El Papa en África Internacional Papa Francisco

Un misionero confiesa que la población de Madagascar está abandonada a sí misma

El Papa en Akemasoa, la ciudad de la amistad

“La mayoría de la población de Madagascar vive en la pobreza extrema causada en gran medida por la falta de distribución de los recursos de los que el país es rico”, denuncia Cosimo Alvati, salesiano con una larga experiencia de misión en Madagascar. Se refiere a las palabras del Papa Francisco contra la corrupción, según publicó hoy la Agencia Fides. “Cuando el parentesco se convierte en la clave decisiva de todo lo que es correcto y bueno, terminamos justificando e incluso “consagrando” algunos comportamientos que conducen a la cultura del privilegio y la exclusión (favoritismo, clientelismo y, por lo tanto, corrupción )”, aseguró el Papa en su homilía ayer en el campo diocesano de Soamandrakizay, a la que asistieron un millón de personas.

“Madagascar se encuentra entre los últimos 5 países más pobres del mundo. Está olvidado. Es cierto que no hay guerra, pero la gente vive con unos pocos centavos de dólar o euros al día”, explica el padre Alvati. “La población malgache siempre ha vivido en la pobreza, pero la situación ha empeorado en los últimos 10 años después del golpe de estado contra el ex presidente Marc Ravalomanana en marzo de 2009. Han aumentado los actos criminales y los robos violentos. Desde entonces, el país ha ido en caída libre: faltan alimentos básicos y medicamentos como las aspirinas, por lo que una fiebre alta es suficiente para que los niños mueran de enfermedades fácilmente curables”.

El Papa Francisco, en su visita a la Ciudad de la Amistad de Akamasoa, fundada por el padre Pedro exclamó que “la pobreza no es una fatalidad”. “En su discurso, el presidente Andry Rajoelina, desviándose del texto oficial dado a la prensa, se comprometió a luchar contra la pobreza. Veremos si se trata de un compromiso concreto o propaganda”, dice el misionero.

Finalmente, el Papa Francisco elogió a la Iglesia de Madagascar al reunirse con el clero local, calificándola de “Iglesia pobre al servicio de los pobres”. “De hecho es así porque si no hubiera dispensarios y escuelas católicas, la población estaría completamente sola”, concluye el padre Alvati.

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