Firmas

Una puerta siempre abierta, por José-Román Flecha Andrés (Diario de León, 3-11-2012)

Han pasado cincuenta años desde la apertura del Concilio Vaticano II. Cincuenta años que han estado marcados por grandes proyectos. Pero también por serias y profundas crisis.

El Papa Benedicto XVI nos invita a recordarlo mediante la celebración de un año dedicado a la fe. Con ese motivo, el día 11 de octubre de 2011 publicó la carta apostólica La Puerta de la Fe, que, como es habitual, recoge las dos primeras palabras latinas del documento: «La puerta de la fe», que introduce en la vida de comunión con Dios y permite la entrada en su Iglesia, está siempre abierta para nosotros” (PF 1).

El Papa invita a toda la Iglesia a meditar de nuevo el gran don de la fe, así como la responsabilidad que comporta para los que han sido llamados a vivir en el mundo como creyentes en el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. Según él, esta es una buena ocasión para introducir a toda la Iglesia en un tiempo de especial reflexión y redescubrimiento de la fe.

Benedicto XVI recuerda un pasado más o menos lejano en el que “era posible reconocer un tejido cultural unitario, ampliamente aceptado en su referencia al contenido de la fe y a los valores inspirados por ella” (PF 2). Teniendo en cuenta el cambio que se ha producido en nuestra sociedad con relación a la vivencia de la fe cristiana, “habrá que intensificar la reflexión sobre la fe para ayudar a todos los creyentes en Cristo a que su adhesión al Evangelio sea más consciente y vigorosa, sobre todo en un momento de profundo cambio.

La pertenencia a la sociedad requiere una afirmación positiva, pero la pertenencia a la comunidad de fe es con frecuencia ignorada o abiertamente negada. Este desentendimiento es debido con frecuencia a la nueva fidelidad que el hombre cree deber a los procesos científicos y aun a las ofertas de la técnica moderna.

Con todo, no es éste el único punto de vista que el creyente ha de asumir cuando se trata de analizar la realidad actual. Tampoco el Papa se limita a este análisis, por demás certero. De hecho, según la carta Porta fidei, “no podemos olvidar que muchas personas en nuestro contexto cultural, aun no reconociendo en ellos el don de la fe, buscan con sinceridad el sentido último y la verdad definitiva de su existencia y del mundo” (FP 10).

Buscar a Dios era una categoría fundamental en la piedad israelita, que se remontaba a los textos bíblicos de la creación, tratando de encontrar un sentido a la existencia. También hoy son muchas las personas que andan buscando el sentido del mundo, del bien y del mal y, sobre todo, el sentido de su propia existencia. Utilizando una terminología clásica,  el Papa afirma que “esta búsqueda es un auténtico «preámbulo» de la fe, porque lleva a las personas por el camino que conduce al misterio de Dios” (FP 10).

Así que, en ese camino común y guiados por la luz de la fe,  hemos de tratar de buscar a Aquel que ha salido ya en nuestra búsqueda,

José-Román Flecha Andrés

 

 

 

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Sobre el autor José Román Flecha Andrés

José Román Flecha Andrés, sacerdote, catedrático de Teología Moral, especializado en Bioética,

José Román Flecha Andrés

José Román Flecha Andrés, sacerdote, catedrático de Teología Moral, especializado en Bioética,

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