V Centenario del Caballero de Gracia
Firmas

V Centenario del Caballero de Gracia

V Centenario del Caballero de Gracia

102 años de amistades, iniciativas y santidad

El 24 de febrero de 2017 se cumple el V Centenario del nacimiento en Módena (Italia) de Jacobo Gratij, el Caballero de Gracia, que alargó su vida hasta morir en Madrid a los 102 años.

Con una personalidad en verdad polifacética, Jacobo Gratij fue un hombre con gran capacidad de empatía, un claro afán de santidad, una eficiente preocupación social y, además, supo hallarse en el sitio oportuno en momentos oportunos. Ilustrémoslo escuetamente, partiendo de tres nombres famosos y luego de otros temas, al tiempo que emplazo a la lectura de la reciente biografía que he escrito con José María Sanabria, El Caballero de Gracia. Vida y leyenda (Palabra).

Castagna. Treinta años fue Jacobo secretario y verdadero amigo del futuro papa Urbano VII. Se conocen en la Universidad de Bolonia y juntos se trasladan a Roma en 1548. En 1551 viajan a París, donde a sus 30 años Castagna demuestra extraordinario talento diplomático al lograr una paz entre España y Francia, lo que le vale el episcopado. En 1562 acuden a la 3ª sesión del Concilio de Trento.

El 1565 llegan a Madrid en la comitiva que viene a juzgar al arzobispo primado Carranza, en la que figuran tres próximos pontífices: Gregorio XIII, Sixto V y Urbano VII. Durante la nunciatura de Castagna, Jacobo será enlace fiable y viajero para concertar la Liga que vencerá en Lepanto y desbaratará el peligro turco. Al poco de terminar en España en 1572, pasan a la nunciatura en Venecia. En 1575, Jacobo regresa solo a Madrid. Castagna todavía le llamará en 1579 para que le asista en la presidencia de una conferencia de paz inalcanzable entre españoles y flamencos, celebrada en Colonia. Después, Jacobo se instala definitivamente en Madrid.

Felipe II y princesa Juana. En su primera estancia en España, Jacobo no deja de ser sin más el secretario del Nuncio Castagna, pero pronto se gana la estima del mismísimo Felipe II, a cuyo despacho tendrá siempre un acceso bastante expedito. Con Juana, hermana de Felipe, viuda del príncipe heredero luso y madre del rey Sebastián de Portugal, los contactos adquieren gran visibilidad, pues ella es la que en 1571 obtiene de su hijo, para Jacobo, el hábito de Caballero de la Orden de Cristo, que vestirá de por vida. De ahí el título de Caballero de Gracia, al castellanizar su apellido.

Lope de Vega. El Fénix de los ingenios es el más famoso y acaso el mejor de los amigos artísticos que el Caballero de Gracia mantuvo con literatos, músicos y artistas del Siglo de Oro español: Tirso de Molina, Alonso Remón, José Valdivieso, Tomás Luis de Victoria… Lope se inscribió en 1609 en la asociación eucarística fundada por Jacobo, de la que llegará a ser Padre Mayor. Escribirá para el Caballero un auto sacramental, un rosario para canto, sonetos, villancicos y otras poesías.

Fundaciones. Hay constancia de que el Caballero de Gracia realizó o apoyó directamente, entre 1571 y 1604, estas seis fundaciones en Madrid:

Convento del Carmen Calzado. Además de apoyo pecuniario, su intervención fue decisiva para el arranque mismo de la fundación el 17 de enero de 1571, sorteando osadamente el veto administrativo y ganando por la mano a Felipe II, con quien protagonizó una anécdota inaudita. Sobrevive la parroquia del Carmen.

Hospital de los Italianos, con iglesia de San Pedro y San Pablo. Contribuyó a fundarlo, junto con otros connacionales. Estaba situado en Carrera de San Jerónimo, en los actuales despachos del Congreso de los Diputados. Derribado en el siglo XIX, el Estado español donó a la Santa Sede, a cambio de la iglesia, la actual basílica pontificia de San Miguel.

Colegio de Nuestra Señora de Loreto. El Caballero tuvo la idea, le dio nombre y se volcó en promover esta institución para niñas huérfanas ?Felipe IV la recambiaría a señoritas con pedigrí?, ubicada entonces en calle Atocha y hoy al final de O’Donnell.

Hospital de Convalecientes. Colaboró con un experto hospitalero, el Siervo de Dios Bernardino de Obregón. Hoy desaparecido, se hallaba en la calle San Bernardo.

Convento de la Concepción Franciscana. Donación íntegra en 1604 de su propia casa y del templo anejo, tras fracasar la cesión a unos desagradecidos Clérigos Menores. Desamortizado en el siglo XIX, subsiste en la calle Blasco de Garay.

Congregación de los Indignos Esclavos del Santísimo Sacramento. Hoy llamada Asociación Eucarística del Caballero de Gracia, persevera con pujanza en el Real Oratorio homónimo y mantiene viva la memoria del Siervo de Dios.

El actual Oratorio, espléndida obra neoclásica de Juan de Villanueva, se levantó a finales del siglo XVIII en la misma calle del templo de las concepcionistas, a 100 metros de distancia. Reemplazó a otro anterior, edificado hacia 1650, que hubo que demoler.

Ordenación sacerdotal. En 1588, el Caballero de Gracia es ordenado sacerdote. Hasta entonces había permanecido soltero, trabajando en la Nunciatura en Madrid como consejero seglar, estimado tanto por su diligente laboriosidad como por su provechosa experiencia de contactos con prohombres españoles. Tras ordenarse, proseguirá en la Nunciatura hasta 1593 e incluso, ya en calidad de clérigo, durante un tiempo ejercerá de Abreviador, hoy diríamos Encargado de negocios, en ausencia del Nuncio.

¿Por qué se ordenó sacerdote con más de 70 años? Mi conclusión es que tomó tan ejemplar decisión por dos motivos: de un lado, por un afán humano de no parar, de no jubilarse; y de otro, por sus ansias sobrenaturales de seguir trabajando lo más eficazmente posible en pro de la Iglesia y de las almas. Mientras el cuerpo aguantara, que lo hizo hasta bien entrado el centenar de años.

En la iglesia que edificó junto a su casa, donde tenía los cultos la boyante asociación eucarística que fundó, se propuso atraer a los fieles mediante una predicación muy esmerada, así como con la mejor música, instrumental o vocal. También alentó la fundación de hermandades y asociaciones en numerosas parroquias y templos madrileños.

De 1548 a 1553, durante su estancia romana, Jacobo Gratij trató a san Felipe Neri, que entre otras cosas le enseñó a armonizar las obras de piedad con las de caridad. De ahí que, además de iniciativas sociales, su vida de oración gozara ya de cierta intensidad antes del presbiterado, y simplemente la acrecentó algo más al recibirlo.

Muerte y proceso de beatificación. El Caballero de Gracia murió el 13 de mayo de 1619 con fama de santidad y en olor de multitudes. Remón describe de visu una gran representatividad social. Sepultado el mismo día en su iglesia, durante los doce siguientes se sucedieron funerales por parte de las numerosas órdenes y congregaciones religiosas radicadas en la Corte, que trajeron consigo sus predicadores de campanillas.

El sucesor inmediato del Caballero al frente de la asociación eucarística, san Simón de Rojas, trinitario, actuó con diligencia en la preparación del futuro proceso de beatificación. Antes de morir en 1624, todavía pudo conocer al dominico nombrado postulador de la causa. De esta se sabe que tuvo cierto recorrido, pero lamentablemente no llegó a ningún puerto, por mal gestionada y no rematada, con el agravante de que, en algún momento del siglo XVII, se extravió toda la documentación.

Los varios intentos de reabrir la causa no dieron fruto. Ahora se han retomado con brío: ya hay postuladora, así como la necesaria comisión de historiadores (catedráticos y titulares universitarios), estampas devocionales, hojas informativas y, sobre todo, favores atribuidos a la intercesión del Caballero de Gracia, algunos llegados de Colombia.

La leyenda. Desde mediados del siglo XIX persigue al Caballero una leyenda populachera y pegadiza, de tenorio y casanova, “terror de padres y esposos”. Tirando del hilo de su curioso título, se la inventó enterita un desaprensivo fabulador. Quizá fuera defecto de la época, como saben en Compostela a propósito del Maestro Mateo. En cualquier caso, gracias también al éxito de la zarzuela La Gran Vía y de su airoso vals del Caballero de Gracia, a nuestro hombre le cayó encima un baldón infundado, injusto e insultante, del que resulta francamente difícil desprenderle.

Rematemos. Cuando tantas instituciones y realidades eclesiales han desaparecido en estos cuatrocientos años, ¿no supone una prueba de la santidad del Caballero de Gracia que permanezcan en pie sus tres principales y últimas fundaciones: el oratorio, la asociación eucarística y el convento concepcionista que lleva su nombre? Tal parece, sin duda.

José Ramón Pérez Arangüena

Vicerrector

Real Oratorio del Caballero de Gracia

GD Star Rating
loading...
GD Star Rating
loading...
Print Friendly, PDF & Email