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Vacaciones, por Atilano Rodríguez, obispo de Sigüenza-Guadalajara

Vacaciones, por Atilano Rodríguez, obispo de Sigüenza-Guadalajara

Los medios de comunicación nos invitan estos días a extremar la prudencia en la conducción para evitar accidentes de tráfico con ocasión de los desplazamientos de muchos españoles hacia sus lugares de descanso vacacional. Si en todo momento hemos de conducir con atención, sin prisas y con un exquisito respeto a los demás, con mucha más razón debemos poner los cinco sentidos cuando nos encontramos con tráfico lento o con retenciones en los recorridos elegidos.

Las vacaciones son un regalo de Dios para quienes tenemos la dicha de poder trabajar. Durante unos días -siempre menos de los deseados- podemos abstenernos del trabajo ordinario que realizamos durante el año, para concentrar nuestra atención en algo distinto. En contra del parecer de muchos, los días de descanso vacacional no pueden limitarse a no hacer nada. Como todo acto humano, deben tener un sentido y una orientación para que no se conviertan en un correr alocado sin un objetivo bien definido.

Entre otras cosas, durante las fechas vacacionales, el Señor nos concede un tiempo precioso para ahondar en las relaciones familiares, en el encuentro fraterno con los amigos, en la lectura sosegada de algún libro, en la contemplación del rico patrimonio artístico y en la necesaria reflexión sobre el sentido último de nuestra existencia y de nuestros actos.

Los cristianos, además, tenemos la oportunidad de intensificar la relación con Dios mediante la oración y el descubrimiento de las maravillas de la creación. La mirada serena ante la inmensidad del mar y la contemplación de la frondosidad de nuestros bosques son oportunidades únicas para serenar el espíritu y para preguntarnos desde el silencio por el autor de tanta maravilla.

En cualquier caso, hemos de vivir con la convicción de que Dios no está nunca de vacaciones. Él nos acompaña con su amor y protección en los momentos de ocio y en los tiempos de actividad. Por eso, en todo momento, hemos de agradecer al Señor los dones recibidos de su mano y las maravillas que nos permite realizar a lo largo de la vida gracias a su ayuda providente.

 

Si no podemos pasar por alto la presencia sanadora y salvadora de Dios, tampoco deberíamos olvidar a quienes no pueden disfrutar del merecido descanso al no contar con los recursos económicos para poder hacerlo. Sobre todo, hemos de recordar cada día a los miles de hermanos, que se ven sometidos a un descanso forzado e indeseado  por la falta de trabajo. Ellos, aunque lo deseen, no pueden irse de vacaciones y siguen esperando nuestro cariño, solidaridad y colaboración económica para hacer frente al momento presente.

 

En este sentido, al conmemorar el cincuenta aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, nos viene bien recordar las primeras líneas de la Constitución “Gaudium et spes”, cuando dice: “Los gozos y las esperanzas, la tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón” (n. 1).

Que el Señor conceda experimentar su paz, amor y consuelo, tanto a los que tienen la  posibilidad de disfrutar de unos días de vacaciones como a quienes se ven forzados a permanecer en sus domicilios por falta de recursos económicos. Para todos, felices días y provechoso descanso.

Atilano Rodríguez, obispo de Sigüenza-Guadalajara

 

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