Carta del Obispo Iglesia en España

Un día de gloria y compromiso para la Iglesia en España, carta del arzobispo de Burgos, Francisco Gil Hellín (7-10-2012)

Desde hace siglos, el 7 de octubre es una fecha memorable en los anales de España y de la Iglesia. Ahora lo será aún más tras la declaración de san Juan de Ávila como Doctor de la Iglesia por Benedicto XVI. España tiene que sentirse orgullosa de ello, no sólo porque son pocos los santos que han obtenido tal reconocimiento, sino porque el nombre de un español será conocido y honrado a lo largo y ancho del mundo católico.

San Juan de Ávila nació en Almodóvar del Campo (Ciudad Real) en las postrimerías del siglo XV. Era hijo único de una familia muy cristiana y acomodada. Pronto marchó a Salamanca para estudiar Leyes. En una fiesta estudiantil de esa ciudad, tuvo la experiencia de encontrarse con Jesucristo y cambió su vida radicalmente. Volvió a casa de sus padres y allí llevó una vida de profundo recogimiento e intensa oración. Orientado por sus directores espirituales, fue a la Universidad de Alcalá, con la firme decisión de prepararse para ser sacerdote. Ordenado sacerdote, partió  hacia Sevilla para embarcarse como misionero a Méjico. La Providencia tenía otros planes y se los manifestó a través del arzobispo de Sevilla, don Alonso Manrique, quien le encargó la evangelización de su diócesis y luego las diócesis del entorno. San Juan de Ávila asumió la tarea con verdadera pasión y entrega.

A partir de este momento, comienza una intensísima labor evangelizadora en toda Andalucía. Su celo le lleva hasta Badajoz y la Mancha. A la vez, comienza la creación de Colegios para la formación del Clero y lo que terminaría siendo Universidad de Baeza. Su viejo amigo don Pedro Guerrero, convertido ahora en Arzobispo de Granada, le hubiera llevado de buena gana al Concilio de Trento, pero tuvo que conformarse, dada su maltrecha salud, con el primer “Memorial” de reforma, que sería muy apreciado en dicho Concilio. Luego, cuando este arzobispo vuelva a la tercera etapa de Trento, llevará el segundo “Memorial”.

El mismo año que concluye el Concilio de Trento (1563), comienza el Concilio Provincial de Toledo y para él escribe las “Advertencias”. Su salud sigue deteriorándose y el diez de mayo de 1569 muere en su humilde casa de Montilla con gran fama de santidad, que le sería reconocida por Pablo VI, que le canonizó en 1970. Pío XII ya le había nombrado Patrono del Clero Secular Español. El domingo 7 de octubre, en una misa especialmente solemne, concelebrada por el Papa y numerosos obispos, será declarado Doctor de la Iglesia. Burgos estará representado por un grupo de sacerdotes y un servidor.

Dios ha querido que en esa misa dé comienzo el Sínodo de los Obispos, que tratará sobre La Nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana. El nuevo doctor se sentirá especialmente contento, porque él fue un gran evangelizador en una época muy semejante a la nuestra, cuando Europa se rompía política, espiritual y eclesialmente y la reforma del clero y del pueblo era un clamor universal, que había que llevar a cabo en un momento de posconcilio, como es el nuestro.

Ante la inmensa y apasionante tarea de la reevangelización de Europa y de España, san Juan de Ávila nos marca el camino: una buena formación teológica, una predicación incansable del mensaje de salvación, una espiritualidad profunda y un afán de gastarnos y desgastarnos para que Jesucristo sea conocido y amado por todos. Sus obras –Audi filia, Tratado del Amor de Dios, Sermones, etc.- serán una fuente de agua fresca y cristalina con la que saciar la sed de Dios que late en el fondo del corazón de todos los hombres y mujeres. La declaración de “Doctor de la Iglesia” del “Apóstol de Andalucía”, como canta su himno, es para los españoles un día de gloria y un día de compromiso. ¡Que san Juan de Ávila nos comunique su amor a Jesucristo y su celo apostólico!

 

+Francisco Gil Hellín

Arzobispo de Burgos

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