Congreso de Laicos Opinión

Un postcongreso de todo el Pueblo de Dios

La pasada semana tuvo lugar la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española con relevantes ecos del Congreso de Laicos en los diferentes discursos oficiales y, más importante aún, con un espacio específicamente dedicado a presentar las conclusiones del mismo y a debatir algunas propuestas de futuro. Las palabras iniciales del cardenal Ricardo Blázquez, en su condición de presidente, fueron ciertamente elocuentes y conviene reproducirlas en su integridad, porque expresan muy bien no sólo lo que ha supuesto el proceso, sino también hacia dónde apunta el nuevo estilo sinodal que hemos iniciado:

En el Plan Pastoral 2016-2020 de la CEE se expresaba la conveniencia e incluso la necesidad de llevar a cabo al final de los cinco años un Congreso Nacional de Evangelización, al que se convocaría a todo el Pueblo de Dios: obispos, presbíteros, consagrados y laicos. Pues bien, con satisfacción generalizada, este Congreso ha tenido lugar en Madrid entre los días 14 y 16 de febrero, con dos mil participantes en un ambiente gozoso y alentador. La CEE encomendó la organización del Congreso a la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, que lo ha realizado excelentemente. Fue planteado desde sus inicios, hace año y medio, como un proceso sinodal, del cual ha sido relevante el diálogo en las diócesis, movimientos y asociaciones, y no como un acontecimiento puntual. El diálogo, que es inherente a la sinodalidad, interviniendo las personas con libertad y escuchando con respeto, buscando todos los caminos de la evangelización en nuestro tiempo y en nuestro pueblo, ha sido la tónica dominante. El estilo de la comunicación ha unido bellamente la transmisión de los contenidos y la forma atractiva de expresarlos. La reflexión en los grupos, con introducciones y experiencias, ha girado en torno a cuatro núcleos fundamentales para la evangelización: el primer anuncio, el acompañamiento, los procesos formativos y la presencia en la vida pública. Son cuatro itinerarios que se han venido diseñando en la fase precongresual, que han ocupado el centro en los trabajos del Congreso y que confiamos proseguir convertidos ya en acción en la fase post-congresual. Hemos podido constatar con sorpresa la riqueza y vitalidad que, en medio de la fragilidad, existe en nuestra Iglesia.

«Pueblo de Dios en salida» es pueblo enviado por el Señor. Todos, compartiendo la misma fe y disponibilidad apostólica, hemos experimentado el gozo de la fraternidad de laicos, consagrados, presbíteros y obispos. Etapas anteriores marcadas por acentos reivindicativos y de pretensiones difíciles de conjugar han pasado ya; la experiencia de la debilidad nos ha hecho a todos más conscientes de la necesidad recíproca.

Las celebraciones bien preparadas, dignas, bellas y sencillas han sido participadas con hondura de fe convertida en escucha, canto y oración. Han sido ámbito de comunidad fraternal y de descanso en el Señor.

Queremos manifestar nuestro agradecimiento a los organizadores, a todos los participantes y a cuantos han desarrollado un servicio especial en el Congreso; también, por supuesto, a quienes han preparado las celebraciones litúrgicas y cuidado con esmero su realización.

Una exclamación ha sido repetida en muchas ocasiones, que por una parte refleja lo celebrado y por otra lo soñado: «¡Hemos vivido un renovado Pentecostés!». ¡Que el Espíritu Santo conserve en todos el ardor apostólico, el gozo en la fraternidad y la decisión a salir a los caminos que se abren delante de nosotros!

El nuncio de su Santidad, monseñor Bernardito Auza, también recordó el Congreso en su saludo a la Asamblea, con unas palabras de felicitación: «Les felicito también por el exitoso Congreso de Laicos del pasado mes de febrero y que ustedes tienen en programa valorar. Fue para mí un gozo la ocasión de animar a los laicos con las palabras del Papa a no tener miedo de patear las calles, de entrar en cada rincón de la sociedad, de llegar hasta los límites de la ciudad, de tocar las heridas de nuestra gente… esta es la Iglesia de Dios, que se arremanga para salir al encuentro del otro… Que el mandato del Señor resuene siempre en ustedes: “Vayan y prediquen el Evangelio” (Mt 28, 19)».

Sin embargo, más allá de estas palabras, realmente valiosas y muy significativas, lo verdaderamente impactante es comprobar que el proceso que hemos llevado adelante con motivo del Congreso de Laicos está marcando fuertemente la concreción de las líneas prioritarias de acción de nuestra Iglesia, tanto a nivel general de Conferencia Episcopal Española, como particular, en diócesis, asociaciones y movimientos; y, sobre todo, está generando ilusión y esperanza en nuestros pastores, nuestros sacerdotes, nuestros religiosos y en nosotros mismos, fieles laicos, dándonos fuerzas para ser auténticamente Iglesia en salida.

Esta realidad evidencia lo que monseñor Toni Vadell, obispo auxiliar de Barcelona, transmitía con pasión en la ponencia final del Congreso junto a Ana Medina: «Todos nos necesitamos; todos: Obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos, laicos y laicas. Todos nos necesitamos para ser esta Iglesia en salida que anuncia el gozo del Evangelio». Podemos afirmar por ello que el postcongreso que estamos iniciando está llamado a ser, como ha ocurrido con las fases precedentes, una acción de toda la Iglesia española —no solo geográficamente hablando, sino también sustantivamente—, alentada por nuestros Pastores y conducida por todos los miembros del Pueblo de Dios.

No debemos olvidar, en este sentido, que quienes tuvimos la dicha de participar  en el Congreso fuimos enviados en la Eucaristía final a nuestras realidades eclesiales de procedencia con la misión de dar continuidad a lo que allí habíamos experimentado y vivido. Tenemos, por tanto, la especial responsabilidad de concretar en ellas, en estrecha colaboración con nuestros Obispos y nuestros hermanos sacerdotes, religiosos y laicos, las claves fundamentales a la que nos ha conducido nuestro discernimimiento sinodal.

Esas claves fueron presentadas durante la Asamblea Plenaria a nuestros obispos, quienes no sólo aplaudieron y agradecieron el trabajo realizado, sino que, además, aprobaron las propuestas que, recogiendo el sentir de las aportaciones generales del proceso, fueron planteadas por la Comisión Ejecutiva del Congreso. En esencia, las tres siguientes:

—Elaboración de un nuevo documento sobre los fieles laicos. En 2021 se cumplirán los 30 años de «Cristianos Laicos, Iglesia en el Mundo», un hito en el Magisterio de la Iglesia española que ayudó a concretar en la realidad de nuestro país las enseñanzas del Concilio Vaticano II sobre la vocación y misión de los fieles laicos. La evolución de la sociedad experimentada en todo este tiempo y la luz ofrecida por los documentos posteriores del Magisterio de nuestros Papas hacen necesario un nuevo documento que oriente a todos sobre el auténtico significado de la vocación laical y cómo vivirla en el siglo XXI en el contexto de la realidad actual de nuestro país.

—La centralidad de los cuatro itinerarios en todas nuestras acciones pastorales. En su conjunto, pueden articularse como los elementos estructurantes de los trabajos pastorales de los próximos años en diócesis, asociaciones y movimientos, lo cual nos permitirá seguir caminando unidos como Iglesia en respuesta a la misión que tenemos encomendada; también a nivel de los diferentes departamentos de la Conferencia Episcopal Española, en el marco de la nueva estructura que se pone en marcha.

—La fuerza de la sinodalidad y la confianza en el discernimiento como ejes transversales de todas nuestras acciones. Estas dos claves nos han ayudado eficazmente a crecer en comunión y a comprender que, lejos de entender los diferentes caminos en los que se concreta la llamada universal a la santidad de todos los bautizados como excluyentes, sacerdocio, vida consagrada y vocación laical son vocaciones totalmente complementarias. Desde ellas estamos llamados, en un ejercicio de corresponsabilidad y siempre en respuesta a lo que el Espíritu nos inspira, a aportar lo propio y específico de nuestra concreta misión para el bien de toda la Iglesia.

En coherencia con todo ello, se ha acordado, como modo concreto y realista de dar forma al postcongreso, la celebración de un Congreso de Laicos promovido desde la CEE, con periodicidad trienal, para ir profundizando en cada uno de los cuatro itinerarios desde las claves del discernimiento y la sinodalidad, en el que participen representantes de las diócesis, asociaciones y movimientos y en el que se presenten experiencias que se están llevando a cabo desde diferentes realidades eclesiales.

En los próximos días se concluirá el proceso de revisión y se culminará el análisis en detalle de las aportaciones de los grupos de reflexión. Se abre un camino interesante en un momento histórico apasionante. Hemos de estar a la altura.

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