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Opinión

Un libro para la Historia: El camino del alma hacia el Amor. Obra poética y comentarios, de Miguel de Santiago

Un libro para la Historia: El camino del alma hacia el Amor. Obra poética y comentarios, de Miguel de Santiago

Rafael Alfaro (sacerdote salesiano, poeta y crítico literario) publica el siguiente comentario en “Ecclesia”, nº 3.678, de 8 de junio de 2013, págs. 16-17.

La Universidad Pontificia de Salamanca acaba de publicar un volumen de 580 páginas con el contenido de los seis poemarios del sacerdote poeta Miguel de Santiago, un amplio comentario de los mismos, hecho por el propio autor, y otros estudios sobre la poesía mística, todo bajo el título El camino del alma hacia el Amor. Obra poética y comentarios. Un libro denso y unitario en que el escritor ha recopilado su creación poética, unida a la sabiduría de un especialista en la materia. El autor ya ha publicado libros y artículos acerca de la poesía mística española.

 

Tarea ímproba la de comentar una obra poética y mística. Es como poner puertas al campo o definir lo inefable. San Juan de la Cruz, que explicó su Cántico espiritual y su Llama de amor viva, dejó abierta su obra para que otros también pudieran interpretarla, seguro de que la prosa nunca acabaría de definir lo expresado en los maravillosos poemas. No obstante, ahí queda toda su obra.

 

Miguel de Santiago ha sido tan generoso que también nos ha ofrecido el comentario de sus libros poéticos, haciendo de ellos un verdadero itinerario espiritual de doctrina mística que le agradecemos. Aunque, como sabemos, primero fue la creación poética y, posteriormente, la interpretación doctrinal, de acuerdo con el proceso clásico de las vías purgativa, iluminativa y unitiva.

Al mismo tiempo que aprecio su obra y los pormenores de la misma en un trabajo y una dedicación tan extraordinaria, admiro el enorme atrevimiento de su publicación. Corremos unos tiempos difíciles para la lectura de la poesía, y hostiles especialmente hacia la poesía religiosa. Son poco rentables las publicaciones de este género literario. Por eso mismo parece como un milagro la edición de una obra como la presente. Tanto el autor como los editores han tenido fe y coraje para publicar en estos tiempos un volumen ciclópeo como éste, compendio de espiritualidad y de poesía.

 

El autor nos ofrece sus libros poéticos ya publicados, seis libros que son como su fe de vida:

 

Catálogo de insomnios (1967-1975), que anuncia una producción profundamente humana y religiosa.

 

Parábolas del sueño (1996), obra de inspiración bíblica, con un lenguaje poético de gran riqueza. El poeta afirma su sentido teológico y místico y subraya la esperanza frente al dolor, al desengaño y la angustia del hombre. La tensión del hombre hacia lo absoluto es el eje temático que lo invita a reencontrar el sentido y la unidad del mundo y de las cosas del espíritu, según María Dolores de Asís.

 

Vigilia, Premio Mundial Fernando Rielo de Poesía Mística 1996. Aquí, «Miguel de Santiago, con la palabra irradiante y el estilo de un poeta temporal e intemporal a la vez, ha escrito un libro inefable que le convierte en el máximo poeta religioso de hoy», escribe el crítico Florencio Martínez Ruiz. Como indica su título, el libro sigue la liturgia de la vigilia pascual. En mi opinión, Vigilia es el poemario cumbre de este poeta, en el que nos ofrece una poesía mística perfectamente estructurada y con poemas intensos y definitorios. Es muy significativo el pregón pascual, en el que el poeta anuncia la alegría al mundo ante el misterio de la resurrección de Jesucristo.

Recordatorio, Premio Antonio Machado de Poesía 1997, nos presenta una poesía para comunicar la esperanza. «En la presente obra –escribí en la revista Reseña– nos ofrece Miguel de Santiago un verdadero recordatorio con motivo de la muerte de su padre. Un recordatorio no al uso, sino alargado en diecinueve poemas que constituyen una inmensa elegía; y de un poeta, también palentino, que sigue la línea tradicional manriqueña de escribir ante la muerte de su padre». Un libro en el que encontramos las dimensiones humana, literaria y religiosa de un gran poeta.

Variaciones sobre una partitura de Vivaldi, Premio de Poesía Provincia de Guadalajara 2001. Siguiendo el sentido de Las cuatro estaciones de la obra musical del compositor veneciano, Miguel de Santiago nos ofrece en estos poemas una conjunción de música y poesía para situar la vida del hombre y de su itinerario hacia Dios.

 

La siega, libro inédito y heterogéneo,  consta de veinticinco poemas que, según nos dice su autor, «se nutren de esa confianza en un Dios que siembra, un Dios que cuida, un Dios que nutre, un Dios que riega… y un Dios que siega y recoge la cosecha en el tiempo oportuno».

 

 

El poeta comenta su obra

 

Es éste un apartado extenso y muy importante del volumen, en el que Miguel de Santiago hace su propio comentario a los seis libros de poesía. Poema tras poema va desentrañando el contenido de las composiciones poéticas y descubriendo su sentido místico. Lo que, en realidad, nos parece una obra clara y sencilla, deviene de pronto en unos poemas simbólicos, ampliamente abiertos a un sentido religioso, camino franco del alma hacia Dios. Estamos ante una poesía bisémica en la que tras el sentido concreto, descriptivo o metafórico, como significante, descubrimos el otro sentido, el espiritual y místico.

 

La poesía puede ser clara u oscura. La primera apenas necesita exégesis o explicación del contenido: se intuye. Las «corrientes aguas puras, cristalinas» de Garcilaso hablan directamente a los sentidos. Las estamos viendo cómo corren y cantan. Nos presentan una poesía clara, directa, inteligible. En cambio, la poesía «misteriosa» es más difícil de comprender porque se abre a diversas interpretaciones, todas válidas. San Juan de la Cruz comentó sus poemarios «misteriosos», aunque los dejó abiertos a las interpretaciones de otros lectores… Miguel de Santiago se basa en el ejemplo del autor del Cántico espiritual. La suya es también una poesía mística, abierta a diversas lecturas. Así, todo poeta es libre de comentar su propia obra y los lectores agradecemos esta generosidad al descubrirnos de una manera más precisa el sentido de su obra. Y la verdad es que la lectura de estos comentarios nos lleva a una mayor comprensión de unos libros a la vez humanos, espirituales, místicos y teológicos; una obra poética grandiosa y significativa.

 

La simple lectura de uno de estos poemarios solamente nos daría la dimensión personal del autor. Al leer el correspondiente comentario somos conscientes de profundizar en el conocimiento y sentido del mensaje; palpamos la conexión de la historia personal del poeta, reflejada en el poema y en el libro, percibimos la unión del significado con el significante de la composición poética y descubrimos el sentido teológico y místico de la obra.

 

Así, El camino del alma hacia el Amor se nos presenta como un verdadero monumento de poesía mística en la que recorremos los momentos clásicos de las vías purgativa, iluminativa y unitiva que nos llevan a Dios; o más bien, se nos hace ver en lo más profundo del hombre la presencia de Dios, que habita en nosotros. Por todo, reconocemos aquí y ahora en este escritor a uno de los máximos exponentes de la poesía mística española de nuestro tiempo, sucesor de los grandes creadores de nuestro siglo de oro. Al final del volumen nos ofrece el poeta una veintena de conclusiones que explican  el trabajo realizado. «Mi poesía –escribe– es conciencia emocionada y compromiso con el hombre, con ese ser creado por Dios a su imagen y semejanza para que después de su peregrinación por este mundo retorne a los brazos amorosos del Padre».

 

No duda el escritor en presentar sus libros como obra de poesía meditativa de dimensión pastoral y de comunicación con el hombre. Miguel de Santiago no oculta su condición de sacerdote y poeta. Por eso confiere a su poesía su sentido de anuncio del Reino de Dios con su sello humano y sacerdotal, unificados en la palabra poética.

 

 

Un lenguaje expresivo

 

Miguel de Santiago es un poeta netamente castellano, palentino, de Tierra de Campos, una tierra que aparece en su obra como realidad y símbolo a vez. Y no solamente el paisaje, sino la misma palabra, que parece brotar del surco hecho verso y poesía. Tienen estos poemas un sabor palentino especial: nos encontramos vocablos propios del pueblo, del campo, de la labranza y del hogar.

Pero también encontramos en estos poemarios un lenguaje metafórico impresionante. En un estilo moderno se nos presenta una poesía cuajada de figuras literarias abiertas a la claridad, que subrayan una riqueza expresiva y trabajada. El verso endecasílabo juega con los heptasílabos para dar a toda su obra una serenidad reflexiva y reposada, propia de la elegía.

 

Los seis poemarios son inmensas elegías, en las que «se canta lo que se pierde», según la expresión machadiana. No solamente en el libro Recordatorio, sino en todo el conjunto de la obra se nota esa influencia manriqueña, que nos sumerge en una poesía profundamente seria y dolorida. Los mismos versos en que recuerda su infancia tienen ese sentido de dolor, aunque siempre esperanzados y abiertos al gozo cristiano. Una poesía que hiere y que transforma, que sabe ir de la cruz a la luz, como se nos ofrece en el último poema del libro, un soneto precioso: «Y, cansado de andar a la deriva, / quiero abrazarme al leño de esta cruz / para esperar la paz de otra mañana».

 

 

Sacerdote, poeta, profeta

 

No aprecia el hombre de hoy el don de ser sacerdote y poeta. El autor de El camino del alma hacia el Amor es consciente de ello, pero su vocación evangélica y su pasión por la belleza y la expresión poética lo han llevado a cultivar los sentimientos más profundos del hombre. Alguien ha dicho aquello de «que para los poetas soy un cura; / pero, para los curas, un poeta…».

 

Tuvo que venir Karl Rahner a decirnos: Sacerdote y poeta. Sacerdote, creador de la palabra y al servicio de ella. Como el poeta. El poeta es, en cierto modo, sacerdote. Y éste es, en cierta medida, poeta. Al poeta, igual que al sacerdote, igual que al profeta, le ha sido confiada la palabra y sabe decir precisamente palabras originales, protopalabras, portadoras de luz para aquellos que saben escucharlas.

Miguel de Santiago es sacerdote y gran poeta. Y dedica en este libro un apartado especial para decirnos la necesidad de cultivar la belleza. Como San Juan de la Cruz, nos habla de la belleza de Dios… Entremos más adentro en su hermosura; que él se sirve de la poesía para acercar a Dios al hombre de hoy.

 

El camino del alma hacia el Amor nos ofrece una posibilidad de sumergirnos en un clima de belleza y de transcendencia. Aquí está. Es, sin duda, un volumen no sólo para la biblioteca, sino para usarlo y gozarlo. Una obra que no pasará de moda. Una obra sólida y permanente. Una obra para la Historia.



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