Opinión Última hora

Un duelo diferente

El duelo es inevitable ante la pérdida de los seres queridos. Con la muerte de los padres, especialmente si se ha vivido con ellos una estrecha relación de cercanía y de comunión, la persona experimenta un profundo sentido de soledad y, con mucha frecuencia, sentimientos de culpa por lo que hizo o dejó de hacer con ellos.

La muerte del esposo o de la esposa supone una ruptura tremenda en la vida de un matrimonio. Una historia de amor y de vida queda truncada. Memorias y esperanzas compartidas dejan paso a un espacio de silencio y de soledad. Con la imagen de las viudas, en la Biblia se evocan  con frecuencia el desamparo y la pobreza.

La partida de los hermanos afecta profundamente a quien siente perder a sus compañeros más cercanos. Mucho más traumática es la muerte de los propios hijos. Sus padres se sienten como si de pronto viniera a perder sentido tanto su pasado como el futuro que habían imaginado. De hecho, quedan frustrados sus esfuerzos más importantes y sus sueños más profundos.

También la pérdida de los amigos más íntimos puede dar origen a un notable sentimiento de duelo. Cuando los amigos son jóvenes compañeros de trabajo o de esparcimiento, la persona parece verse privada de anclajes muy profundos. Es verdad que algunas veces este sentimiento del duelo puede parecer intenso, pero en realidad se disipa relativamente pronto.

El fenómeno del duelo adquiere tonalidades muy diversas cuando las personas se encuentran en situaciones especialmente dramáticas. Por ejemplo, cuando los familiares fallecen en el hospital, especialmente si no han podido ser acompañados, por encontrarse tal vez en una unidad de cuidados intensivos.

Es muy doloroso el duelo por los familiares desaparecidos, cuyo cadáver tarda en aparecer o no se encuentra nunca. Los más íntimamente relacionados con el desaparecido necesitan conocer el lugar del enterramiento o tocar la urna funeraria para dirigir su mirada y fijarla en el centro tangible del duelo.

Estamos ante el día de la Conmemoración de todos los Fieles Difuntos. Este año tendremos muy en cuenta a las personas que, a causa de la terrible pandemia del coronavirus, han muerto solas, sin la compañía de sus familiares. Nuestra oración no puede olvidarlas y las acompaña con afecto fraternal ante la misericordia de Dios.

Al mismo tiempo, en la celebración de este año tendremos muy presentes a los familiares que se han visto sorprendidos por la llegada de la muerte a sus hogares. Y recordaremos a los que han pasado por el dolor de verse obligados a permanecer alejados de sus seres queridos en el momento en que hubieran querido demostrarles su amor y cercanía. Con ellos caminaremos en la esperanza.

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