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Uno de cada cinco gallegos se encuentra en situación de exclusión social

Informe sobre exclusión y desarrollo social en Galicia

Esta mañana se presentó en Santiago el Informe FOESSA sobre Exclusión y Desarrollo social en Galicia 2019, un relato del momento de incertidumbre en el que nos encontramos. Lo que se desprende es que uno de cada cinco gallegos se encuentra en situación de exclusión social. Ese el fruto de la investigación realizada por la Fundación FOESSA a través de la Encuesta sobre Integración y Necesidades Sociales 2018, reflejando cuáles son las características del eje integración-exclusión social, que van mucho más allá del tradicional modelo de análisis centrado en la pobreza monetaria y la privación material. Lo que el informe ofrece es una descripción muy detallada en datos que explican la situación de las personas y los hogares en situación de exclusión en Galicia. Una comunidad con niveles elevados de envejecimiento, tasas reducidas de pobreza monetaria y desigualdad de renta, y un gasto social ligeramente superior a la media estatal.

El informe es «una mirada a nuestra cohesión social para analizar cómo vivimos y reaccionamos ante la gran recesión, cómo estamos enfocando la salida y cuáles son las consecuencias de la crisis en la poscrisis», en palabras de Guillermo Fernández Maíllo, coordinador de la investigación y miembro del Comité Técnico de la Fundación FOESSA, pronunciadas en la presentación oficial del documento durante un encuentro periodístico que presidió el obispo de Mondoñedo-Ferrol, Luis Ángel de las Heras Berzal, prelado acompañante de las Cáritas en Galicia, que animó a los presentes “a superar la lacra que representa la exclusión social”.

El director de Cáritas Diocesana de Santiago y coordinador de las Cáritas de Galicia, José Anuncio Mouriño Raño, señaló que el informe “es una fuente de referencia fundamental en nuestro diagnóstico social y representa el esfuerzo que desde Cáritas hacemos por lograr un diagnóstico ajustado a la realidad que nos permita poner en marcha actuaciones efectivas y adaptadas a cada problemas en cuestión”.

Población envejecida

El contexto demográfico de Galicia se caracteriza por una notable pérdida de población a lo largo de los diez últimos años y que, en esta Comunidad, ha caído un 2,6%. Se aprecian tasas de envejecimiento muy superiores a la media española, una reducida capacidad de atracción de población inmigrante y una tasa de fecundidad debajo de la media nacional.

Modelo de integración

En el informe se da cuenta de que el modelo de integración es frágil: el 41,6% de la población gallega se encuentra en una situación precaria y cuenta con una alta tasa de vulnerabilidad social. Casi uno de cada cinco gallegos –470.000 personas— se encuentra en situación de exclusión social. El 9,1% de la población –245.858 personas– está en una situación de exclusión moderada y el 8,4% –226.946 personas– en exclusión severa.

La vivienda excluye

La vivienda es un motor elemental de la desigualdad y un factor clave en las dinámicas de exclusión social. En Galicia, la vivienda ha pasado a ocupar el primer lugar como causa generadora de exclusión social, desplazando a las dificultades relacionadas con el empleo, en el ámbito de las personas y hogares con mayor dificultad. En la comunidad autónoma el 64,9% de las personas en exclusión se encuentran afectadas por esta dimensión.

En el Informe se pone de relieve que el elemento de mayor exclusión es la vivienda: el 28,3% de la población residen en viviendas inseguras y el 18,9% en viviendas insalubres.

En lo relativo a los hogares, el 30% de familias numerosas, el 23,3 % de familias con hijos y el 22% de familias monoparentales están en situación de exclusión social. Se constata una mayor feminización de la pobreza: el 20% de los hogares sustentados por mujeres están en situación de exclusión.

Mercado laboral

La desigualdad en el mercado de trabajo está imponiendo el discurso de que el éxito final reside en la consideración del empleo como un privilegio y no como un derecho. El desempleo, y la precariedad, manifestada en temporalidad, parcialidad e itinerarios cíclicos que alternan períodos cortos de empleo con otros de desempleo, generan trabajadores pobres y excluidos, y limitan las posibilidades de integración de muchos colectivos.

Como dato a tener en cuenta es que el 12,3% de las personas que trabajan se encuentran en exclusión social en Galicia, y el 3,6% en pobreza severa.

El desempleo, a pesar de su reducción progresiva y de mejorar todos los indicadores relacionados, es una realidad persistente. La desigualdad en el mercado de trabajo está imponiendo el discurso de que el éxito final reside en la consideración del empleo como un privilegio y no como un derecho. La precariedad laboral se ha convertido ya en una forma de vida estructural en nuestra sociedad. Ello se refleja en que la tasa de trabajadores pobres es del 12,2 %, y que del total de la población excluida, 4 de cada 10 está trabajando, lo cual rompe la idea de que un puesto de trabajo y un salario saca a las personas de las situaciones de exclusión.

Los datos de la Encuesta FOESSA sostienen que cuando uno nace y se cría en un hogar con escasos bienes materiales y con ingresos reducidos aumentan las probabilidades de heredar la exclusión, lo que, desde la infancia, continúa limitando las capacidades de las personas menos afortunadas.

Aumenta la desigualdad

En la ponencia conjunta titulada “La sociedad desordenada e insegura. Riesgos globales a los que nos enfrentamos”, presentada durante el encuentro por Raquel Martínez Buján y Antonio Izquierdo Escribano, profesores de la Facultad de Sociología de la Universidad de A Coruña, profundizaron sobre la crisis financiera, la pérdida de empleo y las políticas de austeridad experimentadas en la última década. Señalaron que todo esto ha originado e impulsado “el aumento de la desigualdad social”.

Consideran que se trata de un crecimiento insano, y que la pujanza de la desregulación en el marco económico y laboral “nos ha metido como sociedad en un estado de inseguridad y escasez como forma de vida”. “La precariedad –alertaron— nos está configurando como ser social y nos descompromete con la vida en común”.

Los ponentes incidieron, asimismo, en que crece la precariedad vital, existencial y cívica. “Este sentimiento de inseguridad se acrecienta en el hogar, en las relaciones intergeneracionales, en la actividad laboral y en la insatisfacción con la democracia”. E insistieron en que en los ámbitos más básicos de la vida social domina la temporalidad, la ruptura, la falta de cooperación y de reciprocidad, y “la sensación de no sentirse un actor responsable del discurrir colectivo”. “Hemos salido de la crisis más impositivos y menos dialogantes”, concluyeron.

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