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Iglesia en España

Una nueva catequesis, por Amadeo Rodríguez Magro, obispo de Plasencia

Una nueva catequesis, por  Amadeo Rodríguez Magro, obispo de Plasencia

Queridos diocesanos:

  1. A lo largo del mes de septiembre, una de las actividades que se ponen en marcha “de nuevo” en nuestras parroquias es la catequesis de infancia y adolescencia. Todo gira en estos días en torno a nuestros niños y jóvenes. Afortunadamente las parroquias se convierten en punto de referencia para las familias, que acuden a “apuntar” a sus hijos e hijas a la catequesis. Eso, por muchos “peros” que se le quieran poner, es una oportunidad. De un modo u otro este hecho refleja que sigue presente la conciencia cristiana en nuestra sociedad. Naturalmente no siempre al nivel deseado, porque hoy es muy bajo el sentido cristiano de muchos.
  2. Ese bajo nivel de conciencia de las familias en torno a la educación cristiana de sus hijos es hoy un reto que necesariamente condiciona todo lo que las parroquias hagan en torno a la catequesis. El modo de hacer las cosas, el lenguaje que se utiliza y el desarrollo mismo de la acción catequética queda marcado por esas circunstancias que rodean a la transmisión de la fe. En efecto, las condiciones religiosas de la familia y de la sociedad en general modifican necesariamente el estilo de la educación en la fe.
  3. Lo primero que hay que asumir es que el contexto en el que hoy hacemos nuestra catequesis es de misión: por mucho que nos duela reconocerlo, hoy no se puede dar por supuesta la fe, condición imprescindible, como todos sabemos, para que pueda haber catequesis. Nuestros niños y niñas, en una gran mayoría, llegan a la catequesis sin un previo y necesario “despertar religioso”. Hay que hacerlo, por tanto, antes de comenzar y hay que mantenerlo en todo el itinerario catequético. Ni las condiciones de origen, las familiares, ni las ambientales posteriores nos permiten garantizar una pacífica y natural transmisión de la fe.
  4. Si la situación es de misión, la catequesis tiene necesariamente que modificar sus planteamientos o, al menos, enriquecerlos: ya no es la catequesis un complemento de la transmisión de la fe que hacen la familia y el ambiente (catecumenado social). Eso desapareció prácticamente del todo en la acción pastoral de la Iglesia. Ahora toca volver a los modelos catequéticos que se acreditaron en periodos de evangelización, en concreto al catecumenado. El modelo catecumenal, que hoy es para la catequesis su impulso normativo, hace que los procesos sean orgánicos, sistemáticos, integrales, graduales, completos, elementales y mistagógicos. Cada una de estas “palabrejas” dicen muchísimo y marcan un modelo de catequesis. El catecumenado le da, por tanto, unidad y coherencia a todo el itinerario catequético, le marca el camino y le fija el objetivo: hacer cristianos. Pero hay que advertir que, para que realmente se valore la inspiración catecumenal de nuestra catequesis de infancia, el catecumenado bautismal para adultos ha de estar instituido en todas las diócesis y la catequesis de adultos ha de tener una implantación normal en todas las comunidades.
  5. En una situación de misión, la catequesis de estilo catecumenal, asume un modelo educativo: la iniciación cristiana, que es, como de todos es sabido, el itinerario catequético y sacramental, prolongado en el tiempo y recorrido por etapas, a través del cual la Iglesia acompaña el crecimiento y la maduración de la fe de nuestros niños y adolescentes hasta que se convierten en cristianos. Es fundamental que la catequesis y los sacramentos que se reciben en la iniciación cristiana estén muy bien integrados, sabiendo, eso sí, que la iniciación se realiza en los sacramentos del Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía, porque la meta de la iniciación es la vida eucarística. Este es el orden que hay que mostrar, aunque las circunstancias pastorales lo hayan modificado.
  6. Y todo esto que acabo de decir, necesario por otra parte, ¿qué tiene que ver con la organización de la catequesis? Pues mucho. Por eso ahora voy a indicar con brevedad las consecuencias para la catequesis de estos planteamientos:
  • Todos en la parroquia han de tomar conciencia de su especial responsabilidad en la iniciación cristiana. Eso se pondrá de relieve con algunos gestos que involucren a todos a lo largo del las etapas y del itinerario catequético.
  • Reconocerán, no obstante, que sobre todo se necesita a los padres, primeros y originarios educadores en la fe. Por eso éstos han de ser especialmente acompañados catequéticamente a lo largo de todo el itinerario que siguen sus hijos.
  • Se vinculará también en la responsabilidad de transmitir la fe a los profesores cristianos y a la Escuela Católica.
  • Se cuidará de un modo especial la formación de los catequistas, verdaderos artesanos de la iniciación. Se insistirá en su ser, en su saber, en su saber hacer y en su saber estar con. Y se pondrá de relieve la colaboración de todos en un proyecto común a lo largo del itinerario catequético.
  • Se cuidará de que cuantos intervienen en la catequesis de iniciación vayan tomando conciencia de que ésta ha de ser integral, es decir, para transmitir la memoria de la fe de la Iglesia pensada, celebrada, vivida y rezada a niños y adolescentes. Por eso hay que cuidar de un modo especial la pedagogía propia de la iniciación, que va más allá de una catequesis doctrinal, inspirada más bien en el modelo escolar.
  • Cuantos intervienen en el itinerario de iniciación han de ser conscientes de que están al servicio de la unidad y de la continuidad del caminar en la fe de aquellos a los que acompañan, pasándose el testigo unos a otros, para, de ese modo, asegurar un caminar coherente.
  • La parroquia ha de tener muy bien diseñado y asumido el itinerario catequético de iniciación cristiana: el despertar religioso (0-6 años). Con el catecismo “Los Primeros pasos en la fe”; la iniciación sacramental (6-10 años). A su servicio está el catecismo “Jesús es el Señor”; la primera síntesis de fe (10-12 años) y la personalización de la fe (12-14 años). Al servicio de esta última etapa está el catecismo “Testigos del Señor”.
  • Este itinerario es orgánico, sistemático, gradual y continuo y a través de él los niños y adolescentes hacen un “proceso espiritual” para una maduración integral de su fe, que ha de ser un encuentro con Cristo. Ayudará a eso el que se considere que los tres sacramentos constituyen un acto único en el que acontece la pascua de los cristianos.

Con mi afecto y bendición.

Amadeo Rodríguez Magro, obispo de Plasencia

 

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