Un proyecto en Siria para la asistencia sanitaria a los más pobres
Internacional

Un proyecto en Siria para la asistencia sanitaria a los más pobres

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¿Hospitales cerrados? Causan más víctimas que las bombas – Un proyecto en Siria para la asistencia sanitaria a los más pobres

L’Osservatore Romano, 16-2-2017

Reconstruir los corazones para reconstruir Siria. Ha sido siempre este el principio inspirador del compromiso de la Iglesia católica con la amada Siria y su población, devastada por una guerra sangrienta que dura ya desde hace siete años. Y fue el mismo principio que, hoy, sustenta el proyecto “Hospitales abiertos”, lanzado por la fundación Avsi y por la fundación Policlínico universitario Agostino Gemelli, con el objetivo de volver a poner en funcionamiento y a potenciar tres hospitales católicos: el Saint Louis de Alepo y los hospitales francés e italiano en Damasco.

La Santa Sede sigue el conflicto sirio desde que inició. Era 2012 cuando, con el impulso de Papa Benedicto XVI, el Pontificio Consejo Cor unum decidía organizar en el Líbano una primera reunión de coordinación entre algunos organismos cristianos de caridad operativos en el contexto de la crisis de Oriente Medio, de manera que la intervención de la Iglesia universal fuese lo más posible unitaria y uniforme sobre el terreno. Con el nuevo y fuerte apoyo del Papa Francisco, las reuniones se han sucedido con una periodicidad anual en el Vaticano y han llevado a diversos resultados concretos: la constitución de un “focal point” en el mismo Cor unum, con el objetivo de compartir más las informaciones entre todos los trabajadores sobre el terreno; un curso de información sobre el plan humanitario dirigido a los obispos y a sus delegados en Siria, que ha tenido lugar en Beirut en junio de 2016; dos relaciones sobre ayudas humanitarias distribuidas por la Iglesia en los epicentros de la crisis, Siria e Iraq, con el objetivo de individuar poco a poco aspectos críticos y necesidades impelentes, que se manifestaron respectivamente en 2015 y en 2016; además de las numerosas visitas al lugar.

Hoy son casi catorce millones las personas necesitadas de ayuda en Siria, de estas, once millones y medio no tienen acceso a los cuidados sanitarios (el cuarenta por ciento son niños). La reducción de la esperanza de vida es de quince años para los hombres y diez para las mujeres: de estas últimas, más de trescientas mil durante el embarazo no pueden beneficiarse de la asistencia necesaria para el parto.

Como ha denunciado más veces el cardenal Mario Zenari, Nuncio Apostólico en Siria, «en el país hoy están muriendo más personas por la imposibilidad de acceder a las curas médicas que no por efecto de las armas». Por tal razón, siento que debo expresar gratitud hacia cuantos se han comprometido directamente y generosamente con esta iniciativa. Pero también el deseo de que el proyecto Hospitales abiertos, de los cuales el cardenal es el principal inspirador, y que está dirigido a toda la población sin distinción alguna, encuentre el apoyo necesaria.

No es una casualidad que el hospital, desde la edad media, sea para la Iglesia uno de los lugares símbolo en los cuales más se manifiesta el cuidado del cuerpo y del espíritu. Ciertamente no es un desafío fácil: sino que precisamente por esto merece ser afrontada.

El Papa Francisco sigue incesantemente manifestando su propia cercanía a la población siria y a las comunidades cristianas, sin dejar de advertir a los estados y fuerzas sobre el terreno sobre los efectos de una guerra que no está llevando a ningún resultado que no haya, más violencia. Tal especial cercanía hacia «la amada Siria» el Papa ha querido expresarla también con ocasión de la visita que, junto al cardenal Zenari, he podido llevar a cabo recientemente a Alepo, bendiciendo nuestra salida y pidiendo inmediatamente información a mi regreso.

Durante los días de permanencia en aquella ciudad, en parte destruida por el conflicto, se hizo evidente lo mucho que ayuda la caridad no sólo a cicatrizar las heridas exteriores, sino además a vencer a la soledad, y a devolver la esperanza a las personas, y a hacerlas sentir parte de un único proyecto de Dios.

La población se está volviendo a poner en marcha, muestra una vivacidad inesperada dadas las circunstancias, pero tiene necesidad en muchos ámbitos de un apoyo concreto, en el cual se exprese la unión tangible con la Iglesia universal. Reconstruir las estructuras, reconstruir los hospitales desde la perspectiva de un cuidado integral de la persona, puede ser el símbolo que vuelva a encender la chispa.

Giampietro Dal Toso

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