Congreso de Laicos Coronavirus

Un (doble) antes y después

Hay acontecimientos que marcan decisivamente nuestra vida a nivel individual o colectivo.

El Congreso de Laicos, con todo el proceso seguido con motivo del mismo, es, sin duda, uno de esos acontecimientos históricos, ciertamente positivo, que ha impactado la dinámica de la Iglesia española por cuanto ha supuesto y está llamado a suponer en el futuro inmediato para la potenciación de la vocación y misión de los fieles laicos y por habernos mostrado que todos —obispos, sacerdotes, religiosos y seglares— somos un único Pueblo llamado a caminar juntos por los senderos que se abren en el presente.

Uno de esos nuevos senderos que hemos de recorrer unidos es el derivado de la pandemia provocada por el COVID-19. Se trata en sí mismo de un acontecimiento de relevancia mundial cuyos efectos, aún inciertos en relación con no pocos extremos, marcarán nuestra existencia con la misma intensidad, o mayor aún, con la que lo está haciendo durante este periodo de confinamiento. Lo iniciamos pensando que sería algo excepcional, de corta duración, que exigiría un breve enclaustramiento total para superarlo; continuamos las primeras prórrogas del estado de alarma con resignación, confiando en volver pronto a la normalidad para retomar los planes y proyectos que tuvimos que interrumpir bruscamente; paulatinamente empezamos a comprender que la excepcionalidad iba a formar parte de nuestra cotidianeidad durante algo más que unas simples semanas y que no íbamos a librarnos de algunas de sus consecuencias. En realidad, hemos de interiorizar que nada volverá a ser igual. No solo porque hemos perdido a algunos de nuestros seres queridos, que no estarán con nosotros cuando volvamos a juntarnos; también por los efectos que esta situación está generando a nivel económico y social, sumamente graves.

No sabemos por qué así y por qué ahora, pero sí hemos de comprender que sería un error pretender retomar nuestra vida anterior, a medida que se avanza hacia el desconfinamiento, como si nada hubiera pasado.

Ambos acontecimientos, Congreso de Laicos y crisis del coronavirus, constituyen un antes y un después en nuestra vida como Iglesia. Ello nos ha de conducir a repensar nuestras prioridades, a potenciar lo que somos y aquello a lo que estamos llamados. En lo vivido en el Congreso de Laicos tenemos muchas herramientas que pueden ayudarnos eficazmente en esta tarea. Desde la organización que ha coordinado todos los trabajos hemos valorado las sugerencias que han hecho llegar quienes participaron en el mismo a través de un cuestionario de evaluación y estamos analizando a fondo las propuestas concretas que, partiendo de las ponencias y experiencias que se presentaron, plantearon los diferentes grupos de reflexión, un material inmensamente valioso que fructificará en un documento que constituirá la base del post-congreso.

En definitiva, nuestro Congreso, leído a la luz de la nueva situación que nos interpela, debe servir de marco para estructurar nuestra acción pastoral de los próximos años, con los cuatro itinerarios —primer anuncio, acompañamiento, procesos formativos y presencia en la vida pública— como ejes conductores y la sinodalidad y el discernimiento como claves.

Valorar juntos las respuestas que hemos de dar como Iglesia a esta nueva realidad y sus múltiples consecuencias y concretar propuestas para seguir anunciando a Jesucristo, acompañando a los hombres y mujeres de nuestro tiempo en sus anhelos y necesidades, identificándonos con Él a través de la oración, los sacramentos y la formación y haciéndonos presentes en las estructuras para contribuir a la construcción del bien común, teniendo en todo momento particularmente presentes a quienes se encuentran en las periferias existenciales (cuyos límites han aumentado con esta pandemia) es el camino.

Cada tiempo es apasionante; éste también lo es, sin duda. Somos los elegidos para el momento presente. Sigamos trabajando, unidos y fieles a la propia vocación, como Pueblo de Dios para hacer de este mundo anticipo del Reino de Dios.

Isaac Martín Delgado

Miembro de la Comisión Ejecutiva del Congreso de Laicos y delegado de Apostolado Seglar de Toledo

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