Firmas

Una vida de entrega por la unidad: In memoriam don Julián García Hernando

UNA VIDA DE ENTREGA POR LA UNIDAD

In memoriam don Julián García Hernando

Confieso delante de todos, que Dios rige la historia de todos los hombres, incluso sin saberlo ni sentirlo nosotros. Es un gran misterio que una joven de Castilla la Vieja, en un pueblecito de Segovia, en el cual, no había ni un protestante ni otras confesiones,-todos éramos tradicionalmente católicos-, fuera llamada para entregar su vida por la causa de la unidadde la Iglesia de Jesucristo.

Yo vengo de una familia católica con fuerte influjo religioso. Más por parte de mi padre y, en concreto, mi abuela paterna, que la hemos considerado una santa. Siempre he pensado que mi vocación y la mirada de Dios puesta en mí, es obra de mi abuela y no mía. Yo nunca fui una joven piadosa que frecuentaba mucho la Iglesia ¿Cómo descubrir la vocación en una joven normal, cuando Dios irrumpe en mi vida como un resplandor que lo llena todo y se adueña de todo mi ser? Mi fe no era madura para hacer frente a una exigencia tan grande como la que yo sentía dentro de mi. Yo no buscaba; solo sentía un fuego en lo más hondo de mi ser que me llevó a pensar que ya no me pertenecía. Alguien más grande y fuerte que yo se había hecho dueño de toda mi existencia y comprometía toda mi vida.

Pero ¿qué hacer, a dónde podía dirigirse una joven que apenas había salido de su pueblo y no tenía visión de nada? Tan solo me dejé llevar por los instintos de mi corazón. Un día por causalidad, una amiga que era maestra en el pueblo fue a Segovia y vino diciendo que el Rector del Seminario estaba fundando unas Misioneras de la Unidad. Aquello fue la visita de un ángel que me dijo: “eso es para ti”. Visité a las Misioneras de la Unidad, no sin grandes apuros por parte de mis padres y de las Misioneras. Encontré una casa humilde, calor humano, sencillez, alegría y apertura de miras… Sentí que Dios me quería allí.

En ese momento mi deseo fundamental era una entrega total a Dios sin condiciones. El trabajo que tenía que hacer no formaba parte de mi exigencia. Ha sido con el correr del tiempo, con mi oración, con mis estudios y con mi disponibilidad como ha ido calando y profundizando en el problema central del Evangelio, que no es otro que el mandato que nos dejó el mismo Jesucristo para los que íbamos a ser sus amigos o seguidores: “…ser uno como el Padre y yo somos uno… para que el mundo crea…” (Jn 17,21).

Miopciónpor trabajar y dar todo por la Unidad y la Reconciliación, ha hecho que hoyno pueda contemplar mi ser cristiana, mi vocación sino desde mi trabajo ecuménico, desde el carisma de la Unidad. El mandato de Jesús: “ser uno para que el mundo crea” es una postura tan radical, que no encuentro otro sentido a mi vida, sino es la misión de la unidad.

La experiencia de este carisma, en el que vivo centrada; el gozo de este trabajo de Iglesia, en el que me realizo; me llevan a expresar mi gran deseo de que otros puedan también gozar y vivir esta misma plenitud. Comprendo todas las opciones y me enriquecen, pero la de trabajar por una Iglesia unida y de comunión, me parece sublime, lo más santo que Dios puede conceder como misión. Si en el Evangelio existe algo central y vital es la Unidad-Comunión-Reconciliación. Encontrarse en medio de los hermanos cristianos como mensajero de la unidad, no es solo un don del Señor, sino un enriquecimiento de mi fe junto con la fe de ellos, que ha sido vivida con el mismo Espíritu de Dios.

Las Misioneras de la Unidad, una fraternidad y un carisma

D. Julián García Hernando, fundó las Misioneras de la Unidad en Segovia, a raíz del Concilio Vaticano II, con un lema: “todo por la unidad”; oración, trabajo, energía, apostolado… Su origen y constante motivación de la obra es promover la unidad de todos los cristianos y de todos los hombres en la única Iglesia de Cristo.

La búsqueda de la unidad de los cristianos, una de las pastorales más urgentes, más acuciantes en este instante, es la que puso en pie esta nueva Institución. Surge por cuanto dice el Concilio: promover la restauración de la unidad entre todos los cristianos es uno de los principales propósitos del Concilio Vaticano II.

“Para que el mundo crea”. Por eso la labor ecuménica es urgente cuando el mundo rebosa de increencia y aparece inminente la evangelización. Por eso han nacido movimientos, centros ecuménicos, comunidades consagrados a esta tarea. Así nacimos, también, las Misioneras de la Unidad, abriéndonos a la realidad, a la necesidad, a la llamada, a la vocación y misión de la unidad. En su carisma se hallan entrelazadas ambas palabras: Misión y Unidad, ambas definidoras de una disponibilidad, un reto, una entrega.

Las Misioneras de la Unidad nacimos pensando en ser Instituto Secular. Hoy somos una Institución laica de consagradas. Podemos vivir en comunidad fraterna, en la propia casa, sacerdotes, matrimonios….etc. El carisma de la unidad, abarca a todo el pueblo de Dios, pues todos estamos llamados a vivir y trabajar por una Iglesia unida y en comunión. Ha llegado el entusiasmo por la causa de la unidad: amigos o colaboradores de las Misioneras de la Unidad extendidos por toda la geografía española y en otros países.

En este apartado de las Misioneras de la Unidad, no puedo dejar de mencionar a D. Julián García Hernando: un místico y un profeta de su tiempo. Se adelantó al carisma ecuménico queriendo fundar las Misioneras de la Unidad años antes del Concilio, cuando el trabajo ecuménico estaba prohibido en la Iglesia Católica. Tuvo que esperar varios años para la fundación de las Misioneras de la Unidad. Con el tiempo, hoy vemos el carisma de la unidadcomo la acción del Espíritu que obra fuertemente según las necesidades de la época en que vive la Iglesia. En España no había mucho conocimiento de otras Iglesia y D. Julián les daba ya su apoyo, su simpatía y su amistad, contribuía con su actitud totalmente evangélica, expresada en su respeto, y prestando su atención al otro, como señal del orden establecido por Cristo en su Evangelio. Fue un gran renovador en las relaciones eclesiales, porque procuró, por todos los medios, que los fieles católicos dejarán de considerar como enemigos a los fieles cristianos de otras Iglesias. No sigo porque todo lo que se diga de él, siempre queda corto, para los que le conocimos y vivimos con él durante tantos años.

¿Cómo realizamos en la vida diaria, vuestro Carisma Ecuménico?

En estos momentos centramos gran parte del tiempo al Centro Ecuménico “Misioneras de la Unidad” que lo fundó D. Julián hace más de 40 años. El Centro es muy complejo y las actividades son muy variadas, pues la misión a favor de la unidad es muy amplia. Me voy a referir solamente a algunas actividades, pues a lo largo de los días, brotan otras muchas necesidades con las que no se contaba. Cada día puede haber grandes sorpresas. Nuestro trabajo alterna entre:

  • Cursos de formaciónbíblico-ecuménica, cuyas clases son impartidas por personas de diferentes Iglesias.

  • Favorecer el ecumenismo espiritualcon oraciones ecuménicas, dos veces al mes. Una, en el Centro Ecuménico y, otra, en una Iglesia luterana. Días de retiro interconfesionales, centrados en nuestro carisma “Siente pasión por la unidad”. Con la oración se puede hacer mucho, porque para llegar de verdad a la unidad se necesita un verdadero milagro. A Dios se llega de rodillas, y la oración es fundamental.

  • Biblioteca especializadapara estudiantes de tesis o doctorados en temas ecuménicos.

  • Revista“Pastoral Ecuménica” dedicada a la temática ecuménica.

  • Reunionesde preparación de encuentros: El Espinar, Religiosas Interconfesional, DMO (Día Mundial de Oración), Diálogo Inter-religioso

  • Además de visitas, asistencia a diversos cultos, actos especiales…

Nuestro mayor deseo es que el Centro sea un punto de referencia, de encuentro, abierto a todos los hermanos, a todas las Iglesias, para que se sientan como en su propia casa, pues un Centro Ecuménico es la “Casa de todos”, sin excluir a nadie. Entendemos que hacer unidad es hacer misión, aunque, por desgracia, no siempre que hacemos misión hacemos unidad. Y cuando no somos comunión, no estamos siendo fieles a la misión, al proyecto de Jesús.

Vivir en profundidad el carisma de la unidades una oportunidad privilegiada para vivir la fe y caminar con cristianos de otras tradiciones.

Afirmamos nuestra identidad católica al mismo tiempo que descubrimos otras tradiciones cristianas, que hemos aprendido a amar. Para mí el sueño de Jesús de que todos sus discípulos sean uno se encarnó en un ecumenismo de la vida cotidiana, con rostros concretos y ha transformado mi experiencia de fe. Ya no podría vivir de otra manera. La unidad de unos con otros en Dios ya está dada. Nosotros tenemos que vivir con tal estilo nuestra vida cristiana, que seamos capaces de descubrir la Unidad que ya está en Cristo, el Señor.

Centro Ecuménico en Santiago

Cuando me informaron de la apertura de un Centro Ecuménico en Santiago de Compostela, la noticia me pareció una noticia del Espíritu y un don de Dios. Una región como Galicia, una ciudad como Santiago, tan cosmopolita, requiere una Casa Comúnpara todos aquellos peregrinos que llegan al Santo con sus mochillas llenas de buena fe, con distintas “fes”, con distintas opciones de vida, pero todas ellas válidas y respetadas por nuestro Creador.

Para Santiago de Compostela inaugurar un Centro Ecuménico, no solo es una necesidad, sino un lugar de encuentro, acogida, fraternidad, oración, etc., que Dios envía como bendición para toda la Iglesia de Galicia y para todo su pueblo. Las Misioneras de la Unidad nos unimos a la acción de gracias al Señor por bendeciros con esta obra tan maravillosa de Unidad. Las Misioneras de la Unidad nos ofrecemos para todo lo que necesitéis, para la buena marcha del Centro Ecuménico. Y recordando a nuestro querido D. Julián García Hernando, que tanto habría disfrutado también con la apertura de este nuevo centro ecuménico, quisiera terminan diciendo con una frase suya: “ los cristianos estamos divididos porque no somos totalmente cristianos…”

Mª José Delgado

Misionera de la Unidad

Congreso Santiago de Compostela

5- 7 septiembre 2018

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