Rincón Litúrgico

Un diálogo a solas

«Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas» (Mt 18, 15)

Señor Jesús, al parecer tú ya sabías que las relaciones de los hermanos en la comunidad no siempre iban a ser cordiales. Siempre ha habido tensiones, roces, palabras ofensivas o gestos que indican desprecio.

  • A veces yo he sentido que otro hermano no respetaba mis derechos. En la mayor parte de los casos me he limitado a guardar silencio y me he alejado de él. Me digo a mí mismo que perdono la ofensa, pero la verdad es que siempre me queda una cicatriz que da cuenta de la herida.

Yo creo que falto a tu mensaje, porque no me atrevo a encontrarme a solas con mi hermano para tratar de corregirle y restablecer la armonía que se ha roto entre nosotros. Seguramente pienso que no tendré palabras para hacerle notar su error ni para confesar los motivos por los que me he sentido herido.

Creo que me resulta difícil hablar con mi hermano, porque en el fondo pienso que los que me ofenden lo hacen con plena consciencia. A veces pienso que tratan de ofenderme porque me envidian. Seguramente estoy muy equivocado. Por eso mismo necesito escuchar tu consejo y procurar el diálogo con mi hermano.

  • Por otra parte, tu consejo me hace recordar que tal vez he sido yo quien ofendió al hermano o a la hermana. Ese retraimiento mío me ha llevado también en esos casos a evitar el encuentro.

Creo que no me gusta ser corregido por los demás. Me enoja que me echen en cara algún fallo que sin duda he cometido. Creo que tengo miedo a encontrarme con los otros porque en realidad temo encontrarme con la profunda verdad de mí mismo. ¿No será que me creo perfecto e intachable?

Señor Jesús, envíame tu Espíritu para que me enseñe a seguirte e imitarte a ti, que eres manso y humilde de corazón. Que Él me ayude a entender la necesidad del diálogo fraternal para que todos podamos vivir en paz y ser testigos de tu misericordia. Amén.

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