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Opinión

Un mensaje de Pablo VI para España, por José-Román Flecha Andrés en Diario de León (13-9-2014)

Un mensaje de Pablo VI para España, por José-Román Flecha Andrés en Diario de León (13-9-2014)

El día 19 de octubre será beatificado el Papa Pablo VI. Este acontecimiento nos hace recordar el radiomensaje que dirigió a los españoles el día 12 de julio de 1964 con motivo del  VI Congreso Eucarístico Nacional, que se celebraba en León.     

Pablo VI comenzó evocando el lema evangélico de aquellas jornadas: “Que todos sean uno”, para subrayar “La unión, deseo testamentario de Cristo, que a sus discípulos toca realizar en constante esfuerzo… es ante todo convergencia de voluntades al centro propulsor de la vida verdadera y al norte inspirador de toda verdad”.

Seguramente Pablo VI conocía las diferentes orientaciones que empezaban a manifestarse en un país aparentemente uniforme. Por eso aprovechaba aquella solemne ocasión para invitar a la concordia a un pueblo que, en un pasado no demasiado lejano, se había visto enfrentado de una forma trágica. Según el Papa el  lema del Congreso no debía ser interpretado como un grito de defensa o de ataque, sino como una llamada a la colaboración y a la vivencia de la fraternidad.

Al dirigirse a los españoles, el Papa aludía a la paz y el entendimiento entre sus fieles. Pero también reflejaba los temores y las expectativas de un pueblo que deseaba tiempos nuevos de paz y de justicia. Un pueblo que soñaba una justa participación en la toma de decisiones para el bien común, como había escrito siglos antes el mismo San Isidoro.

Pablo VI  señalaba al pueblo español algunas perspectivas de futuro, así como los cambios estructurales que eran necesarios para el logro de una sociedad orientada por la paz y la justicia

Antes de finalizar aquel  mensaje, el Papa  incluía una vibrante exhortación a mantener la fe en Jesucristo: “Abre, España, tu alma a la esperanza. Abre tus ojos y mira a Cristo, Pastor, para que con la fuerza convincente e irresistible de su amor hermane cuanto pudiere quedar de aspereza por el dolor de horas tristes ya pasadas. Mira a Cristo, Maestro, para que con el dominio poderoso y suave de sus enseñanzas y de su programa congregue a todos tus hijos: que Él en particular asista a los que están lejos de sus lares para que no se enturbie la pureza de su fe, no se pierda la herencia de sus sanas costumbres sino que al volver a su terruño se sientan de nuevo en la comunidad de hogar, de fe, de vida que con el camino de la emigración dejaron”.

Después de mencionar la relación existente entre la Eucaristía y el ejercicio de la caridad cristiana, al que convocaba a todos los españoles, el Papa concluía su mensaje con el deseo de abundantes bendiciones para el país y sus gentes: “Que Cristo, Rey Eucarístico, bendiga el trabajo de los campos, el trajín de las fábricas, el afán de los intelectuales, el apostolado de los sacerdotes”.

Aquel mensaje de Pablo VI a los españoles no ha perdido su fuerza de estímulo y de promesa para una sociedad llamada a vivir la unidad de la fe, la osadía de una esperanza activa y el servicio de la caridad.

José-Román Flecha Andrés

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