Firmas

Un domingo para la Biblia, por José-Román Flecha Andrés en el Diario de León (12-10-2019)

«Les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras» Estas palabras del evangelio de Lucas se refieren a Jesús, que camina con los discípulos que se dirigen a Emaús. (Lc 24,45).

Con este documento, firmado el día 30 de septiembre de 2019, fiesta de san Jerónimo, patrono de los estudios bíblicos, el Papa establece que el III Domingo del Tiempo Ordinario esté dedicado a la celebración y divulgación de la Palabra de Dios. En este texto, toca él algunos puntos importantes sobre  la Sagrada Escritura.

  1. La celebración de ese domingo tendrá un sentido ecuménico, pues la escucha de la Palabra de Dios es el camino para promover y alimentar el diálogo con los judíos y con las diversas comunidades cristianas.
  2. La Biblia no es patrimonio de algunos escogidos. Nos une en un solo pueblo. Así que los pastores y los catequistas han de explicar la Sagrada Escritura, para que sea accesible a todos.
  3. Toda la Biblia habla de Cristo. Nos ayuda a creer que su muerte y resurrección no pertenecen a la mitología, sino a la historia y se encuentran en el centro de nuestra fe.
  4. El encuentro de Jesús con los discípulos de Emaús, su conversación y su participación en la cena reflejan el inseparable vínculo entre la Sagrada Escritura y la Eucaristía.
  5. El día dedicado a la Biblia no ha de ser “una vez al año”, sino una vez para todo el año, para que el corazón no quede frío y los ojos permanezcan cerrados por nuestra ceguera.
  6. La Biblia no es una colección de libros de historia, pero su fundamento histórico no debe hacernos olvidar su finalidad primordial: nuestra salvación.
  7. Reconocer la acción del Espíritu Santo nos libera de una interpretación fundamentalista, que nos llevaría a traicionar el carácter inspirado, dinámico y espiritual que el texto sagrado posee.
  8. La acción del Espíritu Santo actúa también en quienes escuchan la Palabra de Dios. El Espíritu Santo asiste a la Iglesia cuando enseña la Sagrada Escritura, cuando el Magisterio la interpreta y cuando el creyente hace de ella su norma espiritual.
  9. No se puede separar la Sagrada Escritura de la Tradición, puesto que el pueblo la acogió y la transmitió. La fe bíblica se basa en la Palabra viva, no en un libro.
  10. Todo el texto sagrado tiene una función profética: no se refiere solo al futuro, sino al presente de aquellos que se nutren de esta Palabra.
  11. La Sagrada Escritura nos lleva a practicar la misericordia. Abre nuestros ojos para sacarnos del individualismo que conduce a la asfixia y la esterilidad, a la vez que nos manifiesta el camino del compartir y de la solidaridad.
  12. En el camino de escucha de la Palabra de Dios, nos acompaña la Madre del Señor, reconocida como bienaventurada precisamente porque creyó en el cumplimiento de lo que el Señor le había dicho.

José-Román Flecha Andrés

 

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Sobre el autor José Román Flecha Andrés

José Román Flecha Andrés, sacerdote, catedrático de Teología Moral, especializado en Bioética,