Opinión

Una Iglesia viva

El eje central del Congreso Nacional de Laicos serán los itinerarios que los congresistas recorreremos durante la mañana del sábado; cuatro grandes caminos para seguir avanzando hacia un laicado en salida. Cada uno de ellos será debidamente contextualizado a través de una breve ponencia inicial que nos permitirá conectar los objetivos del Congreso con las líneas de acción de cada itinerario y servirá de preámbulo de las experiencias concretas que serán presentadas en las diversas líneas temáticas que los conforman.
En cierto sentido, estas cuarenta líneas temáticas han de ser vistas como necesidades identificadas en el proceso preparatorio del Congreso a las que hemos de dar respuesta como Iglesia. A través de las experiencias, complementadas con un testimonio, nos aproximaremos a algunas de esas concretas respuestas que están desarrollando hermanos nuestros desde diferentes ámbitos eclesiales. Han sido muchas y muy ricas las propuestas valoradas por la organización. Se han seleccionado las que se han considerado más adecuadas a los objetivos del Congreso, cuidando la presencia de pluralidad de carismas y la diversidad de procedencias eclesiales y geográficas.
Finalmente —no podía ser de otra manera en un congreso que tiene como claves fundamentales la sinodalidad y el discernimiento— tendremos la oportunidad de reflexionar acerca de cómo dar respuesta a los retos que hemos identificado, compartiendo qué actitudes hemos de convertir, qué procesos debemos activar y qué proyectos podemos plantear. Las propuestas se integrarán en la ponencia final.
Somos una Iglesia viva. Y queremos seguir mostrándonos a la sociedad como lo que verdaderamente estamos llamados a ser: desde nuestra santidad personal y en comunión, sal de la tierra y luz en el mundo.

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