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Vacaciones y conciencia ecológica, por Lluís Martínez Sistach, cardenal arzobispo de Barcelona

Vacaciones y conciencia ecológica, por Lluís Martínez Sistach, cardenal arzobispo de Barcelona

Carta de Lluís Martínez Sistach, cardenal arzobispo de Barcelona para el domingo 18, TO, C, 4 de agosto de 2013

El verano y las vacaciones nos permiten tener un mayor contacto con la naturaleza. De ahí que el tema de la ecología recobre una mayor actualidad. El respeto al ambiente natural que nos rodea, al cosmos, a la creación, es un asunto de una trascendencia innegable.

A menudo se reitera la advertencia que la situación es seria y preocupante, porque la depauperación de nuestro patrimonio natural continúa avanzando en todas partes. La crisis ecológica es un problema moral, relacionado con el desarrollo técnico y científico actual, que tiene una dimensión que a largo plazo compromete seriamente la misma existencia humana.

Juan Pablo II, en una de sus encíclicas sociales, hizo esta observación: es conveniente “adquirir una mayor conciencia de que no se pueden utilizar impunemente las diversas categorías de seres, vivos o inanimados –animales, plantas, elementos naturales- de la manera que cada cual desee, según las propias exigencias económicas”. Una correcta conciencia ecológica ha de tener en cuenta la dimensión ética que ha de caracterizar siempre el desarrollo de los pueblos”.

En otro documento titulado Evangelium vitae –es decir, el Evangelio de la vida– escribió que “el hombre, llamado a cultivar y custodiar el jardín del mundo, tiene una responsabilidad específica sobre el ambiente de la vida, o sea, sobre la creación que Dios ha puesto al servicio de su dignidad personal, de su vida; y esto no sólo en lo que se refiere al presente, sino también en lo que respecta a las generaciones futuras.

Cultivar y custodiar. Son dos verbos muy expresivos. Cultivar es cuidarse de una cosa con respeto y amor. Custodiar incluye, además, el sentido de una especial protección, del ejercicio de una responsabilidad. El papa Francisco, que lleva el nombre del santo de Asís, patrono de los ecologistas, en la homilía de la misa del inicio de su pontificado –era la fiesta de San José, custodio de Jesús y de María- extendió a toda la creación esta actitud de custodiar. Lo dijo con estas palabras: “Quisiera pedir, por favor, a todos los que ocupan lugares de responsabilidad en el ámbito económico, político o social, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad: sed custodios de la creación, del designio de Dios inscrito en la naturaleza, guardianes del prójimo, del medio ambiente, no permitamos que los signos de destrucción y de muerte acompañen el camino de este mundo nuestro”.

No todos pueden hacer vacaciones, especialmente en las actuales circunstancias. El papa Francisco ha decidido permanecer en Roma durante su breve período de descanso. Ya lo hacía así cuando era arzobispo de Buenos Aires. Pero ya sea en la residencia habitual o fuera de ella, es preciso hacer de las vacaciones un tiempo de reflexión, de oración, de cultivo de la espiritualidad, un tiempo para la lectura, para la convivencia con la familia y los amigos, y sobre todo un tiempo de alabanza a Dios por haber dado a los hombres el jardín del mundo, un jardín que hemos de cultivar y no dañar de cualquier manera.

 

+ Lluís Martínez Sistach

Cardenal arzobispo de Barcelona



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