cuadro estaba destensado, muy oscurecido, suelto del bastidor en el borde izquierdo y También presentaba un desgarro en la zona central. En primer lugar diré que se empapeló el cuadro y se aplicó una cola de conejo para fijar la policromía para así poder limpiarlo sin peligro de pérdidas de la capa de óleo. El desgarro se subsanó por el reverso colocando un parche con una tela lo más parecida al original denominada lienzo Velázquez. Fue necesario cambiarlo de bastidor porque el lienzo medía más que el hueco del retablo, con lo cual dedujimos que venía de otra ermita o iglesia. Por tanto hubo que adaptarlo al hueco de presentaba el retablo. El cambio ha sido espectacular y ahora se pueden apreciar detalles que antes estaban ocultos bajo una gruesa capa de suciedad superficial como el reflejo en el agua y la viveza de los colores.

En cuanto a la talla de S. Roque, presentaba el mismo tono mate y negruzco del resto del conjunto. El tratamiento consistió en fijar los bordes de las lagunas para evitar así pérdidas de película pictórica, limpieza de la imagen y en este caso se reintegró volumétricamente la nariz ya que afectaba a la lectura de la talla. En el interior del sombrero hay pegado una papel que dice “ Se hizo este sombrero el año 1887 a devoción de Juan Gómez González”.

Hay que mencionar también que en la mesa de altar era patente el grado de desprendimiento y separación de la capa de pintura del estrato inferior, con lo cual inyectamos un adhesivo para corregir este problema, se estucaron las faltas y se retocaron cromáticamente. El tablero de la mesa estaba cubierto por una capa de cera que fue retirada con cuchillas, dejando a la vista un pino viejo de calidad. Para protegerla le aplicamos un barniz sintético.

Por último y cuando ya pensábamos en la finalización de la restauración, observé que el zócalo a modo de rodapié que presenta todo el perfil del retablo no era del color rojizo que se veía. Supongo que al tener el bisturí en la mano un restaurador siempre intenta llegar a la capa original y en ese momento fue lo que hice. Al raspar un poco delante de mi aparecían unos tonos azules de distinta intensidad a modo de marmoleado. Por tanto la capa marrón fue eliminada química y mecánicamente y dejamos a la vista los tonos azules originales. Quizás lo hubieran repintado porque estaba en mal estado de conservación y presentaba grandes lagunas pero siempre que es posible se dejan a la luz las capas de policromía que cronológicamente se corresponden con el conjunto a intervenir.

Finalmente y puesto que después de la restauración, el monumento estará bajo la responsabilidad de la comunidad parroquial de Valleruela es necesario dar unas serie de recomendaciones para el mantenimiento y de este modo extender su tiempo de vida. Hay que evitar el contacto de la obra con toda fuente de calor como calefacciones, estufas, etc. Las velas deben de estar alejadas de los elementos decorativos. Por otro lado no se deben utilizar los productos y las ceras destinados al barnizado y lustrado de madera. Totalmente inapropiado el uso de trapos húmedos para limpiar el retablo. La acumulación de polvo, que es inevitable, se podrá retirar con plumeros de pelo suave que no raspe los motivos decorativos en absoluto.

Una vez más dar las gracias a todos aquellos vecinos que con su esfuerzo han hecho posible la restauración de este gran retablo que alberga la iglesia de Valleruela de Sepúlveda.

TAITO GARCIA BOSCH

CARMINA FERNÁNDEZ BERMEJO

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