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Último número de ECCLESIA (4.083): Mucho más que ocio

El último número de ECCLESIA, el 4.083, se sumerge en el tiempo de descanso para hacer de él un momento de plenitud. Juan Carlos Mateos profundiza en la necesidad de este tiempo de sanación para volver a ser nosotros mismos, para la convivencia, para la relación, para ser personas íntegramente. Un reportaje que invita a cuestionarse por el sentido que le queremos dar al descanso veraniego.

Además, nuestra corresponsal en Roma Ángeles Conde avanza el último parte médico del Papa Francisco que se recupera satisfactoriamente de su operación programada de colon el 4 de julio. Desde entonces, el Santo Padre permanece ingresado en el Policlínico Gemelli, donde continúa con su posoperatorio. En la última nota de prensa facilitada por la Santa Sede, el Papa se muestra conmovido por los numerosos mensajes y el cariño recibidos en estos días y expresa su gratitud por la oración».

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Además:

  • Camilo José Cela, censor de ECCLESIA, por Vicente Cárcel
  • Edades de luz, por Asier Solana Bermejo
  • Fernando García Cadiñano, nuevo obispo de Mondoñedo-Ferrol: «Una tarea de servicio y no de poder»
  • «Dispuesto a servir». Joseba Segura toma posesión de Bilbao 
  • Entrevista a Jesús Avezuela: «Todas las medidas que se adopten son pocas si queremos mantener un estado del bienestar sostenible», por José Ignacio Rivarés
  • Documentación
  • Repor. Y al séptimo día descansó, por Juan Carlos Mateos
  • Claves vaticanas, por Ángeles Conde
  • Gloria Cecilia Narváez, cuatro años secuestrada, por J.I.R.
  • Muere el jesuita Stan Swami en la India

 

Mucho más que ocio. Y es que las vacaciones son algo más que un tiempo de ocio; son un tiempo para el descanso. Desde nuestra #PortadaEcclesia queremos invitar a que este descanso «tenga un sentido». Los tiempos de hoy necesitan ralentizaciones que nos permitan bombear nuestro interior para que «palpite» hacia fuera. Un reto que se abre a medida que creamos espacios para la soledad y la oración. El auténtico descanso requiere ambos. Un tiempo contemplativo que ahonde en nuestras motivaciones más profundas. El sentido, el gozo, el amor y la felicidad colman este tiempo de descanso y lo transforman. Dios pone este tiempo a nuestra disposición, nos lo entrega como un don precioso para vivir la plenitud. El tiempo de descanso es un tiempo «bendecido», un tiempo especial que sea «tiempo del Señor».

 



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