Opinión

Un Congreso sinodal

El proceso que hemos abierto con motivo del Congreso Nacional de Laicos tiene dos notas características que lo definen en forma y fondo: sinodalidad y discernimiento.
Efectivamente, en cuanto a la forma, en la configuración y realización de todo lo proyectado estamos siguiendo una metodología sinodal, buscando la implicación de parroquias, diócesis, movimientos y asociaciones, con un claro protagonismo de los fieles laicos. No en vano, es un Congreso que, aunque de toda la Iglesia española, está principalmente pensado por y para el laicado. En cuanto al fondo, el Congreso no constituye una finalidad en sí mismo, sino que, como proceso, busca en todas sus fases discernir acerca de qué es lo que nos está transmitiendo Dios en este concreto momento de la historia en relación con la vocación y misión de los fieles laicos. La sinodalidad es una palabra de moda pero no ha de ser una moda en sí misma, pasajera por definición. Los importantes sínodos celebrados recientemente y la forma en la que estamos construyendo nuestros Planes Pastorales han hecho que la dinámica eclesial vaya incorporando con normalidad la idea de que, dado que la misión de la Iglesia nos concierne a todos, todos hemos de participar activamente en su realización desde la comunión y en función de nuestra concreta vocación.
La sinodalidad, por ello, constituye una gran responsabilidad, porque implica tomarse en serio el deber de participar. Ya lo hemos hecho en la fase precongresual del Congreso Nacional de Laicos, pero nos queda aún lo más importante: concretar propuestas para dinamizar el laicado en España. Somos Iglesia desde la sinodalidad.

Print Friendly, PDF & Email