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Un sacerdote belga, primer misionero asesinado en 2020

Se llamaba Jozef Hollanders, era belga, sacerdote Oblato de María Inmaculada, y tenía 82 años. El pasado 13 de enero se convirtió en el primer misionero en ser asesinado en 2020. Por desgracia, ya puede aventurarse que no será el último, a la vista de los números de cada ejercicio.

El Padre Hollanders encontró la muerte en Sudáfrica, un país en el que llevaba 55 años sirviendo a los más necesitados. Había llegado a esa tierra con 28 años, y a ella y a sus gentes había consagrado su vida. Hablaba afrikáans y tswana, lenguas de Sudáfrica y de Botsuana, y según su congregación «le gustaba crear nuevas comunidades cristianas».

Según ha informado la agencia Fides, de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, su cadáver fue descubierto en la tarde del día 13 por uno de los feligreses de su parroquia de Bodibe, localidad cercana ya a la frontera con Botsuana. El superior provincial de los Misioneros Oblatos de María, Padre Daniël Coryn, ha confirmado que el religioso fue encontrado atado de pies y manos y con una soga alrededor del cuello. “Una muerte terrible para alguien que dedicó toda su vida a su misión”, ha lamentado. Se piensa que el móvil del crimen pudo ser el robo. De ser así, añade el Provincial, los ladrones estaban muy mal informados, porque allí todos sabían que no tenía dinero. “Estaba al servicio de una comunidad pobre. Usaba cada centavo que poseía para su gente. Regalaba todo lo que tenía”.

El obispo de Klerksdorp, Víctor Hlolo Phalana, ha asegurado que, pese a su ya avanzada edad, el misionero belga estaba “lleno de entusiasmo, vida y dedicación», y que la comunidad ha recibido un duro golpe con su muerte. La catedral de la diócesis acoge el 22 de enero un funeral en su memoria.

Según Fides, en 2019 fueron asesinados en el mundo 29 misioneros: 18 sacerdotes, un diácono permanente, dos religiosos no sacerdotes, dos religiosas y seis laicos. Más de la mitad de esas muertes —quince concretamente— tuvieron lugar en países africanos. Y tres de las pérdidas fueron de evangelizadores españoles: el salesiano cordobés Antonio César Fernández, asesinado en febrero en Burkina Faso; la burgalesa Inés Nieves Sancho, de las Hijas de Jesús de Massac, decapitada en la República Centroafricana en mayo; y el también salesiano Fernando Hernández, salmantino, muerto ese mismo mes en Bobo-Diulasso (Burkina). Otros dos misioneros, la colombiana Gloria Cecilia Narváez, y el italiano Pierluigi Macalli, siguen secuestrados a día de hoy. En el caso de la primera, en febrero van a cumplirse tres años de su captura; y en el del segundo, en marzo hará año y medio.

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