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Unciti, «solo sacerdote, siempre sacerdote, en todo sacerdote»

“Un hombre honesto; molesto, pero honesto; sincero, preparado, reflexivo… Un hombre crítico, fiel a la Iglesia. Libre, y también caritativo. Un corazón inquieto”. Así calificó Ginés García Beltrán, presidente de la Comisión Episcopal de Medios de la CEE, al sacerdote y periodista donostiarra Manuel de Unciti, cuya biografía, escrita por el profesor Juan Cantavella, fue presentada en la tarde del martes 21 de enero en Madrid. Junto al autor y al obispo de Getafe participaron en el acto el presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid, Juan Caño, y la directora editorial de San Pablo, María Ángeles López Romero.

García Beltrán dijo en su intervención que se había encontrado con “una biografía rigurosa y hecha con muchísimo afecto”. “No era fácil escribirla —indicó— porque hay que mojarse; y porque hay que entrar en la historia más reciente tanto de España como de la Iglesia en España. Unciti, además, es alguien que no resultaba indiferente; podrás estar de acuerdo con él o no, te gustará lo que escribió o no, pero indiferente no dejaba a nadie. He de confesar que la lectura de la obra me ha enseñado muchísimo. También es verdad que me ha dejado interrogantes, así como el deseo de profundizar en esta época que se refleja”.

Don Ginés tuvo también palabras de elogio para el trabajo de Unciti al frente de la Residencia Azorín de periodistas cristianos, fundada por este. En este sentido, citó a Manuel María Bru cuando afirma que esa Residencia “fue una escuela de vida y de comunicación que dio excelentes periodistas y auténticos cristianos”. “¡Me parece una iniciativa tan bonita!”, señaló. “En la Comisión [de Medios] lo hemos hablado muchas veces. En España hay once facultades de comunicación de la Iglesia, y muchas veces podemos preguntarnos dónde están los comunicadores cristianos. (…) Me parece que hoy necesitamos iniciativas como la residencia Azorín. Si no una residencia, sí iniciativas para cuidar y hacer madurar y crecer a los periodistas cristianos”.

Don Ginés, que dijo que no llegó a conocer a Unciti personalmente, señaló que las dos homilías de este con ocasión de sus veinticinco y cincuenta años de ordenación sacerdotal —recogidas por Cantavella en el libro— “resumen muy bien su personalidad”. “Para entender esta —añadió— hay que entender su ser sacerdote. Estamos ante un sacerdote. Todo lo que hizo, absolutamente todo, fue desarrollar su sacerdocio. (…) En el fondo, estaba viviendo lo que aprendió en el seminario de Vitoria: «Solo sacerdote, siempre sacerdote, sacerdote en todo”».

La vida de Unciti —concluyó—, quien “tocó todos los palos y escribió en todos los medios: Ya, Vida Nueva, ECCLESIA, todas las revistas de las OMP, Iglesia viva…”, la marcaron dos acontecimientos: el Vaticano II y la transición en España, el aggiornamento y el desenganche del franquismo. “Es indudable, viendo la prensa cristiana, el influjo que tuvo en la comunicación católica”, dijo antes de recordar los dos Premios Bravos (Prensa y Especial), “no carentes de polémica”, que le otorgó la CEE.

Cinco años de esfuerzo

El autor de “Manuel de Unciti. Misionero y periodista”, el castellonense Joan Cantavella, catedrático emérito de la Universidad San Pablo CEU, explicó que el libro es fruto de cinco años de arduos esfuerzos porque, pese a lo mucho que escribió, su biografiado no lo hizo nunca sobre sí mismo y no dejó archivadores con documentos, actas o material alguno. “Trabajó incansablemente para convencer a lectores y oyentes de que el mensaje de Jesús no fue brindado para permanecer escondido, sino para expandirlo por toda la tierra”, dijo de él. Y añadió: “Difundir el mensaje cristiano era una tarea prioritaria para él; alimentar el amor a la Iglesia, también. Pero igualmente era una obsesión cercenar las ideas equivocadas que han arraigado en los malos hábitos que se han creado en las estructuras eclesiales después de tantos siglos. Contribuir a la renovación de la Iglesia desde una posición sincera, profunda y dinámica, era una actitud que no abandonó jamás, aunque le miraran con malos ojos quienes no tienen más aspiración que conservar, incluso lo caduco y podrido”.

El presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid, Juan Caño, se refirió a la obra de Cantavella como “un libro escrito por un amigo sobre la vida de un amigo”. “La tentación, entonces, era la de escribir una hagiografía, y Juan lo ha evitado hasta cierto punto. Es una obra que sobresale por la minuciosidad del trabajo de investigación”. El también presidente de la Asociación Manuel de Unciti (AMU) destacó la labor de este como “formador de periodistas, de buenos periodistas”. “La Residencia Azorín —dijo—fue una verdadera incubadora de buenos periodistas”.

La directora editorial de San Pablo, María Ángeles López Romero, subrayó por último la faceta humana del sacerdote vasco, uno de sus colaboradores en la revista RS21 (entonces Reinado Social), de la que ella fue redactora jefe. “Era tan fácil hablar con él, se aprendía tanto, respetaba tanto a su interlocutor… Transmitía cariño. A cuántos nos gustaría escucharle hoy analizar los ataques que está recibiendo el Papa Francisco, oírle hablar sobre el ritmo de las reformas, que para él seguro serían insuficientes… Y pronunciarse sobre ese catastrofismo que nos está invadiendo”. “El libro de Joan Cantavella es riguroso, pero cálido, está magníficamente escrito y se lee con enorme facilidad”, finalizó.

 

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