Carta del Obispo

Vacaciones y fiestas patronales, por Casimiro López Llorente, obispo de Segorbe-Castellón

Mons. Casimiro López
Mons. Casimiro López

Queridos todos: diocesanos, turistas y veraneantes: Antes de nada os saludo a los turistas y veraneantes, que nos visitáis en este tiempo de verano: Sed bienvenidos a vuestro lugar de reposo y de sosiego, a vuestra casa, que es la Diócesis de Segorbe-Castellón. Como Obispo diocesano os trasmito un cordial saludo personal y de parte de los cristianos y grupos que formamos esta familia. Os deseamos a todos un provechoso descanso y una feliz estancia entre nosotros.

Las vacaciones representan un tiempo oportuno para que el cuerpo se relaje y también para alimentar el espíritu con tiempos más largos de oración y de meditación. Son un tiempo propicio también para cultivar la amistad y la vida familiar, y para compartir, puesto que la caridad no toma vacaciones. No nos olvidemos de vivir la solidaridad. Pensemos en quienes no tienen vacaciones porque ni siquiera tienen el pan de cada día. Este tiempo de descanso puede servir para contemplar la naturaleza y sentir el valor de todas las cosas creadas, quererlas como algo muy precioso y al mismo tiempo comprender y alabar al bondadoso Dios Creador. Este sentimiento nos ha de mover a dar gracias a Dios por el don de la vida.

 

El testimonio y ejemplo, el de cada uno, ante los demás, también en vacaciones, es importante. Se ha de manifestar la fe. No puede faltar la asistencia a la Eucaristía dominical y se puede aprovechar la presencia de los sacerdotes para realizar una buena confesión sacramental. También en vacaciones Dios nos sigue hablando y sale permanentemente a nuestro encuentro.

 

Tengámoslo presente también en la celebración de las fiestas patronales en honor de Cristo, de la Virgen o de los Santos. Cuando se olvida su origen, su raíz y su sentido cristiano, las fiestas patronales se asemejan a unas fiestas paganas; para muchos ya sólo conservan el nombre cristiano. Sin embargo, celebrar a Cristo o al Salvador es una celebración de nuestra fe en Cristo Jesús, el Hijo de Dios vivo, que se ha hecho hombre, ha muerto y ha resucitado para que en El tengamos vida, la vida misma de Dios. En Cristo, Dios nos habla, sale a nuestro encuentro y nos ofrece su Amor, la verdad y el camino de la vida, la Esperanza que no defrauda y la Vida eterna. Este es el verdadero motivo de nuestra alegría y de nuestra fiesta.

 

También la celebración de la Virgen y de los Santos es un motivo de gozo y de estímulo para el presente. Tenerlos como patronos es aceptarlos como guías, protectores y ejemplo. En la Virgen María y en los Santos podemos descubrir unas actitudes dignas de ser imitadas. Ellos vivieron abiertos al misterio de Dios y de su amor, y lo acogieron en sus vidas con total disponibilidad. Ellos nos recuerdan que lo que de verdad cuenta en la existencia humana dejarse amar por Dios y amarle con todo el alma. Cuando dejamos entrar a Dios en nuestro corazón, ‘todo es gracia’, todo es amor y, por lo tanto, todo depende de la fe.  Ellos supieron acoger el misterio de Dios que irrumpía en sus vidas, confiaron en su Palabra, creyeron “contra toda esperanza”, aceptando el riesgo que siempre supone la fe, sin verlo todo claro de una vez para siempre, asumiendo con coraje las dificultades y las oscuridades del camino que emprendían. Su confianza en Dios, su disponibilidad a dejarse guiar por El los convierten para nosotros en un modelo, en un punto de referencia. Aprovechemos bien este tiempo de verano.

 

Con mi afecto y bendición,

Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

 

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