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Último adiós al obispo Bambarén, el Óscar Romero de Perú
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Último adiós al obispo Bambarén, el Óscar Romero de Perú

«Nuestro Óscar Romero peruano». Así ha calificado el arzobispo de Lima al obispo emérito de Chimbote Luis Bambarén Gastelumendi, fallecido el 19 de marzo en una clínica de la capital a causa de la covid-19 a los 93 años. Monseñor Carlos Castillo Mattasoglio dijo en el funeral que ofició al día siguiente en la catedral metropolitana que el llamado «obispo de los pueblos jóvenes» asumió en carne propia la opción preferencial por los pobres y deja «una huella imperecedera». Testigos de Dios que han dado su vida silenciosamente ha habido muchos en América Latina, afirmó. Pero con Bambarén «en Perú tenemos, en cierto modo, a nuestro “Óscar Romero peruano”, que supo decir la Palabra a tiempo y destiempo, porque era la voluntad de Dios y no se miraba a sí mismo, sino a la misión que el Señor le dio».

Castillo recordó que cuando el cardenal Landázuri pidió un obispo auxiliar para que se encargara de las barriadas de Lima y el Papa nombró a «Lucho», este, en oración ante el Sagrario, escuchó cómo Dios le llamaba a evangelizar a los pobres. Desde entonces esa encomienda de anunciarles el Evangelio se convertiría en su brújula de actuación, hasta el punto de hacer de aquel «evangeliza a los pobres» su lema episcopal.

En su comunicado de pésame, el presidente de la Conferencia Episcopal (CEP), Héctor Cabrejos, ha indicado que el obispo fallecido, jesuita, fue «un icono de la Iglesia peruana al servicio de los pobres y marginados», así como un firme defensor de los derechos humanos. «Lo recordaremos siempre acompañando con su presencia, su amistad y sus ideas el Acuerdo Nacional; e impulsando desde Transparencia la auténtica responsabilidad de todo ciudadano». El también arzobispo de Trujillo y presidente del CELAM recuerda también que la etapa de Bambarén al frente de CEP, primero como secretario general y luego como presidente, «dejaron una huella de colegialidad, consenso y compromiso (…)».

62 años de ministerio sacerdotal

Nacido el 14 de enero de 1928 en la ciudad de Yungay (Áncash) en el seno de una familia católica de ocho hermanos (dos de ellas religiosas), Bambarén empezó el noviciado con los jesuitas en 1944, estudiando posteriormente en Granada. Fue también en España, concretamente en Madrid, donde se ordenó sacerdote el 14 de julio de 1958. Diez años después, el 1 de enero de 1968, y ya de vuelta en su país, era consagrado obispo auxiliar de Lima por el cardenal Juan Landázuri Ricketts. La labor evangelizadora que realizó a partir de ese momento en las barriadas de la capital, donde viven las gentes con menos recursos, le valdría con el tiempo los sobrenombres de «obispo de los pobres» y «obispos de los pueblos jóvenes».

Su nombramiento como residencial de Chimbote se produjo el 8 de junio de 1978, con Pablo VI todavía en la cátedra de Pedro. En esa sede Bambarén tuvo que lidiar con el terrorismo de Sendero Luminoso. El grupo criminal vio en él a un rival peligroso para ganarse el apoyo de los pobres y lo intentó asesinar hasta en tres ocasiones. El obispo no tenía miedo e ignoraba los paros armados que decretaban. En una ocasión, se recuerda ahora, hasta organizó un pasacalles con conjuntos folclóricos el día en que habían llamado a una de esas huelgas para paralizar la ciudad…

Durante su ministerio, no obstante, Bambarén se enfrentó también a la policía del general Armando Artola, a la sazón ministro del Interior, que en 1971 se lanzó al desalojo violento de la barriada Pamplona, en los cerros de Lima, y más adelante al régimen del presidente Alberto Fujimori. Este último fue condenado en su día por la guerra sucia contra el terrorismo y desde el pasado 1 de marzo está siendo juzgado por el programa de esterilización forzada de decenas de miles de mujeres, la mayoría pobres e indígenas, que impulsó bajo su mandato. «Por los contravalores que representa una posición así», dijo Bambarén respecto al rechazo de su gobierno. El prelado jesuita fue, en este sentido, el gran antagonista del cardenal Cipriani.

«Que no vayan a mi funeral»

Según ha declarado el Padre Carlos Cardó SJ al diario La República, monseñor Bambarén pidió expresamente que la gente no fuera a su funeral. «Era consciente de lo que tenía, de lo que lo llevó a la clínica y, habiendo dejado antes un testamento donde pedía un funeral en Villa El Salvador, le dijo a su secretaria que comunicara al Provincial no hacerlo allí debido a la pandemia. No quería que la gente se juntase, quiso evitar el contagio, pensó en los demás». «Que no vayan a mi funeral, que no se contagien, que ya lleven mis cenizas a Chimbote», solicitó.

En el que ofició en la catedral metropolitana de Lima, el arzobispo Castillo Mattasoglio recordó que el camino que deben seguir los pastores «es ese, estar siempre al servicio de la gente y morir como la gente». «(…) Lucho tenía una enorme capacidad de acercarse a todos los sectores, ricos, pobres, clase media, mujeres, hombres, sectores despreciados y maltratados, pero sobre todo los niños», recordó.



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