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Opinión

Un Dios prohibido: vencer el mal a fuerza de bien

Un Dios prohibido: vencer el mal a fuerza de bien, por Teresa García Noblejas

El pasado fin de semana tuve ocasión, por fin, de ver la película Un Dios prohibido, la primera película comercial (si no recuerdo mal) sobre la persecución religiosa durante la guerra civil española.

Como es sabido, la película dirigida por Pablo Moreno (cuyo trailer se puede ver aquí) refleja lo sucedido en Barbastro (Huesca) en el trágico verano de 1936.  En síntesis, la detención y el posterior asesinato de 51 religiosos (algunos sacerdotes y sobre todo, jóvenes seminaristas) y del propio obispo diocesano, D. Florentino Asensio. El caso de este último, particularmente cruel por las torturas y vejaciones a las que fue sometido.

En los 90 minutos que dura la película se expresan prácticamente todas las emociones y sentimientos humanos. El protagonismo lo tienen los jóvenes religiosos, que rezan, sufren, lloran y se ríen juntos sin asomo de ñoñería ni sentimentalismo barato. En un segundo plano, los superiores de los claretianos y su tortura interior por haber decidido llevar a los estudiantes a Barbastro. Muy destacable la figura del Pelé, gitano también fusilado (y ya beatificado) y la buena gente del pueblo llano aterrorizado por la persecución a los religiosos.

Muy interesantes resultan los perfiles humanos de los revolucionarios: desde el idealista que rechaza la violencia gratuita y el ensañamiento hasta la brutalidad más inhumana. Pasando, sobre todo, por el miedo y el deseo de no ser tachados de «poco revolucionarios» o sospechosos de encubrir a los curas. Y sin olvidar al violento conmovido por el testimonio de perdón y alegría de los jóvenes religiosos y la mujer que acaba entendiendo que no puede poseer al hombre que ya está comprometido.

Desde el punto de vista histórico se perciben datos que fueron decisivos en el desarrollo de la guerra civil: la incertidumbre sobre el papel del Ejército, la sustitución de la autoridad legítima por la fuerza, la acción de milicias ajenas a la localidad (y por tanto, sin vínculos con las víctimas potenciales) y la división interna de los revolucionarios (que provocaría la derrota del bando republicano).

Pero sin duda, lo mejor de la película es el trasfondo, el sentimiento con el que sales del cine:  el amor a Dios y al prójimo y el seguimiento de Cristo es más fuerte que el odio y la violencia y vence al mal desarmándolo. Toda una lección.

Teresa García-Noblejas

 

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