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Un oásis en el desierto, por José-Román Flecha Andrés en Diario de León (23-2-2019)

Un oásis en el desierto, por José-Román Flecha Andrés en Diario de León (23-2-2019)

Como conclusión de su importante viaje a los Emiratos Árabes Unidos, el día 5 de febrero de este año 2019, el papa Francisco  celebró la santa misa  para unas 120.000 personas en la Ciudad Deportiva de Abu Dabi. El tema de su homilía fue el pregón de Jesús sobre las Bienaventuranzas.

De ese texto evangélico extraía el Papa  un mensaje fundamental: “Si estás con Jesús; si amas escuchar su palabra; si buscas vivirla cada día, eres bienaventurado”. Con toda intención subrayó la forma verbal: “No serás bienaventurado, sino que eres bienaventurado: esa es la primera realidad de la vida cristiana”.

Como respondiendo a frecuentes malentendidos, el Papa afirmó que la vida cristiana “no consiste en un elenco de prescripciones exteriores para cumplir o en un complejo conjunto de doctrinas que hay que conocer. Es sentirse, en Jesús, hijos amados del Padre. Es vivir la alegría de esta bienaventuranza, es entender la vida como una historia de amor, la historia del amor fiel de Dios, que nunca nos abandona y quiere vivir siempre en comunión con nosotros”.

Todos buscamos y añoramos la verdadera alegría. Pues bien. Vivir el amor de Dios “es el motivo de nuestra alegría, de una alegría que ninguna persona en el mundo y ninguna circunstancia de la vida nos puede quitar”.

Es verdad que las bienaventuranzas son escandalosas para muchos. Este mundo considera bienaventurados y felices  a los ricos, a los poderosos, a los que tienen éxito y son aclamados por las multitudes. “Para Jesús son bienaventurados los pobres, los mansos, los que se mantienen justos aun corriendo el riesgo de ser ridiculizados, los perseguidos”.

Cabe preguntarse si tiene razón el mundo o la tiene Jesús. Para responder basta ver cómo vivió Jesús. “Pobre de cosas y rico de amor, devolvió la salud a muchas vidas, pero no se ahorró la suya. Vino para servir y no para ser servido; nos enseñó que no es grande quien tiene, sino quien da. Fue justo y dócil, no opuso resistencia y se dejó condenar injustamente. De este modo, Jesús trajo al mundo el amor de Dios”.

El Papa añadió  que para vivir las Bienaventuranzas no se necesitan gestos espectaculares. Jesús no dejó nada escrito, no construyó nada imponente. Las Bienaventuranzas no exigen de nosotros acciones sobrehumanas. Nos invitan a imitar a Jesús, a tener limpio el corazón, a practicar la mansedumbre y la justicia, a ser misericordiosos con todos, a vivir la aflicción unidos a Dios.

Con una imagen muy sugerente en una tierra desértica, dijo el papa Francisco que quien vive al modo de Jesús purifica el mundo. Es como un árbol que, aun en la tierra árida, absorbe cada día el aire contaminado y devuelve oxígeno. De esta forma,  las comunidades cristianas pueden ser oasis de paz en medio del desierto. ¡Todo un desafío!

José-Román Flecha Andrés

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Sobre el autor José Román Flecha Andrés

José Román Flecha Andrés, sacerdote, catedrático de Teología Moral, especializado en Bioética,