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Una Iglesia en salida que sueña horizontes nuevos, por Luis Manuel Romero

Al cumplirse el primer aniversario de la celebración del Congreso de Laicos, el primer sentimiento que me surge es el de acción de gracias, porque este acontecimiento fue un verdadero regalo del Espíritu Santo para la Iglesia que peregrina en España, y de un modo particular, para el laicado.

Esos días de mediados de febrero del 2020, vivimos una auténtica experiencia de comunión eclesial y se pudo percibir novedad, frescura y esperanza, una imagen de Iglesia que quiere ser en salida, en diálogo con el mundo contemporáneo.

Durante este año, a pesar de la pandemia, que ha ralentizado nuestras tareas y debilitado nuestro ánimo, se está intentando conseguir que siga sonando la música del Congreso. Para ello, hay dos acciones que están sirviendo de impulso y dinamización: a) la Guía de Trabajo sobre el Poscongreso de laicos y b) la constitución del Consejo Asesor de Laicos.

La Guía de Trabajo, que recoge las aportaciones del Congreso de Laicos, no pretende ser un boceto pastoral, ni un manual de uso para poner en práctica de un modo literal en nuestras comunidades, sino que se trata de un documento muy abierto que puede tomarse como referencia orientadora de la acción pastoral de nuestras diócesis, movimientos y asociaciones. Su contenido, en el que se percibe la riqueza y pluralidad eclesial, nos ofrece nuevos caminos y desafíos pastorales, pero no agota ni la creatividad ni la libertad a la hora de concretarlo en cada realidad.

A nivel nacional, se ha constituido un Consejo Asesor de Laicos, pensado como un equipo de trabajo, de servicio, no un órgano de poder, que tiene como tareas fundamentales la coordinación de los trabajos del Poscongreso, diseñar una hoja de ruta o proyecto común para todo el laicado y ofrecer herramientas para acompañar a las delegaciones de Apostolado Seglar, movimientos y asociaciones. El Consejo aspira a ser también un canal de comunión y comunicación entre las delegaciones y las provincias eclesiásticas, entre el Foro de Laicos y los movimientos y asociaciones y también entre CONFER y las congregaciones, donde los laicos trabajan en una misión compartida con los religiosos.

Ambas iniciativas, junto a otras muchas que se están llevando a cabo en los niveles diocesanos y en el laicado asociado, pretenden tener como ejes transversales la sinodalidad y el discernimiento, sin olvidar la centralidad de los cuatro itinerarios (primer anuncio, acompañamiento, procesos formativos y presencia en la vida pública), que serán objeto de trabajo y profundización en los próximos años.

En líneas generales, lo más importante es que, a la luz del Congreso, vamos tomando conciencia de lo que significa la vocación laical frente al clericalismo, la importancia de caminar juntos (sinodalidad) y el descubrimiento del valor del discernimiento comunitario, para escuchar la voz del Espíritu Santo y el clamor de nuestra sociedad.

En esta hora, estamos llamados a ser Iglesia en salida que sueña horizontes nuevos con alegría y con esperanza, siendo conscientes de que todos nosotros (laicos, vida religiosa y pastores) nos necesitamos, porque, como afirma el Papa Francisco, en la encíclica Fratelli tutti, «los sueños se construyen juntos» (FT, 8).

Por Luis Manuel Romero Sánchez
Director del Secretariado de la Comisión Episcopal para los Laicos, Familia y Vida



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