Carta del Obispo Iglesia en España

Un Dios derrochador, por César Franco, obispo de Segovia

cesar-franco

Un Dios derrochador, por César Franco, obispo de Segovia

Se ha dicho que Dios no se deja ganar en generosidad. Su gracia es siempre sobreabundante y desborda las necesidades del hombre. Basta sólo pensar en la creación de la nada para vivir en un asombro permanente ante la generosidad de Dios al crear los mundos y desbordarnos con sus dones.

Los gestos milagrosos de Jesús en el evangelio de Juan también lo presentan como el Mesías que nos trae la abundancia de bienes, como habían anunciado los profetas. En este domingo, la Iglesia lee el relato de la multiplicación de panes y peces según el cuarto evangelio. Ante una multitud de unos cinco mil, contando sólo los hombres, Jesús pregunta a sus discípulos qué hacer para darles de comer. Estos se sienten incapaces pues carecen del dinero necesario. Andrés, el hermano de Pedro, le dice a Jesús que hay un muchacho que tiene cinco panes y dos peces, cantidad insuficiente para una multitud. Jesús da la orden de que sienten para comer y realiza el milagro. Fue repartiendo el pan y dando de los peces todo lo que quisieron.

Si leemos con atención este relato y el discurso del pan de vida que le sigue, nos daremos cuenta de que la intención del evangelista es presentarlo como un anticipo de la eucaristía. Jesús no ha venido a saciar a los hombres con el pan material. Por eso, cuando se da cuenta de que, por haber saciado el hambre de la multitud, quieren hacerlo rey, se retiró él solo a la montaña. No han entendido su mensaje, que explicará más tarde.

En el Antiguo Testamento hay un relato, mucho más escueto, que narra un milagro parecido del profeta Eliseo. Se trata de una multiplicación de panes de cebada, veinte en concreto, que multiplicó para dar de comer a cien hombres. Los dos relatos se leen en la liturgia de este domingo con una intención pedagógica muy clara. Por una parte, se quiere subrayar que Cristo es el cumplimiento y la superación de la Escritura. Él nos trae la sobreabundancia del Mesías. Con menos panes y dos peces hace más que Eliseo. Este dio de comer a cien personas; Jesús a más de cinco mil. De Eliseo no se dice que lo hiciera él mismo, sino Dios que actuaba por medio de él. Jesús lo hace él mismo, repartiendo los panes y dando de los peces. Aunque en ambos milagros se dice que sobró, Juan afirma que con las sobras de los cinco panes llenaron doce canastas.

Este contraste entre lo que hace un profeta afamado, como Eliseo, y Jesús subraya que Dios, en su Hijo, se muestra como «el derrochador más despreocupado», según dice un teólogo. San Pablo dirá que Dios en Cristo nos ha bendecido y enriquecido con toda clase de bienes. Es la sobreabundancia divina en acto, capaz de tomar lo poco que tenemos para devolvérnoslo multiplicado con medida superior al ciento por uno.

Cuando Jesús parta el pan y entregue el cáliz en la última cena, comprenderemos hasta qué punto Dios derrocha sus bienes con los hombres. Dios no tiene medida en la donación de sí mismo, puesto que la medida es su propio Hijo, infinito como el Padre. Dios es pura donación. Y si pide algo de los hombres, lo hace para darnos a entender que «necesita» de nosotros para llegar a donde nosotros no podemos con nuestros medios. Si pide mi tiempo, mis manos y mis pies, mis medios, es para mostrar su capacidad infinita de amar y enseñarnos a colaborar con él aprendiendo a derrochar también nosotros los bienes, muchos o pocos, que tengamos. Así lo han hecho los santos que se han fiado del Dios capaz de transformar nuestra pobreza en un inconcebible derroche de amor. Por eso, Jesús manda que se recojan todas las sobras para darnos a entender que no se puede desperdiciar nada que viene de él. Siempre habrá algún necesitado que pueda beneficiarse de su amor.

+ César Franco

Obispo de Segovia.

GD Star Rating
loading...
GD Star Rating
loading...
Print Friendly, PDF & Email